DATOS TÉCNICOS:
Título: Las tres heridas
Autora: Paloma Sánchez-Garnica
Editorial: Planeta
ISBN: 978-84-08-10901-3
Páginas: 640
Presentación: Tapa dura con sobrecubierta
Hace apenas un mes, os comentaba que había leído la que para mí, podría catalogar como la mejor novela leída en lo que llevaba de año –El sueño de la Montaña del Oro, de Zhang Ling-, pero hoy os vengo a contar mis impresiones sobre otra que fácilmente podría considerar de la misma manera. Lo más curioso es que el tema de fondo y el momento histórico en el que se desarrolla la acción es todo un hándicap para mi, pues suelo huir de todo aquello que me traslade a la Guerra Civil española. Imagino que algun@ se preguntará cómo es que no gustándome un tema en particular lo aborde sin más ¿no? Pues os lo explico: hace unos meses leí una reseña sobre este libro que me dejó maravillada por el entusiasmo que transmitía el autor de la misma (Javierdd, de Ciao.es). Destacaba, sobre todo, que además de estar muy bien narrado y que los personajes estaban muy bien definidos, se trataba a ambos bando de igual manera. Por ello, dado que comparto con Javierdd el mismo afán por conocer algo más sobre cómo estos hechos afectaron a la población civil, estas fueron las razones que bastaron para convencerme. (Después leí otras reseñas, a cual más impresionante, que me remataron, como la de Laky o la de otro usuario de Ciao: Pedroemilio) Y es ahora cuando intentaré hacer lo mismo desde este sitio, porque, francamente, es una novela que nadie debería dejar escapar.
LA AUTORA:
Paloma Sánchez-Garnica (Madrid, 1962), licenciada en Derecho y en Historia, en la actualidad se dedica a escribir. Llegó a este mundo por casualidad, como ella misma afirma, pero lo ha hecho con paso firme y, hasta el momento, son cuatro las novelas que ha publicado: En 2006 publicó la primera, El Gran Arcano con Plaza & Janés. Más tarde, en 2009 publicó con la misma editorial, La brisa de Oriente, para continuar en 2010 con El alma de las piedra, hasta 2012, en que ha conseguido un gran éxito con Las tres heridas, editado por Planeta.
ARGUMENTO:
Ernesto Santamaría, un escritor en ciernes que acaba de abandonar su carrera en el mundo de la enseñanza para dedicarse a su verdadera vocación: la literatura, descubre en un paseo por el Rastro una caja de latón que contiene una fotografía y unas cuantas cartas manuscritas. Al fijarse en la imagen, observa a una pareja que posa junto a la Fuente de los Peces, de Móstoles. Al dorso están escritos los nombres de sus dueños y la fecha en que se realizó: 19 de julio de 1936. Será este el punto de partida que le lleve a investigar qué le ocurrió a esta pareja y el acicate para escribir esa gran historia que todo autor desea narrar para conseguir el éxito.
Obviamente, sus investigaciones le llevarán a resolver este puzzle de vidas truncadas, de sueños rotos, de heridas permanentes. Pero el camino no será fácil y en más de una ocasión se sentirá incapaz de discernir entre realidad y ficción, para acabar implicándose en la historia de tal manera que tendrá que ser él mismo quien resuelva la historia.
IMPRESIONES:
Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.
Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.
Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.
Miguel Hernández
Como os decía al principio, conocí este libro a través de una reseña, que me dejó claro que no podía perderme esta historia. Pero la verdad es que más allá de una excelente crítica, lo que más llamó mi atención fue el título. Enseguida –posiblemente porque uno de los poetas a los que más admiro sea Miguel Hernández- pensé en el poema, que también en su día versionó, con indudable solvencia, Joan Manuel Serrat:
Después está la cubierta, que es preciosa, donde aparece en primer plano la Gran Vía madrileña, justo donde se cruza con la calle Alcalá. Es una fotografía de la época tomada posiblemente desde la Iglesia de San José.
Y del poema, ¿qué contaros del poema excepto que de su aparente simpleza surge la esencia de lo que esta guerra fratricida supuso y las heridas perpetuas que dejó en aquellos que participaron y la soportaron?
Aunque podría decir, sin temor a equivocarme, que estamos hablando de una novela coral en cuanto a personajes, por lo bien definidos que están cada uno de los principales intervinientes en la historia y su relevancia en la misma, no puedo negar que hay dos que sobresalen de entre todos ellos. Me estoy refiriendo a Teresa Cifuentes y Mercedes Manrique. Pero antes de meternos en faena, vamos a situarlos dentro de la historia:
Por un lado, tenemos a Mercedes Manrique Sánchez, casada con Andrés Abad Rodríguez. Viven con la madre de ella, Nicolasa, viuda desde que Mercedes era una niña. En el momento en que se toma la fotografía (19 de julio de 1936) que da origen a esta historia, Mercedes se halla embarazada de siete meses. En realidad son dos fotografías (una, de la pareja, que será la que encuentre años más tarde –en enero de 2010- el escritor Ernesto Santamaría durante un paseo por El Rastro; y otra, sólo de Mercedes, que portará siempre Andrés, hasta su muerte, y que le ayudará a soportar las penalidades por las que pasará durante años).
Comparten una entrañable amistad con sus vecinos, el médico Honorio Torrejón, su esposa Eloísa García y su hija Genoveva, diez años menor que Mercedes. Y será el galeno quien, conocedor de que la desgracia se cierne sobre la más joven de sus vecinas, ya que uno de los cabecillas -un tal Merino- ha sido quien ha denunciado a Andrés y no dudará en hacer lo mismo con ella, la pondrá en contacto con el doctor Cifuentes, padre de Mario, al que acaban de salvar la vida tras escaparse de la prisión donde estaba confinado, para que viva con ellos mientras se resuelve el conflicto.
Por otro lado, tenemos a la familia Cifuentes, cuyos integrantes, excepto Teresa, harían temblar el misterio. El cabeza de familia, Eusebio Cifuentes, es un ser despótico y arisco, un firme representante de la España machista, que considera a la mujer incapaz de pensar por si misma. Su esposa, Brígida Martín, responde a ese arquetipo, pero además es cruel y despiadada, como él. Tienen cinco hijos:
- Mario: Es el primogénito. Fue hecho preso por las tropas milicianas el primer día en que estalló el conflicto, junto con dos amigos. Gracias a la intermediación de Arturo Erralde, salva su vida, aunque queda confinado en una prisión. Gracias a la ayuda de una miliciana, Luisa Sola, consigue escapar de ella, malherido al haber sido alcanzado por un tiro, para terminar recalando en la casa del tío de Andrés Abad –el tío Manolo- quien con la colaboración del Doctor Torrejón, Nicolasa y Mercedes, logrará curarse y alistarse en el ejército Nacional.
- Teresa: La segunda hija de los Cifuentes es la protagonista por excelencia de esta historia. Sin llegar a ser progresista, reconoce que el papel que hasta el momento juega la mujer en su entorno no es el que desea para sí misma. Ayuda mucho a ello su relación con Arturo Erralde, aunque tiene el inconveniente de que nunca será aceptado en su familia, pues no pertenecen a la misma clase social y sus inclinaciones políticas distan absolutamente de las que mantienen los Cifuentes. Cuando Mercedes Manrique llega a su casa, se convertirá en su mejor amiga y luchará por ella como si de una hermana se tratase.
- Los gemelos Juan y Carlos, que en el momento en que se inicia la contienda son unos simples muchachos, pero que no dudan en alistarse en el bando nacional. En realidad, quien no lo duda es Juan, pero su gemelo se deja convencer por él.
- Charito: una niñata que ha heredado lo peor de sus padres. A su soberbia habría que añadir la ingratitud.
En la casa, además de la familia conviven dos criadas. Precisamente, algunas de las cosas que les ocurren a los Cifuentes se deben al odio que durante años han conseguido que anidase en ellas por el trato recibido, por lo que a la primera oportunidad, éstas no dudan en denunciarles. Sin embargo, tanto Charito como su madre no dudarán en responsabilizar de ello a Arturo Erralde, con el único fin de dañar la relación que éste mantiene con Teresa.
Arturo Erralde: Novio de Teresa, al que la familia de ésta no acepta por su condición social y sus ideas políticas. Ha estudiado Derecho como consecuencia de una promesa que hizo a su padre en su lecho de muerte, pero su verdadera vocación es la literatura. Y fue, precisamente en la facultad, donde trabó amistad con Mario, el primogénito de los Cifuentes, lo que dió lugar a que, posteriormente, conociese a Teresa. Vive con su tía que le quiere como a un hijo, la dueña de la Pensión La Distinguida, junto a un grupo de huéspedes, de distinto calado político. Tengo que admitir que, junto con Teresa, es el personaje que más me ha gustado y el que ha dado pie a que otros personajes secundarios apareciesen en la novela, permitiéndome disfrutar como nunca creí poder hacerlo con figuras de la talla de Ramón J. Sénder, Neruda o Miguel Hernández, sin ir más lejos.
Miguel Hernández: No puede considerarse un personaje principal, pero sólo su mención en la novela es todo un aliciente como para leerla. El poeta se nos presenta como un amigo íntimo de Arturo Erralde, con quien comparte afición por la literatura e ideario político. Acuden juntos, en plena guerra, a las diferentes tertulias literarias que se celebraban en la capital o a Valencia, donde participarán en el II Congreso Internacional de Intelectuales en Defensa de la Cultura, porque la actitud de ambos durante la contienda es la de preservar la cultura de la rapiña circulante. Y será precisamente Arturo quien guarde, junto a otros poemas originales, por expreso deseo del poeta uno de los manuscritos de El hombre acecha, obra que en principio llegó a imprimirse en Valencia, pero que estando a falta de encuadernarse, fue destruida por orden del ejército franquista. Precisamente, en el año 1981 pudo ser publicada, ya que quedaron dos manuscritos.
Ernesto Santamaría: Durante años ha ejercido como profesor de Literatura en el Colegio del Pilar, pero su profesión frustrada es la de escritor. Hasta la fecha, sólo ha publicado una novela, que pasó sin pena ni gloria para el gran público. Es viudo desde hace cinco años y fue precisamente su esposa, Aurora, quien antes de morir dejó todo estipulado para que pudiese abandonar su empleo y de ese modo volcarse de lleno en su vocación, donándole su vivienda (que era un bien privativo) y que junto a la pensión de viudedad y los ahorros obtenidos con la venta de un piso de su propiedad, le permitieran subsistir de manera digna.
Ernesto es el encargado de completar el puzzle con la información que a lo largo de la historia va descubriendo, tras encontrar la vieja fotografía en la que, excepto los nombres de la pareja y el lugar en que fue tomada, poco más conoce. Pero también será el hilo conductor que exprese al lector las inquietudes del autor vocacional, sus miedos e incertidumbres, la frustración en la que cae en más de una ocasión, temiendo no ser capaz de transmitir todo aquello que le dicta su mente.
Ahora, que más o menos conocemos a los protagonistas, imagino que me entenderéis si os digo que hay novelas que, por la razón que sea, te llegan al alma. Ésta en particular, sin lugar a dudas, es una de ellas. No puedo explicar exactamente un motivo concreto, porque a través de las situaciones que se plantean y el carácter de sus personajes, -buenos y malos- he disfrutado enormemente en muchas ocasiones. En todo momento he sentido la certeza que esos personajes existían, eran muchos los detalles que me hacían percibir que eran más que reales, sobre todo teniendo en cuenta que la novela no está escrita desde el punto de vista de lo testimonial.
Para que os hagáis una idea: el marido de Mercedes Manrique, era un simple agricultor, al que la política le importaba más bien nada; es decir, uno más entre el grueso de personas que participaron en aquella masacre. Nacido en Móstoles, de donde no había salido nunca hasta el aciago día en que junto a su hermano Clemente fue hecho preso mientras labraba sus tierras… ¿Y adónde quiero ir a parar? Pues a que Sánchez-Garnica, en la presentación en Móstoles de esta novela, nos explica precisamente que fue su suegro quien pasó por la misma circunstancia que Andrés, aunque en otro pueblo:
“En 1936 era un agricultor de 19 años y de Navalcarnero les llevaron a él y a su hermano a un colegio de monjas a Madrid. Estuvo preso e hizo trabajos forzados construyendo barricadas y zanjas, la vía Negrín, quitando nieve en la Sierra. Siempre contaba que pasó tanta hambre que hasta se comió un perro y sufrió muchísimas humillaciones. Decía que le daba lo mismo que le pegaran un tiro, qué debilidad mental y física hay que tener para pensar eso. Una vez fue andando desde Las Rozas hasta Móstoles, se comió dos platos de garbanzos en Casa Manolo, vomitó y se volvió. Estas anécdotas me han ayudado a escribir la novela".
Y son tantas anécdotas como ésta las que dan credibilidad a la historia, independientemente de la carga de ficción que lleva implícita.
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| Puerta del Sol, Madrid |
En la novela se alterna pasado y presente, a fin de cuentas, es en enero de 2010 cuando Ernesto Santamaría encuentra una fotografía de 1936 y tira del hilo. Pero a su vez, cuando la narración se traslada al pasado, también se desarrolla en dos momentos diferentes: el primero, durante los tres meses del inicio de la guerra; el segundo, al final de la misma, cuando el bando vencedor entra en el Madrid del “No pasarán”. Resulta curioso ver cómo han evolucionado los personajes, ya que mientras en la génesis de la contienda creían que la guerra era cuestión de semanas o de unos pocos meses y observan con recelo los cambios que se están produciendo, las detenciones, las muertes, los “paseos”, después veremos como el desaliento y el hambre ha hecho mella en ellos, porque Madrid no vitorea al ejército ganador, sino que sólo desea que la pesadilla termine de una vez y que pase lo que tenga que pasar. Ni siquiera se plantean lo que vendrá después, sólo desean terminar de una vez por todas con la incertidumbre.
Y lo que vino después, lo explica con rotundidad, pero sin un ápice de dudas, Genoveva:
“-Franco no fue generoso, no señor, no lo fue, ni él ni los que le rodeaban. Debía de ser muy rencoroso y decían que tenía mucho miedo de que le quitasen del poder. Menudo era. Ahora lo puedo decir, antes había que callar, que hemos vivido todos con la boca bien cerrada y, en muchos casos, mirando para otro lado. Pero ahora sí que lo digo. Hubo muchos meapilas y aprovechados que se apegaron al poder y levantaron el brazo en alto gritando vítores a Franco. Tampoco se crea que los critico, no en aquellas circunstancias. Por eso le digo que muchos de los que no regresaron fueron olvidados, porque si se los buscaba se corría el riesgo de encontrar la desgracia propia y la de toda la familia, porque el que caía, arrastraba a todos los que estaban alrededor, como si fueran apestados. Había que seguir viviendo…”
En cuanto a estilo, la novela me ha parecido impecable, amena y fácil de leer. La trama está muy bien urdida (aunque hay algunos errores de poca importancia). Los diálogos son interesantes y las descripciones te invitan a sentirte parte de los lugares donde transcurre la acción. Y no sólo se trata de ese Madrid de entonces o del de ahora, del Rastro, de esas largas caminatas desde la calle del General Martínez Campos en busca de alimentos; o hacia la pensión donde residía Erralde… sino de Móstoles, pueblo en el que nunca he estado, pero que en más de una ocasión me ha apetecido acercarme y visitarlo, para conocer su más que famosa -desde la publicación de esta novela- Fuente de los Peces, su ermita, su plaza o su cementerio local, porque me he sentido en muchos momentos como un testigo mudo de todo aquello.
Pero hay algo en lo que tengo que incidir y que me ha llamado la atención: he encontrado muchas faltas, tanto de ortografía como gramaticales. Y no lo entiendo. Pensaba que era un mal común en editoriales pequeñas, que teniendo en cuenta el duro momento que atraviesa esta industria, estaban prescindiendo de los correctores. Pero tratándose de un grupo como Planeta, me he quedado de una pieza. También me ha comentado Laky que estos fallos sólo se dan en la primera edición (es la que tengo) y que ya han sido subsanados. Eso espero.
CONCLUSIONES:
Si lo que buscas es una novela histórica, que refleje fehacientemente lo que ocurrió durante esta guerra fratricida, desde lo vivido en el frente, esta no es la mejor elección, te lo aseguro. Pero si te pasa como a mi, que huyendo de las situaciones bélicas, lo que te atrae es lo que le pasó a la sociedad civil de la época, cómo se vivía y sentía en este momento específico de nuestra historia, te aseguro que Paloma Sánchez-Garnica ha elaborado una historia fascinante, que te enganchará desde el principio y una vez que te hayas sumergido en la historia, te aferrarás a ella, ya que es capaz de despertar toda clase de sentimientos encontrados, serás partícipe del sufrimiento y el miedo, del hambre, de las mentiras, de los sueños rotos, de esas tres heridas: la del amor, la de la vida y la de la muerte. Pero también comprenderás que incluso entre la podredumbre y el hedor florece el amor inquebrantable, la amistad inexorable y la solidaridad, personificadas en Teresa, Mercedes y en tantos personajes secundarios de esta maravillosa historia.
