viernes, 29 de noviembre de 2019

VIII CERTAMEN DE NOVELA HISTÓRICA CIUDAD DE ÚBEDA

¡Larga vida a la ficción histórica!

Hace unos cuantos años, por motivos que no vienen al caso, me trasladé a vivir a Jerez de la Frontera, donde residí otros tantos. Andalucía siempre había sido una debilidad para mí; de hecho, a nada que tenía unos pocos días de vacaciones, la visitaba, por lo que el destino no podía ser mejor. Y no precisamente porque sea una apasionada de sol y playas, al contrario, sino por la riqueza cultural y monumental que se oculta en cada rincón de esa ciudad que se puede hacer extensiva a toda la Comunidad Autónoma.

El caso es que, dado que casi toda mi familia seguía residiendo en Madrid, mis viajes a la capital eran continuos. Acudía con el corazón en un puño, para reencontrarme con ella y la vuelta era un cúmulo de frustración la mayoría de las veces. Así que ideé la manera de que se me hiciera menos penoso el viaje de regreso: en cada ocasión escogía un pueblo al azar para pateármelo y descubrir sus monumentos más emblemáticos o sus rincones más inolvidables.

De ese modo conocí Úbeda, la ciudad más vieja de occidente, una isla renacentista rodeada por un mar de olivos. Y no os podéis hacer una idea de lo impresionada que me dejó aquella primera visita, razón por la cual volví en repetidas ocasiones y, cada vez que lo hacía, me maravillaba más. Por eso hoy, rememorando que hace unos pocos días estuve allí de nuevo, me he hecho la firme promesa que seguiré insistiendo con esa ciudad que, además, cuenta con un atractivo nuevo: en ella se celebra anualmente un certamen de novela histórica, que ya va por su octava edición, el más importante del país. Imaginaros mi alegría.

El Certamen de Novela Histórica Ciudad de Úbeda comenzó el martes 12 de noviembre, para concluir el domingo 17. A lo largo de esos días la capital de la comarca de La Loma, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, fue una fiesta literaria en el más amplio sentido de la palabra y #SoyYincanera estuvo allí desde el viernes 15 hasta el domingo. En los días previos a nuestra llegada se llevaron a cabo los siguientes actos:

- 12 de noviembre, a las 19:30 h.: Presentación de la novela Fierro, de Francisco Narla, en el salón de actos de la UNED.

- 13 de noviembre, a las 12:00 h.: Charla con Francisco Narla en el Museo de la Batalla de las Navas de Tolosa y, a las 19:30 h., presentación de la novela Sitiados de Mercedes Santos en el salón de actos de la UNED.

- 14 de noviembre, a las 19:00 h.: Presentación de la novela Historia de una flor, de Claudia Casanova en la Biblioteca Municipal de Navas de San Juan y, a las 19:30 h., presentación de la novela Las islas de poniente, de Julio Alejandre en el salón de actos de la UNED.



Nosotras llegamos el viernes poco antes de las 19:00 h. Pablo Lozano, director del certamen, nos esperaba en el hotel para acercarnos a la librería “Libros prohibidos” y así asistir a dos presentaciones.

A la primera, Historia de una flor, de Claudia Casanova, llegamos cuando había comenzado; no obstante, pudimos reengancharnos sin problemas a la charla dirigida por Pedro Pablo Uceda. Desmenuzaron poco a poco la novela, inspirada, que no basada, en la vida de la aragonesa Blanca Catalán de Ocón, primera mujer botánica española, algo que aclaró certeramente la autora de este modo: "Aunque la base es una vida real, no era mi intención escribir una biografía, sino inspirarme en ella". La historia transcurre en la Sierra de Albarracín, lugar donde la familia Catalán de Ocón pasaba largas temporadas. Está escrita con un estilo limpio y vigoroso, aun tratándose de una novela relajada y serena, dado que lo que prima en ella es el conocimiento que podemos adquirir a medida que avancemos en la lectura, de las mujeres que habitan esta trama, tan fuertes como poco conocidas y, sin embargo, cruciales en la evolución de la ciencia gracias a que supieron salvar todos los obstáculos que, a mediados del siglo XIX, la sociedad les imponía.

La segunda presentación me hizo una especial ilusión, toda vez que la dirigía nuestra compañera de #SoyYincanera, Eva Martín. En ella abundaron sobre la trilogía Las cenizas de Hispania (El Alano, Niebla y acero y El dux del fin del mundo), del escritor José Zoilo Hernández. Conocí gracias a ellos a un personaje que, estoy convencida, hará mis delicias en breve, Attax, un alano de aquellos que poblaban la piel de toro a mediados del siglo V y que se la pateó a golpe de puñal y espada y que me contará su historia y lo que sucedió en aquella época en primera persona. Una época que, por otro lado, es una gran desconocida, pues coincide con las postrimerías de la Hispania romana.


Decir que me encantó lo que contaba el autor es quedarse corta, pues destilaba entusiasmo al hablar de cómo se fraguó la historia, de sus motivaciones, del proceso de documentación, pero, sobre todo, de que escribió una historia que a él como lector le gustaría leer. 



El sábado no pudo comenzar mejor: era el día grande de este certamen, en el que se aglutinarían la mayor cantidad de actos y perdérselos era una locura. Así que marchamos emocionadas a la primera cita del día que, además, era inexcusable: la entrega del VIII Premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda, que recayó en Alan Pitronello, un joven de origen chileno, aunque afincado en España desde que vino a estudiar Geografía e Historia en la Universidad de Valencia.

El jurado, compuesto por los escritores Jesús Maeso, Salvador Compán y Pedro Santamaría, el periodista David Yagüe y el editor de Ediciones Pàmies, Carlos Alonso, falló por unanimidad para que La segunda expedición se alzase con el premio, a pesar de la indudable calidad del resto de obras presentadas. Las razones esgrimidas fueron: “estar magníficamente escrita, con una conseguida recreación del lenguaje y los usos y costumbres de la época”, así como que “ofrece un revelador retrato de ese mundo incipiente de los conquistadores en los primeros años de las Américas. Tiene un argumento y una estructura narrativa muy logrados. Destacan especialmente las escenas de acción y aventura”, entre otras lindezas.

Y no me extraña, porque según contó Pitronello en su discurso de aceptación, ha tardado ocho años en terminar la novela y retocarla hasta darle esa última pátina de delicadeza y convertirla no solo en un manifiesto en pro de la cultura latinoamericana, denostada desde siempre por la historiografía anglosajona, sino que en ella tiende puentes y abre fronteras en torno a la leyenda negra y la guerra propagandística que, durante siglos, se ha hecho de todo lo español: “Es una obligación, como escritor latinoamericano, defender nuestra cultura mixta: doy las gracias por haber nacido en castellano, una lengua que actúa como elemento unificador”. Por eso, tampoco me sorprende que quienes la hayan leído hablen de su sorprendente estilo literario, brillante e históricamente intachable.


Y si interesante fue la charla con Alan Pritonello, no lo fue menos la que llegó después, con un pletórico Pedro Santamaría que, junto a su editor Carlos Alonso, nos habló de su novela El ateniense.

Disfruté como pocas veces escuchándole. Es verdad que siento fascinación, desde siempre, por la cultura helena y que por ello la figura de Alcibíades la sentí cercana, pues ya me lo he encontrado en algún que otro libro, aunque nunca como protagonista de ninguno. En este caso, daba gusto el repaso que hacía el autor del personaje: el más controvertido de la historia antigua, atractivo, miembro de una familia aristocrática, inteligente, experto orador y mejor estadista, aunque también despiadado, valiente y enérgico en la batalla… y casi peor en el día a día, porque era traicionero por definición, hasta el punto de ganarse adversarios cada vez que cambiaban sus lealtades, que era muy a menudo. Lo hizo en su Atenas natal para salir corriendo hacia Esparta cuando le acusaron de sacrilegio. Y de Esparta tuvo que desertar hasta Persia. Como “un perfecto hijo de puta”, llegó a precisar el autor, al que solo le faltó recibir el “amén” de un auditorio totalmente entregado a la disertación de Santamaría bajo la atenta mirada del editor de Pàmies que, por momentos, era de asombro al ver que este estaba destripando la novela sin contemplaciones.

Lo más interesante de la novela, es que conoceremos al protagonista desde el punto de vista de otros personajes, ya que cada capítulo lo narra uno distinto, utilizando la técnica del caleidoscopio, también llamada del enfoque narrativo múltiple. Un ejemplo de originalidad para describir a un personaje poliédrico y un conspirador nato que, estoy segura, me entusiasmará a través de la prosa de Pedro Santamaría.


Después de estas charlas, tuvimos que hacer malabares con el programa, dado que, por un lado, a las 12:40 h. iba a haber una charla con Simon Scarrow, galardonado por el certamen con el premio Ivanhoe en reconocimiento a su trayectoria y, por otro, nos atraía muchísimo todo lo que giraba en torno a las actividades de recreación y reconstrucción histórica y, aunque a las 12:00 h. nos habíamos perdido la primera de ellas que giraba sobre el ejército zulú en la guerra de 1879 al coincidir con la presentación de Pedro Santamaría, optamos por ir a la segunda que tenía por protagonista al británico, así que nos trasladamos a la Plaza de Vázquez de Molina para así asistir a continuación de uno los platos fuertes del certamen: la brillante recreación de la batalla de Isandlwana, que tuvo lugar en Sudáfrica en 1879, en el contexto de la guerra anglo-zulú. 

Pablo Lozano nos puso en antecedentes antes de convertirnos, no solo a aquellos que de una u otra manera participábamos en el certamen, sino a todo el pueblo de Úbeda que se acercó a la emblemática plaza, en guerreros zulús, por arte de magia. Nos explicó cuáles eran los gritos de guerra que utilizaban, el modo en que se mofaban de los británicos e incluso a morir dignamente defendiendo tu tierra y tus raíces. Y así, tras un pequeño ensayo más hilarante que otra cosa, nos transformamos. Revivimos y nos sentimos parte de aquel ejército indígena compuesto por aproximadamente 20.000 soldados que arremetió contra una columna del ejército británico. Ellos eran 1.800 hombres, entre los que había unos 400 civiles, alguno de ellos africano. Vale, éramos más, pero su tecnología militar era muy superior: mientras nosotros luchábamos con unas simples lanzas de punta de hierros y escudos de piel de vaca, ellos portaban fusiles de retrocarga, además de dos cañones de montaña y una batería de cohetes Hale. Pensaban que a la primera detonación saldríamos corriendo… ¡y ganamos!.




Tras la comida llegaron las dos presentaciones más internacionales del certamen. Comenzó Ben Kane, que vino hablar de su última novela, Guerra de imperios, que transcurre durante el siglo III anterior a nuestra era y narra la guerra entre Roma y Macedonia. La novela es la primera parte de una bilogía que, en origen, tenía andares de trilogía, pero a la que el autor keniano decidió ponerle el punto final con una segunda entrega quizás porque ya tiene en mente cambiar el rumbo y acometer un nuevo reto, centrándose en la figura de Ricardo Corazón de León y así dar un descanso a “los romanos” que tanta fama le han reportado, siguiendo los consejos de su editor.

A continuación le tocó el turno a Baptiste Touverey, al que Javier Velasco supo hacer las preguntas oportunas para que quienes no conocíamos su obra nos sintiésemos atraídos por ella. Su novela, Constantinopla, nos traslada al imperio Romano-Bizantino, allá por el siglo VII de nuestra era cuando el más occidental ya no era ni la sombra de lo que fue, pues cayó tiempo atrás y nos sumergirá en una guerra que duró más de dos décadas entre este nuevo imperio bizantino y el persa. Los emperadores se sucederán como si no hubiese un mañana y las traiciones y los engaños, junto con las luchas de poder, serán el pan nuestro de cada día.

No he leído la novela, pero a juzgar por lo comentado, no pienso perdérmela. Me atrae especialmente por el período en el que se desarrolla –poco manido a nivel literario- y porque se alabó y mucho el modo en que está narrada. 




En este certamen solo hubo un enemigo declarado: el clima. Y se materializó el domingo, en el que el frío y la lluvia tomaron un protagonismo inusitado. Por ello, los actos programados para ese día fueron más restringidos. 

A eso de las 10:00 h. volvimos al Hotel Palacio de Úbeda para asistir a la entrega del IV Premio Cerros de Úbeda a la mejor novela histórica publicada en 2018, concedido a Iñaki Biggi por Valkirias. A continuación el autor, acompañado de Emilio Lara, hablaron largo y tendido de la obra en una charla distendida y, en ocasiones, divertida, sin restarle un ápice de seriedad a una trama basada en hechos reales: la de un ejército vikingo que llegó a Sevilla allá por el 859 con la intención de saquear la ciudad como ya hicieron en el 844. Pero todo fue en vano y los cazadores fueron cazados y hechos presos por el gobernador, quien, además, exigió un rescate imposible para su excarcelación. Cuando la noticia llegó a su aldea de origen, las mujeres, lejos de amilanarse, decidieron liberarlos y con la ayuda de un grupo de mercenarios aprendieron a luchar mientras se pertrechaban para la aventura que las llevaría a Isbiliya junto con sus hijos.

Y fue precisamente el que las protagonistas de esta novela fuesen mujeres capaces de abordar una gesta espectacular en la que los hombres habían fracasado, lo que dio lugar a que sobrevolase la idea de si la intención del autor era la de transmitir un mensaje feminista o no. Y en este sentido Iñaki Iggi fue muy preciso, dejando claro que su única intención fue la de dar naturalidad a las capacidades de hombres y mujeres más allá del sexo al que pertenecen. “No me planteé el tema del feminismo en ningún momento a la hora de escribir, simplemente conté la historia que me pareció más interesante. Me centré en los personajes como tales, me daba igual que fuesen hombres o mujeres porque bajo mi punto de vista no nos diferenciamos tanto”.

Lógicamente también nos habló del germen que fraguó la idea para que esta novela se materializase, del fascinante y a veces farragoso proceso de documentación para verla convertida en papel y las sorpresas que se llevó en el camino.

Más tarde, el presentador se convirtió en presentado cuando le tocó el turno a Emilio Lara, galardonado con el Premio Edhasa de Narrativas Históricas, para hablarnos de su novela Tiempos de esperanza, acompañado por Sebastián Roa y Jesús Hernández Úbeda. Y si distendida y divertida fue la primera charla del día, la segunda solo se puede resumir como exquisita, tanto en el fondo como en las formas. Es indudable que Emilio Lara es un excelente y refinado narrador sobre el papel, pero en el tú a tú, a la hora de plasmar sus puntos de vista, embauca al lector de manera indiscutible. Además de hablar de la trama de su historia, la llamada Cruzada de los niños, que se remonta a 1212 en una Europa convulsa y exaltada por el fervor religioso, se abordaron cuestiones como la importancia del entretenimiento en este género o del peso que este juega para que cualquier obra sea considerada rigurosa por ese afán de algunos de ponderar el peso de los datos en detrimento de la trama o los personajes, convirtiéndola en un peñazo de cara al lector. Y así, su respuesta fue más que meridiana: “La novela tiene que ser narrativamente solvente, no puede predominar lo histórico, no puede haber más datos que trama. Hay mucha historia novelada que no debe confundirse con la novela histórica, la respeto, pero no me interesa”.



Al salir de estas dos intensas charlas, Pablo Lozano nos comunicó que las recreaciones programadas para el domingo –una lucha de gladiadores y la batalla de Rorke´s Drift- se habían anulado, ya que la lluvia las hacían inviables. Decidimos entonces ponernos en marcha hacia Madrid y aprovechar para comer en el camino y que no se nos hiciese de noche. Claro que, antes de irnos, volvimos a disfrutar un poco más de la ciudad dando un paseo por esas calles que rezuman cultura e historia a cada paso, pues no en vano son la antesala al renacimiento español en cuanto a arquitectura civil y religiosa y, mientras lo hacíamos, ya estábamos contando los días para volver a repetir la experiencia.




domingo, 13 de octubre de 2019

LA SOSPECHA DE SOFÍA, de Paloma Sánchez-Garnica




DATOS TÉCNICOS:

Título: LA SOSPECHA DE SOFÍA
Autora: Paloma Sánchez-Garnica
Editorial: Planeta
Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos
ISBN: 978-84-08-20562-3
Páginas: 656
Presentación: Tapa dura con sobrecubierta





Conocí a Paloma Sánchez-Garnica allá por 2012. Había publicado su novela Las tres heridas y fue ver el título y quedarme clavada, pues me llamó poderosamente la atención. ¿Tendría algo que ver con aquel extraordinario poema del mismo título de Miguel Hernández y que posteriormente versionaron Joan Manuel Serrat o Joan Baez?. La duda quedó más que resuelta cuando comencé a leer la novela y se convirtió en sorpresa mayúscula cuando me encontré al poeta convertido en un personaje secundario de esa historia tan conmovedora. A esta novela le siguieron La sonata del silencio y Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido, ambas tan impresionantes como la primera y por ello contaba los días para tener en las manos La sospecha de Sofía, quizás, y lo digo apuntando al cielo, su mejor obra hasta el momento.


Y ahora que menciono La sonata del silencio, para que os hagáis una idea de cómo las novelas de esta mujer perduran en mi mente o parece que se queden a vivir allí, la pasada Feria del Libro de Madrid, varias yincaneras vinieron desde sus respectivas ciudades de origen para pasarla con las que aquí residimos. Pues bien, me ocupé de buscarles alomiento y lo hicieron en un apartamento en la Plaza de Santa Ana, para, de algún modo, rendir un pequeño homenaje a la protagonista de esa novela. También hicimos el recorrido hacia su lugar de trabajo… ¡Y, lógicamente, estuvimos con la autora a pie de caseta para que nos firmara nuestros ejemplares y tener una pequeña charla que ampliaremos en breve.




Paloma Sánchez-Garnica (Madrid, 1962) es licenciada en Derecho y Geografía e Historia. Autora de El gran arcano (2006) y La brisa de Oriente (2009), su novela El alma de las piedras (2010) tuvo un gran éxito entre los lectores. Las tres heridas (2012) y, sobre todo, La sonata del silencio, de la que se hizo una adaptación para una serie en TVE, supusieron su consagración entre la crítica y los lectores como una escritora de gran personalidad literaria. Con Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido, de la que se publicaron cinco ediciones y que se ha traducido para todos los países de habla anglosajona, obtuvo el Premio de Novela Fernando Lara 2016.




La anodina vida de Sofía y Daniel cambia radicalmente cuando él recibe una carta anónima en la que se le dice que Sagrario, a la que venera, no es su verdadera madre y que si quiere conocer la verdad de su origen debe ir a París esa misma noche. Intrigado, pregunta a su padre por esta cuestión y él le recomienda que lo deje pasar, que no remueva el pasado. Sin embargo, hay preguntas que necesitan una respuesta y esta búsqueda desencadenará una sucesión de terribles acontecimientos y encuentros inesperados de infortunado desenlace que trastocará su vida y la de su mujer, Sofía, para siempre. Madrid, París y su mayo del 68, el muro de Berlín, la Stasi y la KGB, los servicios de contraespionaje en la España tardofranquista y tres personajes en busca de su identidad son las claves de esta fantástica novela con el inconfundible sello de Paloma Sánchez-Garnica.






La sospecha de Sofía es una novela inmensa, de esas que cuando las terminas te dejan con el corazón encogido, prácticamente deshecho y, aun así, te gustaría no haber llegado al punto final aunque para ello te pierdas ese desenlace insuperable que Sánchez-Garnica nos regala al final de sus páginas.

Y ahora diréis, ¿qué le pasa a la pirada esta que parece que esté terminando la reseña haciendo un resumen con lo más significativo del libro? Pues eso, que cuando cerré la novela, lo que os acabo de relatar es lo primero que sentí. Y me puse a indagar sobre dónde estaría la clave para que esta historia me haya parecido tan espectacular. No hay solo una, os lo aseguro, pero como estas son mis impresiones, intentaré deciros qué es lo que me ha subyugado de ella tirando de una anécdota que me vino a la cabeza días después, ya que quienes me conocéis, sabéis de sobra lo que me gusta un paralelismo.

Y como cuando una idea empieza a coger forma en mi mente ya no sé ver las cosas de otra manera porque, como dice el dicho popular, “cuando un tonto coge un camino, el camino se acaba y el tonto sigue”, intentaré explicarme volviendo al principio:

La sospecha de Sofía es una novela inmensa, sí, porque no le falta de nada: la intriga y el misterio es indiscutible desde las primeras páginas y, lo que es mejor, no es que se mantenga a medida que las páginas van volando ante nuestros ojos, sino que va in crescendo. Hasta sus últimas consecuencias.

Pero La sospecha de Sofía también es inmensa porque tanto los escenarios donde transcurre la acción –Madrid, París y Berlín- como el momento histórico que abarca (desde principios de la década de los sesenta hasta finales de la de los ochenta del siglo pasado, coincidiendo con la caída del Muro de Berlín) son, como diría Luca Cagliatti, auténticos Bocatti di Cardinale cocinados a fuego lento.

Y podría seguir añadiendo mimbres, como que la trama es exquisita en su planteamiento, desarrollo y desenlace; excelentemente narrada, primorosamente escrita y absolutamente conmovedora al plantear una serie de dilemas morales que te dejarán de pasta de boniato en el mejor de los casos. ¡Y con banda sonora propia! by Javier de Jorge, para más señas hijo de la autora y una maravilla (que también hay que decirlo). Si queréis escucharla, pinchad aquí.  


Y ahora sí, voy al grano: Si hay algo por lo que esta novela es brillante es por sus personajes. Da igual si hablamos de los protagonistas o de los secundarios, porque todos están caracterizados de tal manera, que llegué a comparar al elenco con La última cena de Leonardo da Vinci.


Imagino que todos conocéis la anécdota –casi diría que leyenda- sobre que da Vinci utilizó a personas reales para inspirarse, estudiar y plasmar sus rostros en sus lienzos. Por ello, cuando se dispuso a ejecutar La última cena, hubo un buen número de personas que se presentaron en su estudio para ofrecerse como voluntarios, dado que su fama como pintor había trascendido a todos los ámbitos. De entre todos ellos, Leonardo da Vinci hizo una selección, aunque decidió empezar por la figura de Jesucristo. Optó por un joven de apenas veinte años, de rasgos agradables y gesto sereno. Pretendía que la imagen transmitiese inocencia y paz y que estuviese exenta de las cicatrices que dejan tanto en el rostro como en el alma la mala vida.


Y luego, uno a uno, fue pintando al resto. El proceso duró años, ya que el maestro se tomaba sus tiempos: lo mismo se sucedían las semanas pintando con furia y rapidez, en las que se olvidaba incluso de comer, que se pasaba los días contemplando y analizando cada rasgo o cada pliegue, dando dos o tres pinceladas al día que empezaba nada más salir el sol y bajando del andamio del refrectorio del convento dominico de Santa Maria delle Grazie de Milán cuando era noche cerrada. Sin embargo, entre aquella selección primigenia, fue incapaz de dar con el hombre que pondría cara a Judas Iscariote, por lo que vagaba por la ciudad buscando ese semblante que le inspirase. Hasta que un amigo le dijo que en la cárcel de Roma podría encontrar a ese modelo que tanto codiciaba. Se trataba de un hombre que estaba condenado a muerte por varios delitos de robo y asesinato y en su rostro se reflejaban todos los pecados del mundo: desde la más pura mezquindad, a la traición o el odio. Y allí se encaminó el maestro y pudo corroborar por sí mismo que su amigo tenía razón: el hombre tenía el cuerpo maltrecho por los estragos de la mala vida; una mirada asesina que asustaba de lejos y unas profundas cicatrices que no auguraban nada bueno.


Da Vinci pidió los permisos correspondientes y el reo fue trasladado a su estudio. Y así, un día tras otro, el pintor fue cristalizando su aspecto, sus movimientos y su alma sin cruzar una palabra entre ellos. Y cuando terminó, avisó a los guardias para que lo devolvieran a la prisión. Sin embargo, el modelo no obedeció, sino que se tiró de rodillas ante el pintor y le gritó: “¡Leonardo! ¡Obsérvame bien! ¿Es que no me reconoces?”. El maestro negó con la cabeza, porque no recordaba haberle visto nunca antes de su visita a la prisión. Entonces el hombre insistió: “Mírame de nuevo, por favor: soy aquella persona a la que elegiste para ser el modelo de Cristo!


Porque todos podemos tener un rostro distinto según las circunstancias. Porque son esas circunstancias, junto con las decisiones que tomamos, las que conforman nuestra personalidad y nuestro comportamiento ante la vida. Y eso Paloma Sánchez-Garnica lo ha hecho con una maestría infinita.

Os pongo en antecedentes:

Abril de 1968. Daniel, un joven abogado de apenas veintinueve años, casado con Sofía y con dos hijas en común, recibe en su despacho una carta anónima en la que le indican que Sagrario no es su verdadera madre. Con ella en la mano se dirige al despacho de su padre, don Romualdo Sandoval, un prócer del régimen y este no le desmiente la información, sino que simplemente le recomienda que deje estar las cosas como están.

Pero eso no es suficiente para Daniel que quiere saber la verdad… y Romualdo se la explica. Entonces, desobedeciendo por primera vez a su padre, decide seguir las directrices de la epístola y poner esa misma noche rumbo a París.

Se desatará entonces una galerna. ¡Qué digo galerna! Se producirá una ciclogénesis explosiva que asolará no solo la cómoda aunque anodina existencia de Daniel, sino la de toda su familia.

Y será también entonces cuando empecemos a descubrir a ese elenco de personajes a cual más interesante, ya que como ocurre con las figuras de Leonardo da Vinci, cada uno de ellos son a cual más complejo, aunque dispares entre sí para dotar al conjunto de la mayor diversidad posible en cuanto a carácter y temperamento y, para que el contraste sea más que evidente, nos los muestra juntando lo más bello con lo más repugnante, lo joven con lo viejo, lo recio con lo frágil, etc.

Porque Paloma Sánchez-Garnica ha sentado en una mesa a un Jesucristo llamado Daniel Sandoval, junto a doce apóstoles excepcionales, -en particular Klaus Zaisser -, que sería ese Judas Iscariote y que quienes hayan leído la novela entenderán la analogía anterior (quienes no lo hayáis hecho, espero que esto sea un aliciente para comprarla):

- Romualdo Sandoval, padre Daniel, casado con Sagrario. Abogado de profesión, tiene uno de los bufetes más importantes e influyentes de la ciudad, dado que sus tentáculos en el entramado de corruptelas y enriquecimientos tan habituales para unos pocos durante la dictadura eran más que palmarios. Es un déspota de manual, incapaz de evidenciar cualquier emoción. Imperturbable hasta la saciedad y duro de carácter, parece levitar por encima de cualquiera y sometiendo a todo su entorno a su voluntad. Solo tiene una debilidad: su esposa, a la que trata con una deferencia exagerada, como si fuera frágil y quebradiza, imagen que ella, por otro lado, potencia.

- Sofía, esposa de Daniel. Es, quizás, el personaje que me ha provocado más exasperación y que, sin embargo, junto con Daniel y Klaus, más ha crecido a medida que avanzaba la novela. En un principio nos la encontramos ejerciendo de madre y esposa. Y de amargada. Sofía fue siempre una estudiante brillante, pero se casó cuando estaba cursando la carrera de Químicas y que, aunque la terminó, no llegó a doctorarse para atender a su recién creada familia. Y desde entonces pasa la vida devanándose la cabeza porque le gustaría dedicarse a la investigación, pero es incapaz de dar un paso al frente y luchar por ello. También es cierto que tiene enfrente a su marido, que no tiene ningún interés en que ella se dedique a otra cosa y a Adela, una madre castradora, que pretende que se ajuste a lo que la sociedad dicta como norma. Por otro lado, tiene en Zacarías, su padre, a su aliado natural. Él es un físico eminente de mentalidad liberal y que cree en la igualdad de la mujer, sobre todo si es para conseguir su libertad e independencia, por lo que continuamente la insta a que se afane por hacer realidad sus anhelos. Y digo que me exasperaba porque no entendía su actitud, ya que en cierto modo la veía muy pusilánime. Hasta que su vida dió un vuelco y tomó la iniciativa. Entonces, con el tiempo, consiguió convertirse en lo que siempre quiso y el resultado fue espectacular. Lo mejor de todo es que ese cambio, que parecía irreal para esa época por lo inusual que podía resultar que una mujer se convirtiese en toda una eminencia en el campo de la investigación, está inspirado en un caso real: el de Margarita Salas, discípula de Severo Ochoa, y descubridora de la ADN polimerasa Phi29.

- Carmen, amiga de Sofía. Azafata de profesión, pasea su soltería con orgullo cruzando los océanos de la hipocresía de la época. Representa a ese tipo de rara avis en la sociedad de la época, en la que lo normal era que una mujer pasase de la custodia de su padre a la de su marido, pagando el peaje de una poca o nula formación en lo personal porque la norma marcaba el paso y este aconsejaba que la mujer estaba destinada a cuidar de su familia, en casa, dependiendo exclusivamente de su marido.

- Alwin Zaisser y Gloria Montes, padres de Klaus y Bettina. Se conocieron en Madrid y se enamoraron. Él es de origen ruso, ella española. Después de la guerra viajaron rumbo a Rusia, para instalarse poco después en el Berlín oriental. De fuertes convicciones políticas, Alwin es intransigente y testarudo a partes iguales, hasta el punto de convertirse en un personaje ingrato, ya que ni siquiera es capaz de ver el daño que ese sistema que él defiende con uñas y dientes ha causado en sus hijos, a quienes ese mismo sistema ha anulado y convertido a uno en espía de la Stasi muy a su pesar y a otra, que es una joven brillante, licenciada en Medicina y especializada en Pedriatría, en una paria del régimen por no comulgar con su doctrina.

- Monique, hija de Patricia Mendoza, una antigua novia de Zacarías y su primer amor, a la que abandonó para casarse con Adela cuando ésta marchó al exilio tras la guerra y él encontró en su mujer la fórmula para no correr la misma suerte de aquellos que lucharon en el bando contrario. Cuando Daniel desaparece, serán ellas quienes alojen a Sofía en su casa parisina, mientras Monique la ayuda en sus pesquisas. Y será con ellas con las que viviremos un momento impagable, asistiendo al Mayo del 68, mezclándonos con los estudiantes que ocuparon la Sorbona, que provocaron su particular guerrilla urbana que, por defecto, me hizo recordar una canción de Ismael Serrano que, en su día fue todo un descubrimiento para mí. Porque en esta novela, además de tener una banda sonora espectacular como os comenté antes, también hay una serie de canciones que deberíais escuchar, empezando por Libre, interpretada por Nino Bravo, a la que se hace un homenaje en las primeras páginas por todo lo que representa.



- Hanna, novia de Klaus y madre de su hija Jessie. La conoció en la Universidad de Humboldt donde él cursaba la carrera de Física y se enamoraron al instante. Poco después se quedó embarazada, sin terminar la carrera, así que esperaron a tener un trabajo estable antes de casarse y poder vivir juntos. Y justo el día en que iban a hacer realidad su sueño, yéndose a vivir a la Alemania Federal, el muro se cerró y les cogió en el lado opuesto. Cruzarlo se convirtió en su objetivo ineludible y sucumbieron a él. Klaus nunca más volvió a saber de ella ni de la niña y, desde ese momento, en que fue llevado a prisión, vió derrumbarse sus sueños y esperanzas mientras ella convirtió en una sombra que caminaba siempre a su lado.

Y conociendo a estos personajes, la novela fluye como un río sinuoso siempre en movimiento, en continuo cambio y transformación., cambiando su rostro, como se cambia de piel. Y maravilla observar que todos, en mayor o menor medida, son seres domeñados o sometidos, incapaces de enfrentarse a los barrotes psicológicos que frenan su libertad. Todos excepto dos: curiosamente los dos hombres que más enfrentados deberían estar en cuanto a filosofía de vida o convicciones políticas, antagonistas por definición y que, cada uno a su modo, representan al estado que sostienen por ideología: Romualdo Sandoval y Alwin Zaisser. Porque las familias que ambos forjaron no son precisamente un refugio donde sentirse a salvo, sino todo lo contrario. Tanto Romualdo con Alwin son autoritarios por definición y en ese ecosistema particular es donde son incapaces de ocultar los defectos más primarios. Llama la atención el impulso cainita que exhiben ante los suyos, el rencor que aflora ante el más leve rebatimiento de sus planteamientos. Me ha asombrado el modo en que la animadversión tomaba cuerpo, bien en el desafecto expreso de Romualdo hacia Daniel o su nuera, bien el de Alwin hacia la permanente pesadumbre que acumulan sus hijos desde que se “atrevieron” a cuestionar la doctrina comunista queriendo escapar hacia la Alemania Federal.




 Es posible que después de todo lo dicho pienses que no he hecho otra cosa que colocar una losa desmedida sobre la novela, aumentando vuestras expectativas exponencialmente en caso de que no la hayáis leído, pero tengo tan claras y tan meditadas mis impresiones que no me desdigo ni un poco de todo lo dicho. Y eso que me he dejado muchas cosas en el tintero, que conste. Ahora está en tu mano si quieres o no embarcarte y descubrir una historia indeleble, porque La sospecha de Sofía es un viaje fascinante lleno de recovecos por los rincones más insondables de la condición humana.



viernes, 20 de septiembre de 2019

EL ECO DE LA PIEL, de Elia Barceló




DATOS TÉCNICOS:


Título: EL ECO DE LA PIEL
Autora: Elia Barceló
Editorial: Roca Editorial
Colección: Novela
ISBN: 978-84-173-0568-0
Páginas: 542
Presentación: Tapa dura con sobrecubierta




He leído varias novelas de Elia Barceló y en todas ellas, al acabarlas, me he sentido como aquel que dice adiós a un viejo amigo que se marcha para una larga temporada. La congoja y la nostalgia se apoderan de mí mientras temo esa odiosa vigilia que me prive de personajes y tramas tan fascinantes como los que ofrece, a manos llenas, esta autora, en cada uno de sus libros. Y digo que me sentía así al acabarlas porque acabo de llegar prácticamente de vacaciones y todavía estoy en “modo zen”, intentando no ponerme vehemente –que es mi estado natural-, porque la realidad es que cada vez que abordo una nueva lectura de esta escritora, me da coraje pensar que voy a terminarla, que en un momento dado se acabará ese placer infinito que siento siendo testigo mudo de sus historias.

Pero mira por donde, hoy también voy a activar el “modo Pantoja” y os voy a confesar que si leer cualquier novela de Elia Barceló es como rozar con los dedos el paraíso Vallhalla, conocerla en persona y poder hablar con ella de sus novelas es como entrar directamente en el Salón de los Caídos de Asgard por la puerta grande y sentarte a la diestra de Odín rodeada de nobles guerreros y valkirias.

Algo así nos pasó a las Yincaneras que nos reunimos con ella el pasado 9 de junio para acudir juntas ese fin de semana a la Feria del Libro. Fueron tres días de traca, de encuentros con escritores, de pasar las horas a pie de caseta y de risas compartidas. Y Elia, lógicamente, contribuyó a convertir ese día concreto en memorable.
¿A que me entendéis?






Elia Barceló (Elsa, Alicante, 1957).  Estudió Filología Anglogermánica en la Universidad de Valencia y Filología Hispánica en las universidades de Alicante e Innsbruck, Austria, obteniendo el doctorado en esta última en 1995 con su tesis La inquietante familiaridad, que gira en torno a los arquetipos del terror en los relatos de Julio Cortázar. En la actualidad reside en Austria, donde es profesora de literatura hispánica, estilística y creativa en la Universidad de Innsbruck, en Austria.

Ha publicado novelas, ensayo y más de veinte relatos en revistas españolas y extranjeras. Parte de su obra ha sido traducida al francés, italiano, catalán y esperanto. Entre 1994 y 1995 colaboró en El País de las Tentaciones con artículos de opinión.

CUENTOS:
- La belle dame sans merci. Cuento.
- La Dama Dragón, 1981. Cuento.
- Embryo, 1981. Cuento.
- Minnie, 1981. Cuento.
- Catarsis, 1981. Cuento.
- Pasen, señores, pasen, 1982. Cuento.
- El jardín de las flores que se columpian, 1983.
- La mujer de Lot, 1984.
- Nosotros tres, 1984.
- Una antigua ley, 1986.
- Piel, 1989.
- La estrella, 1991. Ganadora del Premio Ignotus 1991.
- Cobarde, 1992.
- Loca, 1993.
- Estreno, 1994.
- Metáfora del que corre en el desierto, 1994. Alana, 1994.
- El día más feliz, 1994.
- Anunciación, 1996.
- Ritos, 1997.
- Il regalo, 1998.
- La trama, 1998.
- Oscuro, como un cristal, 1998.
- El beso: leyenda umbriliana. En: Leyendas de Bécquer. Zaragoza: 451 Editores, 2007.
- Between Heaven and Hell. En: Don Juan. Zaragoza: 451 Editores, 2008.
- La luciérnaga. En: 21 relatos contra el acoso escolar. SM, 2008.
- La tienda de Madame Chiang. En: Bleak House Inn: Diez huéspedes en casa de Dickens. Santos, Care. Nevsky Prospects, 2012.
- 2084. Después de la revolución. En: Mañana todavía: Doce distopías para el siglo XXI. Fantascy, 2014.
- La Maga y otros cuentos crueles. Cazador de ratas, 2015.


NOVELAS:
- Sagrada (Ediciones B, 1989).
- Consecuencias naturales. (Miraguano, 1994). Novela.
- El mundo de Yarek. (Ediciones B, 1994).Ganadora del Premio UPC 1993.
- El caso del artista cruel. (Edebé, 1998). Ganadora del Premio Edebé de literatura infantil y juvenil 1997.
- La mano de Fatma (Alba, 2001).
- El vuelo del hipogrifo (Editorial Lengua de Trapo, 2002).
- El caso del crimen de la ópera. (Edebé, 2003).
- Si un día vuelves a Brasil. (Alba editorial, 2003).
- La roca de Is. (Edebé, 2003).
- El secreto del orfebre, 2003. (Lengua de Trapo, 2003, reeditado por Roca en 2017).
- Disfraces terribles (Lengua de Trapo, 2004).
- El contrincante (Minotauro, 2004).
- Cordeluna (Edebé, 2007). Premio Edebé de Literatura Infantil y Juvenil, 2007.
- Caballeros de Malta. (Edebé, 2007).
- Corazón de Tango, (451 Editores, 2007).
- El almacén de las palabras terribles (Edelvives, 2007).
- Las largas sombras (Ediciones Ámbar, 2009), reeditado por Roca Editorial en 2018).
- Anima mundi (Ediciones Destino, 2013).
- Por ti daré mi vida. (Edebé, 2014).
- El color del silencio (Roca, 2017).
- El eco de la piel (Roca, 2019). 






Cuando a Sandra Valdés, joven historiadora en paro, le encargan que escriba la biografía de Ofelia Arráez -la gran empresaria y constructora, referente obligado en el mundo de la moda del calzado femenino-, ella acepta el reto sin imaginar los secretos que se ocultan en los noventa años de esa mujer contradictoria y poderosa, sin saber que lo que va a descubrir cambiará también su vida.

Como es habitual en las novelas realistas de Elia Barceló, la historia se articula en dos tiempos:

En el presente, Sandra, atraída por una oferta que le dará suficiente dinero como para replantearse su futuro y abandonar la precariedad de su trabajo en una cadena de ropa en Madrid, decide volver durante un tiempo al pueblo de su infancia a redactar la biografía que le ha encargado don Luis, hijo de la famosa Ofelia, para lo cual tendrá que investigar y entrevistar a personas que la conocieron.

Cada una de ellas muestra una verdad parcial sobre Ofelia; cada documento encontrado -fotos, cartas, cintas, noticias- va descubriendo a una mujer distinta, va creando un personaje contradictorio, a veces incomprensible, otras veces convencional, otras potencialmente oscuro y peligroso.

El pasado está lleno de secretos, de malentendidos, de versiones que no casan entre sí. Pero también sucede con el presente, porque los seres humanos somos fuente de misterio, ocultamos cosas, callamos, tergiversamos. 

En su propio pueblo, Sandra irá descubriendo que nada es lo que parece, que la vida está llena de sorpresas y no todas son agradables. Uno es tanto lo que es como lo que parece, lo que elige mostrar al exterior, y cada uno de nosotros va descartando pieles a lo largo de su vida, como las serpientes, y va dejando ecos de sí mismo en todos los que alguna vez lo conocieron.






ANATOMÍA DE LA PIEL:

No hay que ser un lumbreras para saber que la piel es el órgano más grande del cuerpo. Aunque quizás, lo más sorprendente que se puede decir sobre ella es que a nivel “arquitectónico”podría considerarse un prodigio que no puede explicarse por las leyes regulares de la naturaleza. Es obvio que para la mayoría de nosotros no deja de ser ese envoltorio que cubre todo nuestro cuerpo y lo protege de los agentes externos, pero no podemos quedarnos en la espuma del mar cuando hablamos de un fenómeno en toda su extensión.

Ello se debe, naturalmente, a varios factores y en particular a sus estructuras secundarias, que constituyen el sistema tegumentario. Y es que la piel está compuesta de múltiples capas de células y tejidos, donde coexisten incontables vasos sanguíneos -que se alojan en la parte más profunda-, con fibras nerviosas sensoriales, simpáticas y autónomas que garantizan la comunicación desde y hacia el cerebro.

No obstante, dependiendo de la zona del cuerpo, la piel está compuesta por dos áreas diferentes: la epidermis y la dermis (aunque debajo de esta última hay una tercera capa llamada hipodermis).

Y sí, ya sé que a estas alturas –o puede que varios párrafos antes- os estaréis preguntando qué habré tomado/fumado y en qué condiciones para que me haya sentado tan mal y esté confundiendo el hablar sobre un libro con algo para lo que no tengo ni tablas ni grandes conocimientos. Y llevaréis razón, os lo aseguro. Pero es lo que tiene el que una novela, precisamente, tenga un título tan acertado, tan sugestivo, donde al empezarla sueñas con encontrarle sentido cuanto antes (porque todos los títulos de Elia Barceló lo tienen) y cuando la terminas esa percepción está más que saciada. Porque si la palabra “eco” tiene múltiples acepciones y todas ellas le van que ni pintadas a esta historia, es la de “piel” la que aglutina todas las sensaciones.

Y es que esas dos áreas diferentes a las que me refería anteriormente y que componen este órgano serían los dos tiempos en los que se articula y transcurre este relato: Por un lado, la epidermis, la capa más superficial, sería el tiempo presente en el que se desarrolla la acción. Ahí nos encontramos con Sandra Valdés, una joven licenciada y con máster en Historia que tiene un trabajo en una tienda de ropa en Madrid tan precario como su situación sentimental. Es por ello que decide volver por una temporada a Monastil, su pueblo natal, tras aceptar un encargo tan peculiar como sustancioso a nivel económico: ocuparse de redactar la biografía de Ofelia Arráez, pionera en su tierra como empresaria de proyección internacional en unos tiempos imposibles, a instancias de su hijo Luis. Obviamente, él espera un panegírico encubierto, pero ella está más por la labor de entrevistar a las personas que la conocieron e investigar a fondo sobre su pasado.

Por otro lado, la dermis, la capa más profunda, se inicia en 1939, cuando Ofelia se queda huérfana y conoce a Anselmo, su marido. Esta etapa termina en 2003, cuando ya es una anciana que cavila sobre una vida llena de proyectos, de sueños cumplidos y desengaños solapados, de triunfos y algún fracaso íntimo, pero apasionante en todos los sentidos.

Y es más profunda porque mientras la investigación de Sandra resulta de lo más interesante a medida que aparecen fotos, cartas e incluso objetos de Ofelia que nos muestran a una mujer paradójica y poliédrica, no deja de ser nada más que la coraza que blinda su existencia, la envoltura capaz de soportar cualquier tipo de agresión natural. Será en la segunda parte donde descubrimos a un personaje mucho más profundo, abisal en algunos momentos, que nos va desarmando página a página. Porque ahora el relato ya no es una investigación como en la primera parte que se va orquestando a base de hallazgos, sino que está cimentado por medio de escenas que van evolucionando de manera lineal y el pulso narrativo es más intenso. Entonces sí, entonces conocemos el origen real de Ofelia, su relación con Anselmo, su compañero de vida que murió demasiado pronto; a Gloria, su amiga cómplice e incondicional o a Ángel, el hijo de la segunda que llegó a convertirse en el hombre de confianza de la primera, cargo del que, con el tiempo, sería relevado por su propio hijo, Luis, junto al nieto de Gloria: Alberto.

Y la historia se llena de giros, de sobresaltos, de misterio y mimetismo. Nada es lo que parece porque todos los personajes tienen algo que ocultar. Y comenzamos a escarbar en una segunda piel, pues la primera solo hacía las veces de armadura, de máscara. Ahora aparece la esencia como ser humano de cada uno de ellos, no solo la de Ofelia. Empezamos a conocerlos por dentro y vemos, a su vez, como con el tiempo van cambiando de piel, como las células van mutando para hacerse más fuertes. Y esas permutas van dejando su propio eco a través de su existencia. Y es aquí donde ellos nos envuelven sin remisión, porque son muchos los temas que trata esta novela: desde lo que representa la memoria y los recuerdos -propios y ajenos-, a los que dejamos en los demás; desde nuestra identidad, a la que mostramos a los demás y viceversa, pero también las reservas, los miedos e, incluso, hasta dónde se puede llegar por venganza.

Y es que Sandra no deja de ser una intrusa en esta historia que poco a poco se desvelará ante nuestros ojos adquiriendo un ineludible protagonismo, dado que su aparición en escena y sus pesquisas posteriores irán esbozando las vidas de los demás. Nos permitirá profundizar en la vida, pública y privada de Ofelia, pero también en las de su entorno, porque a través de ella iremos descubriendo toda una galería de personajes excepcionales, así como sus miedos, pasiones, frustraciones y secretos.

Y es obvio porque las primeras pesquisas nos dan una imagen que luego las siguientes se ocuparán de desmontar. Porque, como todo en la vida, nadie se expone alegremente a la vista de todos, ni a su juicio. Ni todo lo que hace, ni todo lo que piensa. Todos, indefectiblemente, guardamos cadáveres en el armario. Todos tenemos circunstancias que otros, incluso con la mejor de las intenciones, pueden no entender ni compartir. De hecho, todavía recuerdo la manía que cogí al principio a Ofelia, para luego caer rendida a sus pies a medida que iba conociendo sus secretos. Me pasó lo mismo con muchos otros personajes. Creo que solo se salvó de la quema Anselmo, porque me pareció tan impecable en su construcción como honrado en su trayectoria por la historia… quizás porque murió joven. O algo así. Mención aparte merece Selma Plath. Solo por leer esos fragmentos de La memoria es un arma cargada de coartadas. Recuerdos y reflexiones, el libro merece la pena. Es oro molido. Y son de ella las reflexiones sobre que estamos hechos de palabras, siendo las ajenas las que hilan los recuerdos y dan forma a la historia de una persona.



Elia Barceló utiliza una prosa elegante y sosegada en una historia afable que busca, desde el primer momento, la complicidad del lector. Y lo hace de una manera inconmensurable, porque es formidable, atrevido y cabal. Escrito alternando dos voces: la de un narrador omnisciente y la de Sandra en primera persona, el escenario cobra también visos de protagonista, porque Monastil, ese pequeño pueblo levantino que la autora nos describe con profusión de detalles, hasta el punto en que llegamos a creernos que realmente existe por mucho que sepamos de antemano que Elia Barceló ha preferido decantarse por tomar el nombre del poblado iberorromano en donde ahora se asienta Elda, quizás para que su paisanos no busquen en vano identidades ocultas que no ayudarían a la historia, se convierte en el caldo de cultivo por el que deambula un elenco de personajes excepcionales que buscan darle sentido a su vida porque todos ellos, en mayor o menor medida, ayudan a dar forma a una historia fascinante basada en la vida de una protagonista que, aunque ausente, es emblemática y carismática a rabiar.  




¿Qué puedo decirte de El eco de la piel y de su autora que no te haya dicho ya? Sí acaso, solo me queda resumir lo dicho anteriormente para que te hagas una idea de lo que puedes encontrarte si decides abordar una novela excepcional:

- El eco de la piel es una novela soberbia donde la intriga está más que presente desde las primeras páginas y cuyo desarrollo va in crescendo hasta llevarnos a un desenlace memorable.

- La calidad literaria de El eco de la piel es innegable y se percibe en cada párrafo, en cada frase. Con un estilo exquisito y un uso exacto del vocabulario que, aunque dicho así parece una observación fría, es todo lo contrario. De hecho, me maravilla su aparente naturalidad o su claridad ya que es lo suficientemente preciso a la hora de describir a los personajes o cualquiera de las situaciones o escenas con las que nos encontramos en la lectura y que por el modo y uso que hace de él, se convierten en sublimes las más de las veces.

- Resultan conmovedores algunos párrafos de la novela, en particular toda la parte narrada por Selma Plath que, a su vez, es un particular homenaje de Elia Barceló a las escritoras Selma Lagarlöff y Sylvia Plath. Y por supuesto y siempre presente, Julio Cortázar en su encanto por lo cotidiano y la magia de las personas y sus secretos.

- La novela no está exenta de alguna que otra denuncia, bastante sutiles, bien cuando habla de la precariedad del empleo en la actualidad y lo complicado que lo tienen los jóvenes o bien contra esos nuevos ricos capaces de derrochar hasta la extenuación para mostrarle al mundo todo lo que han conseguido sin reparar en de dónde han salido.