viernes, 20 de septiembre de 2019

EL ECO DE LA PIEL, de Elia Barceló




DATOS TÉCNICOS:


Título: EL ECO DE LA PIEL
Autora: Elia Barceló
Editorial: Roca Editorial
Colección: Novela
ISBN: 978-84-173-0568-0
Páginas: 542
Presentación: Tapa dura con sobrecubierta




He leído varias novelas de Elia Barceló y en todas ellas, al acabarlas, me he sentido como aquel que dice adiós a un viejo amigo que se marcha para una larga temporada. La congoja y la nostalgia se apoderan de mí mientras temo esa odiosa vigilia que me prive de personajes y tramas tan fascinantes como los que ofrece, a manos llenas, esta autora, en cada uno de sus libros. Y digo que me sentía así al acabarlas porque acabo de llegar prácticamente de vacaciones y todavía estoy en “modo zen”, intentando no ponerme vehemente –que es mi estado natural-, porque la realidad es que cada vez que abordo una nueva lectura de esta escritora, me da coraje pensar que voy a terminarla, que en un momento dado se acabará ese placer infinito que siento siendo testigo mudo de sus historias.

Pero mira por donde, hoy también voy a activar el “modo Pantoja” y os voy a confesar que si leer cualquier novela de Elia Barceló es como rozar con los dedos el paraíso Vallhalla, conocerla en persona y poder hablar con ella de sus novelas es como entrar directamente en el Salón de los Caídos de Asgard por la puerta grande y sentarte a la diestra de Odín rodeada de nobles guerreros y valkirias.

Algo así nos pasó a las Yincaneras que nos reunimos con ella el pasado 9 de junio para acudir juntas ese fin de semana a la Feria del Libro. Fueron tres días de traca, de encuentros con escritores, de pasar las horas a pie de caseta y de risas compartidas. Y Elia, lógicamente, contribuyó a convertir ese día concreto en memorable.
¿A que me entendéis?






Elia Barceló (Elsa, Alicante, 1957).  Estudió Filología Anglogermánica en la Universidad de Valencia y Filología Hispánica en las universidades de Alicante e Innsbruck, Austria, obteniendo el doctorado en esta última en 1995 con su tesis La inquietante familiaridad, que gira en torno a los arquetipos del terror en los relatos de Julio Cortázar. En la actualidad reside en Austria, donde es profesora de literatura hispánica, estilística y creativa en la Universidad de Innsbruck, en Austria.

Ha publicado novelas, ensayo y más de veinte relatos en revistas españolas y extranjeras. Parte de su obra ha sido traducida al francés, italiano, catalán y esperanto. Entre 1994 y 1995 colaboró en El País de las Tentaciones con artículos de opinión.

CUENTOS:
- La belle dame sans merci. Cuento.
- La Dama Dragón, 1981. Cuento.
- Embryo, 1981. Cuento.
- Minnie, 1981. Cuento.
- Catarsis, 1981. Cuento.
- Pasen, señores, pasen, 1982. Cuento.
- El jardín de las flores que se columpian, 1983.
- La mujer de Lot, 1984.
- Nosotros tres, 1984.
- Una antigua ley, 1986.
- Piel, 1989.
- La estrella, 1991. Ganadora del Premio Ignotus 1991.
- Cobarde, 1992.
- Loca, 1993.
- Estreno, 1994.
- Metáfora del que corre en el desierto, 1994. Alana, 1994.
- El día más feliz, 1994.
- Anunciación, 1996.
- Ritos, 1997.
- Il regalo, 1998.
- La trama, 1998.
- Oscuro, como un cristal, 1998.
- El beso: leyenda umbriliana. En: Leyendas de Bécquer. Zaragoza: 451 Editores, 2007.
- Between Heaven and Hell. En: Don Juan. Zaragoza: 451 Editores, 2008.
- La luciérnaga. En: 21 relatos contra el acoso escolar. SM, 2008.
- La tienda de Madame Chiang. En: Bleak House Inn: Diez huéspedes en casa de Dickens. Santos, Care. Nevsky Prospects, 2012.
- 2084. Después de la revolución. En: Mañana todavía: Doce distopías para el siglo XXI. Fantascy, 2014.
- La Maga y otros cuentos crueles. Cazador de ratas, 2015.


NOVELAS:
- Sagrada (Ediciones B, 1989).
- Consecuencias naturales. (Miraguano, 1994). Novela.
- El mundo de Yarek. (Ediciones B, 1994).Ganadora del Premio UPC 1993.
- El caso del artista cruel. (Edebé, 1998). Ganadora del Premio Edebé de literatura infantil y juvenil 1997.
- La mano de Fatma (Alba, 2001).
- El vuelo del hipogrifo (Editorial Lengua de Trapo, 2002).
- El caso del crimen de la ópera. (Edebé, 2003).
- Si un día vuelves a Brasil. (Alba editorial, 2003).
- La roca de Is. (Edebé, 2003).
- El secreto del orfebre, 2003. (Lengua de Trapo, 2003, reeditado por Roca en 2017).
- Disfraces terribles (Lengua de Trapo, 2004).
- El contrincante (Minotauro, 2004).
- Cordeluna (Edebé, 2007). Premio Edebé de Literatura Infantil y Juvenil, 2007.
- Caballeros de Malta. (Edebé, 2007).
- Corazón de Tango, (451 Editores, 2007).
- El almacén de las palabras terribles (Edelvives, 2007).
- Las largas sombras (Ediciones Ámbar, 2009), reeditado por Roca Editorial en 2018).
- Anima mundi (Ediciones Destino, 2013).
- Por ti daré mi vida. (Edebé, 2014).
- El color del silencio (Roca, 2017).
- El eco de la piel (Roca, 2019). 






Cuando a Sandra Valdés, joven historiadora en paro, le encargan que escriba la biografía de Ofelia Arráez -la gran empresaria y constructora, referente obligado en el mundo de la moda del calzado femenino-, ella acepta el reto sin imaginar los secretos que se ocultan en los noventa años de esa mujer contradictoria y poderosa, sin saber que lo que va a descubrir cambiará también su vida.

Como es habitual en las novelas realistas de Elia Barceló, la historia se articula en dos tiempos:

En el presente, Sandra, atraída por una oferta que le dará suficiente dinero como para replantearse su futuro y abandonar la precariedad de su trabajo en una cadena de ropa en Madrid, decide volver durante un tiempo al pueblo de su infancia a redactar la biografía que le ha encargado don Luis, hijo de la famosa Ofelia, para lo cual tendrá que investigar y entrevistar a personas que la conocieron.

Cada una de ellas muestra una verdad parcial sobre Ofelia; cada documento encontrado -fotos, cartas, cintas, noticias- va descubriendo a una mujer distinta, va creando un personaje contradictorio, a veces incomprensible, otras veces convencional, otras potencialmente oscuro y peligroso.

El pasado está lleno de secretos, de malentendidos, de versiones que no casan entre sí. Pero también sucede con el presente, porque los seres humanos somos fuente de misterio, ocultamos cosas, callamos, tergiversamos. 

En su propio pueblo, Sandra irá descubriendo que nada es lo que parece, que la vida está llena de sorpresas y no todas son agradables. Uno es tanto lo que es como lo que parece, lo que elige mostrar al exterior, y cada uno de nosotros va descartando pieles a lo largo de su vida, como las serpientes, y va dejando ecos de sí mismo en todos los que alguna vez lo conocieron.






ANATOMÍA DE LA PIEL:

No hay que ser un lumbreras para saber que la piel es el órgano más grande del cuerpo. Aunque quizás, lo más sorprendente que se puede decir sobre ella es que a nivel “arquitectónico”podría considerarse un prodigio que no puede explicarse por las leyes regulares de la naturaleza. Es obvio que para la mayoría de nosotros no deja de ser ese envoltorio que cubre todo nuestro cuerpo y lo protege de los agentes externos, pero no podemos quedarnos en la espuma del mar cuando hablamos de un fenómeno en toda su extensión.

Ello se debe, naturalmente, a varios factores y en particular a sus estructuras secundarias, que constituyen el sistema tegumentario. Y es que la piel está compuesta de múltiples capas de células y tejidos, donde coexisten incontables vasos sanguíneos -que se alojan en la parte más profunda-, con fibras nerviosas sensoriales, simpáticas y autónomas que garantizan la comunicación desde y hacia el cerebro.

No obstante, dependiendo de la zona del cuerpo, la piel está compuesta por dos áreas diferentes: la epidermis y la dermis (aunque debajo de esta última hay una tercera capa llamada hipodermis).

Y sí, ya sé que a estas alturas –o puede que varios párrafos antes- os estaréis preguntando qué habré tomado/fumado y en qué condiciones para que me haya sentado tan mal y esté confundiendo el hablar sobre un libro con algo para lo que no tengo ni tablas ni grandes conocimientos. Y llevaréis razón, os lo aseguro. Pero es lo que tiene el que una novela, precisamente, tenga un título tan acertado, tan sugestivo, donde al empezarla sueñas con encontrarle sentido cuanto antes (porque todos los títulos de Elia Barceló lo tienen) y cuando la terminas esa percepción está más que saciada. Porque si la palabra “eco” tiene múltiples acepciones y todas ellas le van que ni pintadas a esta historia, es la de “piel” la que aglutina todas las sensaciones.

Y es que esas dos áreas diferentes a las que me refería anteriormente y que componen este órgano serían los dos tiempos en los que se articula y transcurre este relato: Por un lado, la epidermis, la capa más superficial, sería el tiempo presente en el que se desarrolla la acción. Ahí nos encontramos con Sandra Valdés, una joven licenciada y con máster en Historia que tiene un trabajo en una tienda de ropa en Madrid tan precario como su situación sentimental. Es por ello que decide volver por una temporada a Monastil, su pueblo natal, tras aceptar un encargo tan peculiar como sustancioso a nivel económico: ocuparse de redactar la biografía de Ofelia Arráez, pionera en su tierra como empresaria de proyección internacional en unos tiempos imposibles, a instancias de su hijo Luis. Obviamente, él espera un panegírico encubierto, pero ella está más por la labor de entrevistar a las personas que la conocieron e investigar a fondo sobre su pasado.

Por otro lado, la dermis, la capa más profunda, se inicia en 1939, cuando Ofelia se queda huérfana y conoce a Anselmo, su marido. Esta etapa termina en 2003, cuando ya es una anciana que cavila sobre una vida llena de proyectos, de sueños cumplidos y desengaños solapados, de triunfos y algún fracaso íntimo, pero apasionante en todos los sentidos.

Y es más profunda porque mientras la investigación de Sandra resulta de lo más interesante a medida que aparecen fotos, cartas e incluso objetos de Ofelia que nos muestran a una mujer paradójica y poliédrica, no deja de ser nada más que la coraza que blinda su existencia, la envoltura capaz de soportar cualquier tipo de agresión natural. Será en la segunda parte donde descubrimos a un personaje mucho más profundo, abisal en algunos momentos, que nos va desarmando página a página. Porque ahora el relato ya no es una investigación como en la primera parte que se va orquestando a base de hallazgos, sino que está cimentado por medio de escenas que van evolucionando de manera lineal y el pulso narrativo es más intenso. Entonces sí, entonces conocemos el origen real de Ofelia, su relación con Anselmo, su compañero de vida que murió demasiado pronto; a Gloria, su amiga cómplice e incondicional o a Ángel, el hijo de la segunda que llegó a convertirse en el hombre de confianza de la primera, cargo del que, con el tiempo, sería relevado por su propio hijo, Luis, junto al nieto de Gloria: Alberto.

Y la historia se llena de giros, de sobresaltos, de misterio y mimetismo. Nada es lo que parece porque todos los personajes tienen algo que ocultar. Y comenzamos a escarbar en una segunda piel, pues la primera solo hacía las veces de armadura, de máscara. Ahora aparece la esencia como ser humano de cada uno de ellos, no solo la de Ofelia. Empezamos a conocerlos por dentro y vemos, a su vez, como con el tiempo van cambiando de piel, como las células van mutando para hacerse más fuertes. Y esas permutas van dejando su propio eco a través de su existencia. Y es aquí donde ellos nos envuelven sin remisión, porque son muchos los temas que trata esta novela: desde lo que representa la memoria y los recuerdos -propios y ajenos-, a los que dejamos en los demás; desde nuestra identidad, a la que mostramos a los demás y viceversa, pero también las reservas, los miedos e, incluso, hasta dónde se puede llegar por venganza.

Y es que Sandra no deja de ser una intrusa en esta historia que poco a poco se desvelará ante nuestros ojos adquiriendo un ineludible protagonismo, dado que su aparición en escena y sus pesquisas posteriores irán esbozando las vidas de los demás. Nos permitirá profundizar en la vida, pública y privada de Ofelia, pero también en las de su entorno, porque a través de ella iremos descubriendo toda una galería de personajes excepcionales, así como sus miedos, pasiones, frustraciones y secretos.

Y es obvio porque las primeras pesquisas nos dan una imagen que luego las siguientes se ocuparán de desmontar. Porque, como todo en la vida, nadie se expone alegremente a la vista de todos, ni a su juicio. Ni todo lo que hace, ni todo lo que piensa. Todos, indefectiblemente, guardamos cadáveres en el armario. Todos tenemos circunstancias que otros, incluso con la mejor de las intenciones, pueden no entender ni compartir. De hecho, todavía recuerdo la manía que cogí al principio a Ofelia, para luego caer rendida a sus pies a medida que iba conociendo sus secretos. Me pasó lo mismo con muchos otros personajes. Creo que solo se salvó de la quema Anselmo, porque me pareció tan impecable en su construcción como honrado en su trayectoria por la historia… quizás porque murió joven. O algo así. Mención aparte merece Selma Plath. Solo por leer esos fragmentos de La memoria es un arma cargada de coartadas. Recuerdos y reflexiones, el libro merece la pena. Es oro molido. Y son de ella las reflexiones sobre que estamos hechos de palabras, siendo las ajenas las que hilan los recuerdos y dan forma a la historia de una persona.



Elia Barceló utiliza una prosa elegante y sosegada en una historia afable que busca, desde el primer momento, la complicidad del lector. Y lo hace de una manera inconmensurable, porque es formidable, atrevido y cabal. Escrito alternando dos voces: la de un narrador omnisciente y la de Sandra en primera persona, el escenario cobra también visos de protagonista, porque Monastil, ese pequeño pueblo levantino que la autora nos describe con profusión de detalles, hasta el punto en que llegamos a creernos que realmente existe por mucho que sepamos de antemano que Elia Barceló ha preferido decantarse por tomar el nombre del poblado iberorromano en donde ahora se asienta Elda, quizás para que su paisanos no busquen en vano identidades ocultas que no ayudarían a la historia, se convierte en el caldo de cultivo por el que deambula un elenco de personajes excepcionales que buscan darle sentido a su vida porque todos ellos, en mayor o menor medida, ayudan a dar forma a una historia fascinante basada en la vida de una protagonista que, aunque ausente, es emblemática y carismática a rabiar.  




¿Qué puedo decirte de El eco de la piel y de su autora que no te haya dicho ya? Sí acaso, solo me queda resumir lo dicho anteriormente para que te hagas una idea de lo que puedes encontrarte si decides abordar una novela excepcional:

- El eco de la piel es una novela soberbia donde la intriga está más que presente desde las primeras páginas y cuyo desarrollo va in crescendo hasta llevarnos a un desenlace memorable.

- La calidad literaria de El eco de la piel es innegable y se percibe en cada párrafo, en cada frase. Con un estilo exquisito y un uso exacto del vocabulario que, aunque dicho así parece una observación fría, es todo lo contrario. De hecho, me maravilla su aparente naturalidad o su claridad ya que es lo suficientemente preciso a la hora de describir a los personajes o cualquiera de las situaciones o escenas con las que nos encontramos en la lectura y que por el modo y uso que hace de él, se convierten en sublimes las más de las veces.

- Resultan conmovedores algunos párrafos de la novela, en particular toda la parte narrada por Selma Plath que, a su vez, es un particular homenaje de Elia Barceló a las escritoras Selma Lagarlöff y Sylvia Plath. Y por supuesto y siempre presente, Julio Cortázar en su encanto por lo cotidiano y la magia de las personas y sus secretos.

- La novela no está exenta de alguna que otra denuncia, bastante sutiles, bien cuando habla de la precariedad del empleo en la actualidad y lo complicado que lo tienen los jóvenes o bien contra esos nuevos ricos capaces de derrochar hasta la extenuación para mostrarle al mundo todo lo que han conseguido sin reparar en de dónde han salido.



lunes, 19 de agosto de 2019

LA SONRISA DE LOS PÁJAROS, de Lea Vélez




DATOS TÉCNICOS:

Título: LA SONRISA DE LOS PÁJAROS
Autora: Lea Vélez
Editorial: Ediciones Destino
Colección: Áncora & Delfín
ISBN: 978-84-233-5487-0
Páginas: 432
Presentación: Rústica con solapas





Llevaba años queriendo conocer la prosa de Lea Vélez y, por unas cosas o por otras, dejaba pasar las oportunidades. Una tras otra. Era como una espinita que me hostigaba regularmente en cada publicación o bien en esos momentos en los que en mi mente bloguera se iba forjando la idea, cada vez más latente, de que me estaba perdiendo algo grande y a alguien importante. Solo que a veces, esa misma idea, se quedaba dormida en algún rincón del cerebro.

No obstante, llegó el día cuando el pasado mes de marzo Ediciones Destino nos invitó a la presentación de La sonrisa de los pájaros en la emblemática librería Rafael Alberti. Solo la sinopsis de la novela ya era un reclamo contundente y el título, un oxímoron en sí mismo, pura fantasía.. La historia apuntaba maneras, pero fue el ahínco y el calor con el que Gema, Loreto y Elena me hablaron de la autora y sus libros el motivo por el que entendí que no podía perdérmela.

Ya en la presentación la autora me ganó para su causa, pues disfruté una barbaridad conociendo los pormenores de la historia, el modo en el que abordaba la trama, el cómo iba añadiendo contenido a la misma basado en sus propias experiencias personales y un sinfín de pequeñas anécdotas sobre cómo ella ve este oficio lo que me hicieron salir convencida y satisfecha de aquel evento.

Sin embargo, su lectura quedó relegada en la estantería, parecía que necesitaba su tiempo. Quienes conocéis la dinámica de #SoyYincanera, sabéis que se nos acumulan los libros, precisamente porque abordamos cada uno de ellos como si fuera único. Y así tenía que seguir siendo con este. Por ello, aproveché las vacaciones para poder disfrutarlo plenamente, sin prisas, tomándome mis pausas y de ese modo sacarle todo su potencial. Creo que lo conseguí y, de paso, invité al grupo para que quien quisiera o pudiera hacerlo me acompañasen.



Lea Vélez (Madrid, 1970). Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Complutense de Madrid, más tarde se graduó en Guión por la Escuela de Cine, también de Madrid. Ha escrito infinidad de guiones para televisión.


BIBLIOGRAFÍA:
El desván (Plaza & Janés, 2004).
La esfera de Ababol (Planeta, 2005).
El jardín de la memoria (Galaxia Gutemberg, 2014).
La cirujana de Palma (Ediciones B, 2014).
Nuestra casa en el árbol (Destino, 2017).
La sonrisa de los pájaros (Destino, 2019).




Alma, periodista y escritora de treinta y cuatro años, regresa a Paraíso, la urbanización en pleno campo en la que vivió hasta la adolescencia, veinte años después de que un trágico accidente acabara con su felicidad familiar. Llamada por un impulso inconsciente, alquila la casa en plena naturaleza donde creció para tratar de reencontrarse con los recuerdos, en la esperanza de que sirvan de respuesta a sus preguntas vitales.

El accidente de su familia coincidió en el tiempo con el terrible caso del “milano negro”, nombre que le dio la prensa al asesinato de una madre y sus dos hijos en los parajes naturales de Paraíso, un crimen del que se habló durante años, conmocionando al país, y por el que un hombre que podría ser inocente lleva veinte años en prisión. Alma decide escribir la historia de lo sucedido, hallando nuevos datos y entrevistándose con los protagonistas del drama. La búsqueda de la verdad la reconectará con Javier, un antiguo profesor del que estuvo enamorada, y que, debido a su afición a la cetrería, fue el primero en encontrar a las víctimas durante una de las salidas campestres con su halcón. Mientras Alma encaja las piezas del libro, reflexiona sobre las diferencias entre la realidad y la ficción, la inocencia y la culpabilidad, la necesidad que tiene el hombre de construir un relato hilado de unos hechos incomprensibles, quizá aleatorios, y se encontrará con su propia historia, descubriendo la naturaleza desbordante que la rodea, la verdad de su pasado y algo que jamás pensó llegar a conocer: el verdadero sentido del amor.






Cada día impera más la mezcla de géneros en los libros que se publican. Ahora son muy pocos los que se pueden encuadrar en uno solo: hay novelas de corte histórico basadas en hechos reales en las que la intriga o algún que otro asesinato tienen indudable trascendencia y llevan todo el peso de la trama; o bien novelas negras o detectivescas en las que la relevancia la ocupa una historia de amor sublime. Claro que también nos encontramos, las más de las veces, con novelas en las que puede ocurrir de todo un poco. Eso, desde mi percepción, es lo que ocurre con La sonrisa de los pájaros, una novela en la que se dan cita intriga, asesinatos y una original historia de amor junto con una clase magistral de cetrería, sin dejar de lado algún que otro secreto de familia que harán la lectura todavía más amena.

Y si el desenlace es perfecto, como ocurre en este caso, porque no es que Lea Vélez ponga cada pieza en su lugar, que lo hace, sino por el modo en que es capaz de transmitirlo. Entonces sientes que has entrado en el paraíso del lector. Perdón, ¿he dicho paraíso? Borrar esa palabra de vuestra mente y buscar un sinónimo más acertado... ahora os explico por qué:

Alma Guerrero es periodista y escritora. Le apasiona investigar sobre hechos reales y, a tenor de los resultados, trasladar al papel esas historias. Como es lógico, estas suelen girar en torno a temas que en su día no siempre quedaron claros, bien porque las pesquisas que se realizaron no se llevaron de la manera más ortodoxa posible, dado que quedaron cabos sueltos en ocasiones inexplicables para cualquiera que tuviese dos dedos de frente o bien porque alguien hacía que esos cabos cuadrasen.

Y ahora ha decidido volver al pequeño pueblo de la sierra madrileña en el que pasó su infancia y parte de su adolescencia porque va a investigar un crimen acaecido en la misma urbanización en la que ellos vivían. Han pasado veinte años desde entonces, veinte años desde que sufriera el fatal accidente que acabó con la existencia de sus padres y su única hermana en 1996, cuando apenas tenía catorce años y del que salió milagrosamente con vida, aunque con lesiones importantes. Y aquel crimen que se cometió prácticamente a la vez que el accidente que le marcó la vida, es el que pretende investigar, ya que cada vez son más las voces que dicen que el verdadero responsable de “El crimen del milano negro”, como la prensa lo bautizó, campa a sus anchas mientras un inocente duerme en prisión.

Empezó a recabar la información que le facilitó internet, pues aquel siniestro suceso que llenó las portadas de la prensa en su día, que generó miles de artículos y programas de televisión y del que llegaron incluso a hacerse documentales, se saldó con la condena de Miguel Belén Escuredo, alias el Francés, con una sentencia a ciento setenta años de cárcel por los asesinatos de Vera Manrique y su hijo Pablo Salaverría, así como asesinato en grado de tentativa y torturas de su hija Mila, más una indemnización a la familia de trescientos millones de pesetas un 20 de diciembre de 1997. Sin embargo el acusado, al escuchar la sentencia, se declaró inocente y lo sigue manteniendo a día de hoy.


El primer testimonio se lo brindará Javier, el que en su día fuera su profesor de biología y del que se enamoró en su adolescencia. Él no la recuerda, o eso dice cuando Sonsoles, su amiga de la infancia, se lo presenta. Javier, que aunque sigue siendo profesor, también es cetrero, fue la persona que encontró los cadáveres de Vera y Pablo y el cuerpo de Mila a punto de fenecer junto a un pequeño bosque, cerca del arroyo. También quien llamó a la Guardia Civil. Aquel día había salido de caza con Garbo, su milano, cuando se tropezó con aquella escena dantesca. Todavía lo recuerda como entonces y, si olvida algún detalle, siempre puede recurrir a sus Cuadernos de campo, donde apunta todo.


Poco a poco empezarán a conocerse, irán intimando. La relación pasará de una simple amistad a algo más profundo. Pero siempre hay un “pero” y la felicidad, tan esquiva ella, se verá empeñada más veces de las deseables por los recelo. Sin poder evitarlo, Alma intuye que Javier es una mentira andante, que esconde algún secreto insalvable y se ve incapaz de confiar en él. A su vez, ella, que hasta entonces había sido una descreída en el terreno sentimental, dudará de sus sentimientos, los propios y los ajenos. 

Y el libro de Alma comienza a tomar forma a medida que va recabando  datos, retazos de una realidad que no le es ajena, porque todos, de alguna manera, necesitamos nutrirnos de las historias de otros para huir de la propia. Se reunirá con Daniel Salaverría, marido y padre de las víctimas, un hombre afable por definición, siempre abierto a hablar del tema con periodistas y escritores, quizás porque él, en su día, también escribió un libro testimonial y se sintió en deuda por la promoción que le prestaron. Y también con Mila, superviviente de la masacre o con el responsable de la investigación que se llevó a cabo en su día. Toca todos los palos posibles, sin olvidar que puede que hayan condenado a un hombre inocente (de estos hechos, porque de otros bien merecería que le dejaran encerrado y tirasen las llaves al mar) y se reúna con su abogado, buscando resquicios de su inocencia.

Con todo ello, Alma inicia, a su vez, un viaje al pasado, porque su atracción por este crimen viene de lejos, de cuando convalecía en el hospital como consecuencia del accidente sufrido mientras la televisión bombardeaba a cualquier hora con la aciaga noticia. Para ella fue la fórmula de salir adelante, empapándose de todo lo que el suceso generaba para no reparar en su propia desdicha. En su soledad. En su dolor. Después, cuando le dieron el alta, sus tíos se la llevaron con ellos a vivir a Inglaterra. Desde entonces, hasta ahora, no ha vuelto a pisar la urbanización donde se crió. El sitio que ocupa un lugar muy especial en su memoria y donde siempre fue feliz cuando estaba con los suyos. Es el momento de emprender un viaje de ida y vuelta del presente al pasado, de empezar a conocerse a sí misma porque todavía le queda mucho por descubrir y el camino puede complicarse.

Y si el libro va tomando forma, la vida de Alma, sus miedos, sus desvelos, va tomando fondo. Y también lo hace la de aquellos que la rodean, personajes a los que la esperanza parece haberles dejado de lado, porque todos llevamos una mochila y, algunos, parece que colmada de piedras. Algo así le ocurre a Javier, a quien conocemos a través de sus Cuadernos, que se debate preso de la incertidumbre entre si contar o no a Alma un secreto del pasado, un secreto que puede acabar con su relación en caso de descubrirse, pero que la va minando poco a poco, sembrando dudas, despertando desconfianza.


Y las piezas van encajando, tanto en el libro como a título personal a medida que Alma, a base de reflexiones, se nos manifiesta como un personaje fascinante. Ya no es tanto cuando razona sobre la literatura, sobre sus motivaciones personales a la hora de escribir o de cómo hacerlo, que son fantásticas, sino cuando lo hace sobre la  verdad y la mentira, la realidad y la ficción, la culpa y la inocencia o a través de sus conversaciones con Beakker, otro personaje inolvidable y decisivo en esta historia indeleble que casi parece un juego de espejos donde la vida se proyecta como una presencia inquietante.

En definitiva, La sonrisa de los pájaros es esa novela que desde las primeras páginas ya sabes que has deseado leerla siempre, que las esperabas desde hace mucho tiempo, pero no la encontrabas. Y cuando la devuelves a la estantería, lo haces con una sonrisa en los labios, porque has encontrado un bálsamo para el alma, un bálsamo al que sabes que recurrirás tarde o temprano.






martes, 23 de julio de 2019

LOS SEÑORES DEL HUMO, de Claudio Cerdán




DATOS PRÁCTICOS:

Título: LOS SEÑORES DEL HUMO
Autor: Claudio Cerdán
Editorial: Ediciones B
ISBN: 978-84-666-6587-2                                   
Páginas: 560
Presentación: Rústica con solapas




Llevaba mucho tiempo queriendo leer a Claudio Cerdán. Pero no me daba la vida por tanto charco en el que me meto. Sin embargo, un buen día un tweet se cruzó en mi camino. El autor venía a decir, más o menos, que Los señores del humo era su mejor novela y que las anteriores habían sido una especie de ensayo hasta llegar aquí. Y la insolente que a veces habita en mí y aprovecha de vez en cuando para soltar impertinencias en Twitter, no se pudo resistir y le contestó que le extrañaba que siendo así, no la estuviésemos leyendo en #SoyYincanera. Y Cerdán se puso en movimiento y nosotras tan contentas. Y como toda acción tiene su reacción, hoy me veo en la disyuntiva de hablar de una novela que me ha robado el alma y las neuronas y a punto ha estado de llevarme al psiquiatra de cabeza, porque me ha hecho sentir incluso miedo, sin ser una novela de terror, pero claro, a veces la realidad es más dura que la ficción.


Y el caso es que ese deseo de conocer a este escritor se ha visto más que satisfecho… solo que ya le conocía y no lo recordaba. De eso me di cuenta justo al hacer esta reseña, cuando me encontré al buscar su bibliografía que hará cosa de tres años leí El club de los mejores, solo que no me percaté que era él quien estaba detrás del seudónimo de Arthur Gunn. Y me alegro, porque esa novela me encantó en su día y volver a reencontrarme con él me ha hecho comprobar que será uno de esos pocos autores de culto personal a los que seguiré de ahora en adelante, esta vez como lectora y no como insolente.




Claudio Cerdán (Yecla, 1981), es un escritor de novela negra español, aunque también ha publicado en el género fantástico. Ha participados en varias antologías, escrito guiones, dirigido cortometrajes y dibujado cómics, entre otras actividades.

Sus libros se han publicado en España, Argentina, México y Francia, entre otros países. En la actualidad reside en Suecia.

- El dios de los mutilados (Equipo Sirius, 2008).

- Cicatrices (Equipo Sirius, 2010). Segunda parte de El dios de los mutilados.

- El país de los ciegos (Ilarión, 2011). Premio Novelpol a la Mejor Novela Negra del año y finalista del XIII Premio Lengua de Trapo y del Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón.

- Cien años de perdón (Versátil Ediciones, 2013), finalista de los Premios LeeMisterio.com 2013 como Mejor Novela y en el II Premio de Novela Pata Negra que otorga la Universidad de Salamanca. Recomendado por El País como una de las mejores novelas negras de 2013.

- Un mundo peor (Versátil Ediciones, 2014), ganó el I Premio Ciudad de Santa Cruz a la Mejor Novela Negra de 2014 y finalista del II Premio Valencia Negra y del III Premio Pata Negra.

- La revolución secreta (Alrevés Editorial, 2014).

- Sangre fría (Dolmen Editorial, 2015).

- El club de los mejores (Ediciones B, septiembre de 2016), firmada bajo el seudónimo de Arthur Gunn.

- La última palabra de Juan Elías (Ediciones B, 2017), continuación de la exitosa serie de televisión Sé quién eres.

- Nunca mires atrás (Menoscuarto Ediciones, febrero de 2018) y es la cuarta entrega de la detective Sonia Ruiz, serie iniciada por Lorenzo Silva y Andreu Martín entre otros reconocidos autores.

- Los señores del humo (Ediciones B, 2019).





Claudio Cerdán nos conduce a través de una historia turbia, oscura y fascinante, en la que todo empieza a cobrar un significado distinto cuando, tras el impacto de las primeras páginas, un asesino en serie empieza a decapitar a sus víctimas por las calles de Madrid.

En una ciudad corrupta e inmisericorde, tres vidas perdidas chocan en su caza al asesino. Paco Faura, policía retirado que trabaja como detective sin licencia, sospecha que todo podría estar relacionado con un caso que no pudo esclarecer treinta años atrás. Mientras tanto, CJ -un antiguo mercenario- piensa que el culpable es un viejo compañero de armas. Y Aldo, un proxeneta que tuvo que huir de México cuando los narcos pusieron precio a su cabeza, perderá la cordura al creer que el pasado vuelve para vengarse.





Con estas palabras que podéis leer a la izquierda comienza Los señores del humo. Obviamente, eso nos lleva a recordar esa otra frase de “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”, tan reincidente en otras novelas pero que en este caso, en cuanto pasas unas pocas páginas, te das cuenta que te enfrentas a un autor en el que, además de otras muchas virtudes, la de la ironía va a estar muy presente a lo largo de la trama. Y borda este recurso como pocos, vaya eso por delante.

Y es que Claudio Cerdán no es que clave la realidad, que lo hace, es que nos la muestra sin paños calientes. Y llega a impresionarte ver negro sobre blanco un período tan reciente de nuestra historia y, habiéndolo vivido, no espantarte cuando te das cuenta de lo poco que hemos hecho al respecto. Os pongo en antecedentes:

En primer lugar, pongamos que hablo de Madrid, porque es ahí donde transcurre la trama. No creo que a nadie se le escape, aun no siendo madrileño, la atmósfera que se vivía en la capital allá por 2012, cuando el magnate del juego, Sheldon Adelson, acudió a la capital para visitar unos terrenos en la localidad de Alcorcón, de cara a levantar un macrocomplejo turístico enfocado al juego, con un presupuesto de vértigo. Por otro lado, la ciudad, a su vez, se postulaba como candidata a los Juegos Olímpicos de 2020. Ahí es nada. Y en contraposición a estos dos despropósitos, que se retroalimentan por ambas partes, la calle bullía, pues nos encontrábamos en lo peor de la crisis financiera, cuando los estragos se habían cobrado bastantes víctimas, cuando los recortes eran más que palpables y las mareas inundaban las calles de Madrid día sí, día también. Y los casos de corrupción eran el pan nuestro de cada día. De hecho, los basureros se habían puesto en huelga porque además de lo que tenían que recoger a diario, la inmundicia que salía de los despachos de los dirigentes políticos no había quien la limpiase.

No obstante, no serán la capital o Alcorcón los únicos escenarios, porque el autor también en este sentido es un hacha con las localizaciones. También aparecerán algunos pueblos más de la provincia. ¿Qué quieres sacar a colación el estallido de la burbuja inmobiliaria o cómo esta se gestó? Pues nos lleva a Seseña (localidad perteneciente en este caso a Toledo, pero que dista a unos cuarenta kilómetros de Madrid), esa ciudad fantasma que en su día levantó El Pocero, sin respetar a nada ni a nadie, empezando por las infraestructuras de la localidad y terminando con que ya había voces que vaticinaban lo que después ocurriría. ¿Que aparece una mafia de prostitución? Pues colocamos a las chicas en el polígono Marconi de Villaverde Bajo a trabajar y las llevamos a dormir al polígono Cobo Calleja de Fuenlabrada, a una nave industrial que antaño había sido un almacén de carne –prácticamente como ahora- bajo cerrojo. A no ser que necesites pillar cocaína en cantidades industriales, porque acabarás en la Cañada Real y conociendo a la familia de La Paca, que, por si no lo sabes, son un amor de personas. Y así todo. Porque otra cosa no será, pero tengo claro que el señor Martínez-Almeida no contribuirá a hacer a Cerdán hijo adoptivo de la ciudad ni la señora Villacís le hará padrino de su hija recién nacida. Y eso que, si leyesen Los señores del humo, se convencerían de que Claudio Cerdán es un demócrata obstinado, ya que trata por igual a políticos, policías o delincuentes; es decir, repartiendo coces por doquier a diestro y siniestro como si no hubiese un mañana.


Pues bien, digamos que ese es el trasunto de la trama, el caldo de cultivo donde Claudio Cerdán nos regala su magia, solo que en vez de Sheldon Adelson, deberíamos hablar de Harrelson Levi para poder ficcionar una realidad que escuece. Mucho.
Y es así como el Sr. Levi aparece en escena cuando, al más puro estilo de ¡Bienvenido, Míster Marshall!, se digna a inspeccionar los terrenos sobre los que edificar su macrocomplejo de ocio y diversión, para evaluar si le conviene más Madrid o Barcelona. Sin embargo, la visita no es precisamente un paseo militar, pues durante el mismo y a vista de distintos medios de comunicación, aparece un cráneo humano. Urge una investigación, pues algunos apuntan a que podría tratarse de un resto arqueológico y se puede liar parda. Por si acaso, enseguida los forenses descubren que el cráneo tiene una antigüedad de poco más de tres décadas y, por si acaso, se silencia el caso, no vaya a ser que derive en un escándalo. Sin embargo, poco después, otra mujer es decapitada en Madrid y el temor a que un asesino en serie circule por las calles de la ciudad puede ser perjudicial para los intereses de unos pocos políticos que han visto en Levi su particular gallina de los huevos de oro y no precisamente por esos 250.000 empleos que cacarean que pueda traer aparejado el proyecto, sino por la fortuna que están amasando a base de sobornos y cohechos.


Y este hecho da pie a que tres personajes salgan a escena, tres personajes sin esperanza en un ambiente siempre siniestro y que, sin embargo, te fascinan por su humanidad. Personajes que viven al límite, al filo de lo imposible. Solo encontrarás un halo de ilusión cuando Faura se encuentra con su familia. Y son las menos de las veces. Cada uno por un motivo distinto, ya que son los protagonistas de tres líneas argumentales diferentes:

- Paco Faura: Inspector de la Policía Nacional ya retirado tras sufrir un infarto que le dejó para el arrastre y un bonito marcapasos. Dedica su tiempo libre, que es mucho, a ejercer de investigador privado, aunque sin licencia. La razón es que necesita costear los gastos que suponen el ingreso de su mujer en una clínica privada, donde la mantienen con vida artificialmente desde que ingresó, hace años, en estado comatoso tras ser atropellada por el conductor de un vehículo que se dio a la fuga. Desde entonces, entre caso y caso, rastrea la huella del responsable buscando nuevas pistas, aunque sin suerte. No obstante, sigue contando con la ayuda, cada vez más escasa, de sus antiguos compañeros. Tiene una hija a la que adora, un yerno informático que le echa alguna que otra mano y dos nietas por las que siente debilidad.  

- Carl Jimenes, alias C.J.: Militar estadounidense nacido en North Las Vegas de padres de origen dominicano. Desde niño fue muy rebelde y, al cumplir la mayoría de edad, ingresó en una escuela militar donde se instruyó como soldado de la USAF, obteniendo el rango de teniente. Participó en la operación Libertad Duradera de Afganistán, donde conoció a Robbie, que era su comandante y actual socio. Todavía arrastra secuelas psicológicas derivadas del encierro del que fue víctima, para las que necesita recurrir a pastillas para dormir cuando se presentan las pesadillas. Cuando comienza la historia se encuentra en Macao, al cargo de la seguridad del casino, junto a Robbie, aunque acaba siendo trasladado a Madrid como guardaespaldas del Larry Levi, el hijo del magnate del juego.

- Aldo Vargas: Mejicano de origen, tuvo que salir huyendo de su Culiacán de nacimiento cuando apenas era un chaval. Resulta que, junto a su amigo de la infancia, se les ocurrió la fatal idea de hacer recados para el Cártel de Sinaloa sin sopesar los riesgos que asumían y, cuando el muchacho se negó a hacer otros encargos de mayor calado, pusieron precio a su cabeza. Y la perdió en el camino. O quizás un poco antes. Tuvo que salir por patas del país y recaló en España. Y lo hizo delinquiendo, claro. Y entró en prisión. Allí conoció a Dmitri, un antiguo militar del ejército ruso reconvertido en mafioso, con el que trabó amistad y nada más cumplir su condena, éste le ofreció trabajar para él como proxeneta. Aficionado a cualquier sustancia, nada a contracorriente en las turbulentas aguas de las anfetaminas, claro que a falta de estas, no le hace ascos a la farlopa, ni al caballo, ni al hachís, ni a cualquier otra droga que le pongan por delante en su camino hacia la autodestrucción. Tiene un glaucoma que le obliga a llevar siempre gafas de sol, incluso por la noche. Y por si fuera poco, va y se enamora de una de las chicas que tiene que “proteger”.

Y es que el primero piensa que el cráneo aparecido en Alcorcón, es el de un caso que en su día le encomendaron y no pudo resolver. Ahora es el momento de hacerle justicia a la víctima. O al menos intentarlo. Para el segundo, el asunto es más turbio, ya que a raíz de aparecer una segunda víctima decapitada, cree que el asesino puede ser un viejo amigo y para el tercero, el mexicano, es una cuestión puramente sentimental, porque la segunda víctima es la mujer de la que estaba enamorado y necesita sí o sí dar con el asesino.

No sé si recordaréis que al principio de este post decía que, sin ser una novela de terror, he llegado a sentir miedo. Pues bien, así como decía esto, también hablé de que de que Claudio Cerdán era capaz de crear magia narrando. La razón es muy sencilla, en mi caso, claro. Cada vez que Aldo aparecía en escena, a mí me daba un ataque de pánico. Pocas veces he sentido como real a un personaje como me ha pasado con este hombre. Es más, hace bastantes días que terminé la novela y todavía pienso en él como alguien real, no como un personaje de ficción. Me provocaban espanto sus idas de olla. Y estas eran continuas. Vamos, que si no la estaba liando, se estaba preparando para ello. Tremendo personaje convertido en la máxima representación de la inconsciencia; de hecho, en petit comité llegué a decir, perdonadme si suena políticamente incorrecto, que tenía la cabeza como la cama de un loco. Y sigo convencida. Nunca sabía por dónde iba a salir y siempre me tenía en vilo, mordiéndome los muñones de las dos manos casi a la vez porque con las uñas terminé el primer día. Indescriptible. Nunca la expiación fue más subliminal. Ni estuvo mejor narrada. ¡Sublime!.

Y no quiero seguir hablando de la trama, porque entiendo que, si os gustan las emociones fuertes, Los señores del humo es vuestra historia. La mía lo ha sido durante los días que me mantuvo pegada a sus páginas. No obstante, quiero terminar esta reseña destacando que Claudio Cerdán ha llevado a cabo una ingente labor de documentación y esta se percibe en cada párrafo.






Los señores del humo es un paseo por la corrupción a todos los niveles, da igual el entorno por el que transites en cualquiera de sus capítulos. Porque cada párrafo es una dentellada que te deja sin aliento, porque está narrado de una manera tan visual y sensorial que vives la historia en primera persona. Nada te es ajeno a pesar de que tu vida esté a años luz de lo que en ella ocurre. Pero, sobre todo, es un relato absorbente, fiel exponente de la condición humana donde la ambición, el rencor, el cohecho, la especulación urbanística -y la que no lo es tanto-, se juntan con el juego, las drogas o la prostitución y el cóctel se convierte en un arma de destrucción masiva, con un estilo que te conquista desde las primeras páginas, con un gran dominio del lenguaje incluso cuando es grosero porque la trama lo demanda y que es capaz de mantener la intriga hasta el final. Es más, llega un momento en que es una necesidad vital, a pesar de su ritmo vertiginoso, conocer en qué acabará todo, aunque intuyes que es imposible que concluya bien. Los giros son sorprendentes y el desenlace, ¿qué deciros del desenlace cuando la palabra impresionante se queda corta?.




Solo puedo recomendarla aunque, eso sí, a los amantes de la novela negra, a los que se vuelven locos por una buena historia, no vaya a ser que seáis demasiado sensibles y luego me reclaméis daños y perjuicios por atentar contra vuestra salud mental. O algo peor. Avisados quedáis.