domingo, 13 de octubre de 2019

LA SOSPECHA DE SOFÍA, de Paloma Sánchez-Garnica




DATOS TÉCNICOS:

Título: LA SOSPECHA DE SOFÍA
Autora: Paloma Sánchez-Garnica
Editorial: Planeta
Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos
ISBN: 978-84-08-20562-3
Páginas: 656
Presentación: Tapa dura con sobrecubierta





Conocí a Paloma Sánchez-Garnica allá por 2012. Había publicado su novela Las tres heridas y fue ver el título y quedarme clavada, pues me llamó poderosamente la atención. ¿Tendría algo que ver con aquel extraordinario poema del mismo título de Miguel Hernández y que posteriormente versionaron Joan Manuel Serrat o Joan Baez?. La duda quedó más que resuelta cuando comencé a leer la novela y se convirtió en sorpresa mayúscula cuando me encontré al poeta convertido en un personaje secundario de esa historia tan conmovedora. A esta novela le siguieron La sonata del silencio y Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido, ambas tan impresionantes como la primera y por ello contaba los días para tener en las manos La sospecha de Sofía, quizás, y lo digo apuntando al cielo, su mejor obra hasta el momento.


Y ahora que menciono La sonata del silencio, para que os hagáis una idea de cómo las novelas de esta mujer perduran en mi mente o parece que se queden a vivir allí, la pasada Feria del Libro de Madrid, varias yincaneras vinieron desde sus respectivas ciudades de origen para pasarla con las que aquí residimos. Pues bien, me ocupé de buscarles alomiento y lo hicieron en un apartamento en la Plaza de Santa Ana, para, de algún modo, rendir un pequeño homenaje a la protagonista de esa novela. También hicimos el recorrido hacia su lugar de trabajo… ¡Y, lógicamente, estuvimos con la autora a pie de caseta para que nos firmara nuestros ejemplares y tener una pequeña charla que ampliaremos en breve.




Paloma Sánchez-Garnica (Madrid, 1962) es licenciada en Derecho y Geografía e Historia. Autora de El gran arcano (2006) y La brisa de Oriente (2009), su novela El alma de las piedras (2010) tuvo un gran éxito entre los lectores. Las tres heridas (2012) y, sobre todo, La sonata del silencio, de la que se hizo una adaptación para una serie en TVE, supusieron su consagración entre la crítica y los lectores como una escritora de gran personalidad literaria. Con Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido, de la que se publicaron cinco ediciones y que se ha traducido para todos los países de habla anglosajona, obtuvo el Premio de Novela Fernando Lara 2016.




La anodina vida de Sofía y Daniel cambia radicalmente cuando él recibe una carta anónima en la que se le dice que Sagrario, a la que venera, no es su verdadera madre y que si quiere conocer la verdad de su origen debe ir a París esa misma noche. Intrigado, pregunta a su padre por esta cuestión y él le recomienda que lo deje pasar, que no remueva el pasado. Sin embargo, hay preguntas que necesitan una respuesta y esta búsqueda desencadenará una sucesión de terribles acontecimientos y encuentros inesperados de infortunado desenlace que trastocará su vida y la de su mujer, Sofía, para siempre. Madrid, París y su mayo del 68, el muro de Berlín, la Stasi y la KGB, los servicios de contraespionaje en la España tardofranquista y tres personajes en busca de su identidad son las claves de esta fantástica novela con el inconfundible sello de Paloma Sánchez-Garnica.






La sospecha de Sofía es una novela inmensa, de esas que cuando las terminas te dejan con el corazón encogido, prácticamente deshecho y, aun así, te gustaría no haber llegado al punto final aunque para ello te pierdas ese desenlace insuperable que Sánchez-Garnica nos regala al final de sus páginas.

Y ahora diréis, ¿qué le pasa a la pirada esta que parece que esté terminando la reseña haciendo un resumen con lo más significativo del libro? Pues eso, que cuando cerré la novela, lo que os acabo de relatar es lo primero que sentí. Y me puse a indagar sobre dónde estaría la clave para que esta historia me haya parecido tan espectacular. No hay solo una, os lo aseguro, pero como estas son mis impresiones, intentaré deciros qué es lo que me ha subyugado de ella tirando de una anécdota que me vino a la cabeza días después, ya que quienes me conocéis, sabéis de sobra lo que me gusta un paralelismo.

Y como cuando una idea empieza a coger forma en mi mente ya no sé ver las cosas de otra manera porque, como dice el dicho popular, “cuando un tonto coge un camino, el camino se acaba y el tonto sigue”, intentaré explicarme volviendo al principio:

La sospecha de Sofía es una novela inmensa, sí, porque no le falta de nada: la intriga y el misterio es indiscutible desde las primeras páginas y, lo que es mejor, no es que se mantenga a medida que las páginas van volando ante nuestros ojos, sino que va in crescendo. Hasta sus últimas consecuencias.

Pero La sospecha de Sofía también es inmensa porque tanto los escenarios donde transcurre la acción –Madrid, París y Berlín- como el momento histórico que abarca (desde principios de la década de los sesenta hasta finales de la de los ochenta del siglo pasado, coincidiendo con la caída del Muro de Berlín) son, como diría Luca Cagliatti, auténticos Bocatti di Cardinale cocinados a fuego lento.

Y podría seguir añadiendo mimbres, como que la trama es exquisita en su planteamiento, desarrollo y desenlace; excelentemente narrada, primorosamente escrita y absolutamente conmovedora al plantear una serie de dilemas morales que te dejarán de pasta de boniato en el mejor de los casos. ¡Y con banda sonora propia! by Javier de Jorge, para más señas hijo de la autora y una maravilla (que también hay que decirlo). Si queréis escucharla, pinchad aquí.  


Y ahora sí, voy al grano: Si hay algo por lo que esta novela es brillante es por sus personajes. Da igual si hablamos de los protagonistas o de los secundarios, porque todos están caracterizados de tal manera, que llegué a comparar al elenco con La última cena de Leonardo da Vinci.


Imagino que todos conocéis la anécdota –casi diría que leyenda- sobre que da Vinci utilizó a personas reales para inspirarse, estudiar y plasmar sus rostros en sus lienzos. Por ello, cuando se dispuso a ejecutar La última cena, hubo un buen número de personas que se presentaron en su estudio para ofrecerse como voluntarios, dado que su fama como pintor había trascendido a todos los ámbitos. De entre todos ellos, Leonardo da Vinci hizo una selección, aunque decidió empezar por la figura de Jesucristo. Optó por un joven de apenas veinte años, de rasgos agradables y gesto sereno. Pretendía que la imagen transmitiese inocencia y paz y que estuviese exenta de las cicatrices que dejan tanto en el rostro como en el alma la mala vida.


Y luego, uno a uno, fue pintando al resto. El proceso duró años, ya que el maestro se tomaba sus tiempos: lo mismo se sucedían las semanas pintando con furia y rapidez, en las que se olvidaba incluso de comer, que se pasaba los días contemplando y analizando cada rasgo o cada pliegue, dando dos o tres pinceladas al día que empezaba nada más salir el sol y bajando del andamio del refrectorio del convento dominico de Santa Maria delle Grazie de Milán cuando era noche cerrada. Sin embargo, entre aquella selección primigenia, fue incapaz de dar con el hombre que pondría cara a Judas Iscariote, por lo que vagaba por la ciudad buscando ese semblante que le inspirase. Hasta que un amigo le dijo que en la cárcel de Roma podría encontrar a ese modelo que tanto codiciaba. Se trataba de un hombre que estaba condenado a muerte por varios delitos de robo y asesinato y en su rostro se reflejaban todos los pecados del mundo: desde la más pura mezquindad, a la traición o el odio. Y allí se encaminó el maestro y pudo corroborar por sí mismo que su amigo tenía razón: el hombre tenía el cuerpo maltrecho por los estragos de la mala vida; una mirada asesina que asustaba de lejos y unas profundas cicatrices que no auguraban nada bueno.


Da Vinci pidió los permisos correspondientes y el reo fue trasladado a su estudio. Y así, un día tras otro, el pintor fue cristalizando su aspecto, sus movimientos y su alma sin cruzar una palabra entre ellos. Y cuando terminó, avisó a los guardias para que lo devolvieran a la prisión. Sin embargo, el modelo no obedeció, sino que se tiró de rodillas ante el pintor y le gritó: “¡Leonardo! ¡Obsérvame bien! ¿Es que no me reconoces?”. El maestro negó con la cabeza, porque no recordaba haberle visto nunca antes de su visita a la prisión. Entonces el hombre insistió: “Mírame de nuevo, por favor: soy aquella persona a la que elegiste para ser el modelo de Cristo!


Porque todos podemos tener un rostro distinto según las circunstancias. Porque son esas circunstancias, junto con las decisiones que tomamos, las que conforman nuestra personalidad y nuestro comportamiento ante la vida. Y eso Paloma Sánchez-Garnica lo ha hecho con una maestría infinita.

Os pongo en antecedentes:

Abril de 1968. Daniel, un joven abogado de apenas veintinueve años, casado con Sofía y con dos hijas en común, recibe en su despacho una carta anónima en la que le indican que Sagrario no es su verdadera madre. Con ella en la mano se dirige al despacho de su padre, don Romualdo Sandoval, un prócer del régimen y este no le desmiente la información, sino que simplemente le recomienda que deje estar las cosas como están.

Pero eso no es suficiente para Daniel que quiere saber la verdad… y Romualdo se la explica. Entonces, desobedeciendo por primera vez a su padre, decide seguir las directrices de la epístola y poner esa misma noche rumbo a París.

Se desatará entonces una galerna. ¡Qué digo galerna! Se producirá una ciclogénesis explosiva que asolará no solo la cómoda aunque anodina existencia de Daniel, sino la de toda su familia.

Y será también entonces cuando empecemos a descubrir a ese elenco de personajes a cual más interesante, ya que como ocurre con las figuras de Leonardo da Vinci, cada uno de ellos son a cual más complejo, aunque dispares entre sí para dotar al conjunto de la mayor diversidad posible en cuanto a carácter y temperamento y, para que el contraste sea más que evidente, nos los muestra juntando lo más bello con lo más repugnante, lo joven con lo viejo, lo recio con lo frágil, etc.

Porque Paloma Sánchez-Garnica ha sentado en una mesa a un Jesucristo llamado Daniel Sandoval, junto a doce apóstoles excepcionales, -en particular Klaus Zaisser -, que sería ese Judas Iscariote y que quienes hayan leído la novela entenderán la analogía anterior (quienes no lo hayáis hecho, espero que esto sea un aliciente para comprarla):

- Romualdo Sandoval, padre Daniel, casado con Sagrario. Abogado de profesión, tiene uno de los bufetes más importantes e influyentes de la ciudad, dado que sus tentáculos en el entramado de corruptelas y enriquecimientos tan habituales para unos pocos durante la dictadura eran más que palmarios. Es un déspota de manual, incapaz de evidenciar cualquier emoción. Imperturbable hasta la saciedad y duro de carácter, parece levitar por encima de cualquiera y sometiendo a todo su entorno a su voluntad. Solo tiene una debilidad: su esposa, a la que trata con una deferencia exagerada, como si fuera frágil y quebradiza, imagen que ella, por otro lado, potencia.

- Sofía, esposa de Daniel. Es, quizás, el personaje que me ha provocado más exasperación y que, sin embargo, junto con Daniel y Klaus, más ha crecido a medida que avanzaba la novela. En un principio nos la encontramos ejerciendo de madre y esposa. Y de amargada. Sofía fue siempre una estudiante brillante, pero se casó cuando estaba cursando la carrera de Químicas y que, aunque la terminó, no llegó a doctorarse para atender a su recién creada familia. Y desde entonces pasa la vida devanándose la cabeza porque le gustaría dedicarse a la investigación, pero es incapaz de dar un paso al frente y luchar por ello. También es cierto que tiene enfrente a su marido, que no tiene ningún interés en que ella se dedique a otra cosa y a Adela, una madre castradora, que pretende que se ajuste a lo que la sociedad dicta como norma. Por otro lado, tiene en Zacarías, su padre, a su aliado natural. Él es un físico eminente de mentalidad liberal y que cree en la igualdad de la mujer, sobre todo si es para conseguir su libertad e independencia, por lo que continuamente la insta a que se afane por hacer realidad sus anhelos. Y digo que me exasperaba porque no entendía su actitud, ya que en cierto modo la veía muy pusilánime. Hasta que su vida dió un vuelco y tomó la iniciativa. Entonces, con el tiempo, consiguió convertirse en lo que siempre quiso y el resultado fue espectacular. Lo mejor de todo es que ese cambio, que parecía irreal para esa época por lo inusual que podía resultar que una mujer se convirtiese en toda una eminencia en el campo de la investigación, está inspirado en un caso real: el de Margarita Salas, discípula de Severo Ochoa, y descubridora de la ADN polimerasa Phi29.

- Carmen, amiga de Sofía. Azafata de profesión, pasea su soltería con orgullo cruzando los océanos de la hipocresía de la época. Representa a ese tipo de rara avis en la sociedad de la época, en la que lo normal era que una mujer pasase de la custodia de su padre a la de su marido, pagando el peaje de una poca o nula formación en lo personal porque la norma marcaba el paso y este aconsejaba que la mujer estaba destinada a cuidar de su familia, en casa, dependiendo exclusivamente de su marido.

- Alwin Zaisser y Gloria Montes, padres de Klaus y Bettina. Se conocieron en Madrid y se enamoraron. Él es de origen ruso, ella española. Después de la guerra viajaron rumbo a Rusia, para instalarse poco después en el Berlín oriental. De fuertes convicciones políticas, Alwin es intransigente y testarudo a partes iguales, hasta el punto de convertirse en un personaje ingrato, ya que ni siquiera es capaz de ver el daño que ese sistema que él defiende con uñas y dientes ha causado en sus hijos, a quienes ese mismo sistema ha anulado y convertido a uno en espía de la Stasi muy a su pesar y a otra, que es una joven brillante, licenciada en Medicina y especializada en Pedriatría, en una paria del régimen por no comulgar con su doctrina.

- Monique, hija de Patricia Mendoza, una antigua novia de Zacarías y su primer amor, a la que abandonó para casarse con Adela cuando ésta marchó al exilio tras la guerra y él encontró en su mujer la fórmula para no correr la misma suerte de aquellos que lucharon en el bando contrario. Cuando Daniel desaparece, serán ellas quienes alojen a Sofía en su casa parisina, mientras Monique la ayuda en sus pesquisas. Y será con ellas con las que viviremos un momento impagable, asistiendo al Mayo del 68, mezclándonos con los estudiantes que ocuparon la Sorbona, que provocaron su particular guerrilla urbana que, por defecto, me hizo recordar una canción de Ismael Serrano que, en su día fue todo un descubrimiento para mí. Porque en esta novela, además de tener una banda sonora espectacular como os comenté antes, también hay una serie de canciones que deberíais escuchar, empezando por Libre, interpretada por Nino Bravo, a la que se hace un homenaje en las primeras páginas por todo lo que representa.



- Hanna, novia de Klaus y madre de su hija Jessie. La conoció en la Universidad de Humboldt donde él cursaba la carrera de Física y se enamoraron al instante. Poco después se quedó embarazada, sin terminar la carrera, así que esperaron a tener un trabajo estable antes de casarse y poder vivir juntos. Y justo el día en que iban a hacer realidad su sueño, yéndose a vivir a la Alemania Federal, el muro se cerró y les cogió en el lado opuesto. Cruzarlo se convirtió en su objetivo ineludible y sucumbieron a él. Klaus nunca más volvió a saber de ella ni de la niña y, desde ese momento, en que fue llevado a prisión, vió derrumbarse sus sueños y esperanzas mientras ella convirtió en una sombra que caminaba siempre a su lado.

Y conociendo a estos personajes, la novela fluye como un río sinuoso siempre en movimiento, en continuo cambio y transformación., cambiando su rostro, como se cambia de piel. Y maravilla observar que todos, en mayor o menor medida, son seres domeñados o sometidos, incapaces de enfrentarse a los barrotes psicológicos que frenan su libertad. Todos excepto dos: curiosamente los dos hombres que más enfrentados deberían estar en cuanto a filosofía de vida o convicciones políticas, antagonistas por definición y que, cada uno a su modo, representan al estado que sostienen por ideología: Romualdo Sandoval y Alwin Zaisser. Porque las familias que ambos forjaron no son precisamente un refugio donde sentirse a salvo, sino todo lo contrario. Tanto Romualdo con Alwin son autoritarios por definición y en ese ecosistema particular es donde son incapaces de ocultar los defectos más primarios. Llama la atención el impulso cainita que exhiben ante los suyos, el rencor que aflora ante el más leve rebatimiento de sus planteamientos. Me ha asombrado el modo en que la animadversión tomaba cuerpo, bien en el desafecto expreso de Romualdo hacia Daniel o su nuera, bien el de Alwin hacia la permanente pesadumbre que acumulan sus hijos desde que se “atrevieron” a cuestionar la doctrina comunista queriendo escapar hacia la Alemania Federal.




 Es posible que después de todo lo dicho pienses que no he hecho otra cosa que colocar una losa desmedida sobre la novela, aumentando vuestras expectativas exponencialmente en caso de que no la hayáis leído, pero tengo tan claras y tan meditadas mis impresiones que no me desdigo ni un poco de todo lo dicho. Y eso que me he dejado muchas cosas en el tintero, que conste. Ahora está en tu mano si quieres o no embarcarte y descubrir una historia indeleble, porque La sospecha de Sofía es un viaje fascinante lleno de recovecos por los rincones más insondables de la condición humana.



viernes, 20 de septiembre de 2019

EL ECO DE LA PIEL, de Elia Barceló




DATOS TÉCNICOS:


Título: EL ECO DE LA PIEL
Autora: Elia Barceló
Editorial: Roca Editorial
Colección: Novela
ISBN: 978-84-173-0568-0
Páginas: 542
Presentación: Tapa dura con sobrecubierta




He leído varias novelas de Elia Barceló y en todas ellas, al acabarlas, me he sentido como aquel que dice adiós a un viejo amigo que se marcha para una larga temporada. La congoja y la nostalgia se apoderan de mí mientras temo esa odiosa vigilia que me prive de personajes y tramas tan fascinantes como los que ofrece, a manos llenas, esta autora, en cada uno de sus libros. Y digo que me sentía así al acabarlas porque acabo de llegar prácticamente de vacaciones y todavía estoy en “modo zen”, intentando no ponerme vehemente –que es mi estado natural-, porque la realidad es que cada vez que abordo una nueva lectura de esta escritora, me da coraje pensar que voy a terminarla, que en un momento dado se acabará ese placer infinito que siento siendo testigo mudo de sus historias.

Pero mira por donde, hoy también voy a activar el “modo Pantoja” y os voy a confesar que si leer cualquier novela de Elia Barceló es como rozar con los dedos el paraíso Vallhalla, conocerla en persona y poder hablar con ella de sus novelas es como entrar directamente en el Salón de los Caídos de Asgard por la puerta grande y sentarte a la diestra de Odín rodeada de nobles guerreros y valkirias.

Algo así nos pasó a las Yincaneras que nos reunimos con ella el pasado 9 de junio para acudir juntas ese fin de semana a la Feria del Libro. Fueron tres días de traca, de encuentros con escritores, de pasar las horas a pie de caseta y de risas compartidas. Y Elia, lógicamente, contribuyó a convertir ese día concreto en memorable.
¿A que me entendéis?






Elia Barceló (Elsa, Alicante, 1957).  Estudió Filología Anglogermánica en la Universidad de Valencia y Filología Hispánica en las universidades de Alicante e Innsbruck, Austria, obteniendo el doctorado en esta última en 1995 con su tesis La inquietante familiaridad, que gira en torno a los arquetipos del terror en los relatos de Julio Cortázar. En la actualidad reside en Austria, donde es profesora de literatura hispánica, estilística y creativa en la Universidad de Innsbruck, en Austria.

Ha publicado novelas, ensayo y más de veinte relatos en revistas españolas y extranjeras. Parte de su obra ha sido traducida al francés, italiano, catalán y esperanto. Entre 1994 y 1995 colaboró en El País de las Tentaciones con artículos de opinión.

CUENTOS:
- La belle dame sans merci. Cuento.
- La Dama Dragón, 1981. Cuento.
- Embryo, 1981. Cuento.
- Minnie, 1981. Cuento.
- Catarsis, 1981. Cuento.
- Pasen, señores, pasen, 1982. Cuento.
- El jardín de las flores que se columpian, 1983.
- La mujer de Lot, 1984.
- Nosotros tres, 1984.
- Una antigua ley, 1986.
- Piel, 1989.
- La estrella, 1991. Ganadora del Premio Ignotus 1991.
- Cobarde, 1992.
- Loca, 1993.
- Estreno, 1994.
- Metáfora del que corre en el desierto, 1994. Alana, 1994.
- El día más feliz, 1994.
- Anunciación, 1996.
- Ritos, 1997.
- Il regalo, 1998.
- La trama, 1998.
- Oscuro, como un cristal, 1998.
- El beso: leyenda umbriliana. En: Leyendas de Bécquer. Zaragoza: 451 Editores, 2007.
- Between Heaven and Hell. En: Don Juan. Zaragoza: 451 Editores, 2008.
- La luciérnaga. En: 21 relatos contra el acoso escolar. SM, 2008.
- La tienda de Madame Chiang. En: Bleak House Inn: Diez huéspedes en casa de Dickens. Santos, Care. Nevsky Prospects, 2012.
- 2084. Después de la revolución. En: Mañana todavía: Doce distopías para el siglo XXI. Fantascy, 2014.
- La Maga y otros cuentos crueles. Cazador de ratas, 2015.


NOVELAS:
- Sagrada (Ediciones B, 1989).
- Consecuencias naturales. (Miraguano, 1994). Novela.
- El mundo de Yarek. (Ediciones B, 1994).Ganadora del Premio UPC 1993.
- El caso del artista cruel. (Edebé, 1998). Ganadora del Premio Edebé de literatura infantil y juvenil 1997.
- La mano de Fatma (Alba, 2001).
- El vuelo del hipogrifo (Editorial Lengua de Trapo, 2002).
- El caso del crimen de la ópera. (Edebé, 2003).
- Si un día vuelves a Brasil. (Alba editorial, 2003).
- La roca de Is. (Edebé, 2003).
- El secreto del orfebre, 2003. (Lengua de Trapo, 2003, reeditado por Roca en 2017).
- Disfraces terribles (Lengua de Trapo, 2004).
- El contrincante (Minotauro, 2004).
- Cordeluna (Edebé, 2007). Premio Edebé de Literatura Infantil y Juvenil, 2007.
- Caballeros de Malta. (Edebé, 2007).
- Corazón de Tango, (451 Editores, 2007).
- El almacén de las palabras terribles (Edelvives, 2007).
- Las largas sombras (Ediciones Ámbar, 2009), reeditado por Roca Editorial en 2018).
- Anima mundi (Ediciones Destino, 2013).
- Por ti daré mi vida. (Edebé, 2014).
- El color del silencio (Roca, 2017).
- El eco de la piel (Roca, 2019). 






Cuando a Sandra Valdés, joven historiadora en paro, le encargan que escriba la biografía de Ofelia Arráez -la gran empresaria y constructora, referente obligado en el mundo de la moda del calzado femenino-, ella acepta el reto sin imaginar los secretos que se ocultan en los noventa años de esa mujer contradictoria y poderosa, sin saber que lo que va a descubrir cambiará también su vida.

Como es habitual en las novelas realistas de Elia Barceló, la historia se articula en dos tiempos:

En el presente, Sandra, atraída por una oferta que le dará suficiente dinero como para replantearse su futuro y abandonar la precariedad de su trabajo en una cadena de ropa en Madrid, decide volver durante un tiempo al pueblo de su infancia a redactar la biografía que le ha encargado don Luis, hijo de la famosa Ofelia, para lo cual tendrá que investigar y entrevistar a personas que la conocieron.

Cada una de ellas muestra una verdad parcial sobre Ofelia; cada documento encontrado -fotos, cartas, cintas, noticias- va descubriendo a una mujer distinta, va creando un personaje contradictorio, a veces incomprensible, otras veces convencional, otras potencialmente oscuro y peligroso.

El pasado está lleno de secretos, de malentendidos, de versiones que no casan entre sí. Pero también sucede con el presente, porque los seres humanos somos fuente de misterio, ocultamos cosas, callamos, tergiversamos. 

En su propio pueblo, Sandra irá descubriendo que nada es lo que parece, que la vida está llena de sorpresas y no todas son agradables. Uno es tanto lo que es como lo que parece, lo que elige mostrar al exterior, y cada uno de nosotros va descartando pieles a lo largo de su vida, como las serpientes, y va dejando ecos de sí mismo en todos los que alguna vez lo conocieron.






ANATOMÍA DE LA PIEL:

No hay que ser un lumbreras para saber que la piel es el órgano más grande del cuerpo. Aunque quizás, lo más sorprendente que se puede decir sobre ella es que a nivel “arquitectónico”podría considerarse un prodigio que no puede explicarse por las leyes regulares de la naturaleza. Es obvio que para la mayoría de nosotros no deja de ser ese envoltorio que cubre todo nuestro cuerpo y lo protege de los agentes externos, pero no podemos quedarnos en la espuma del mar cuando hablamos de un fenómeno en toda su extensión.

Ello se debe, naturalmente, a varios factores y en particular a sus estructuras secundarias, que constituyen el sistema tegumentario. Y es que la piel está compuesta de múltiples capas de células y tejidos, donde coexisten incontables vasos sanguíneos -que se alojan en la parte más profunda-, con fibras nerviosas sensoriales, simpáticas y autónomas que garantizan la comunicación desde y hacia el cerebro.

No obstante, dependiendo de la zona del cuerpo, la piel está compuesta por dos áreas diferentes: la epidermis y la dermis (aunque debajo de esta última hay una tercera capa llamada hipodermis).

Y sí, ya sé que a estas alturas –o puede que varios párrafos antes- os estaréis preguntando qué habré tomado/fumado y en qué condiciones para que me haya sentado tan mal y esté confundiendo el hablar sobre un libro con algo para lo que no tengo ni tablas ni grandes conocimientos. Y llevaréis razón, os lo aseguro. Pero es lo que tiene el que una novela, precisamente, tenga un título tan acertado, tan sugestivo, donde al empezarla sueñas con encontrarle sentido cuanto antes (porque todos los títulos de Elia Barceló lo tienen) y cuando la terminas esa percepción está más que saciada. Porque si la palabra “eco” tiene múltiples acepciones y todas ellas le van que ni pintadas a esta historia, es la de “piel” la que aglutina todas las sensaciones.

Y es que esas dos áreas diferentes a las que me refería anteriormente y que componen este órgano serían los dos tiempos en los que se articula y transcurre este relato: Por un lado, la epidermis, la capa más superficial, sería el tiempo presente en el que se desarrolla la acción. Ahí nos encontramos con Sandra Valdés, una joven licenciada y con máster en Historia que tiene un trabajo en una tienda de ropa en Madrid tan precario como su situación sentimental. Es por ello que decide volver por una temporada a Monastil, su pueblo natal, tras aceptar un encargo tan peculiar como sustancioso a nivel económico: ocuparse de redactar la biografía de Ofelia Arráez, pionera en su tierra como empresaria de proyección internacional en unos tiempos imposibles, a instancias de su hijo Luis. Obviamente, él espera un panegírico encubierto, pero ella está más por la labor de entrevistar a las personas que la conocieron e investigar a fondo sobre su pasado.

Por otro lado, la dermis, la capa más profunda, se inicia en 1939, cuando Ofelia se queda huérfana y conoce a Anselmo, su marido. Esta etapa termina en 2003, cuando ya es una anciana que cavila sobre una vida llena de proyectos, de sueños cumplidos y desengaños solapados, de triunfos y algún fracaso íntimo, pero apasionante en todos los sentidos.

Y es más profunda porque mientras la investigación de Sandra resulta de lo más interesante a medida que aparecen fotos, cartas e incluso objetos de Ofelia que nos muestran a una mujer paradójica y poliédrica, no deja de ser nada más que la coraza que blinda su existencia, la envoltura capaz de soportar cualquier tipo de agresión natural. Será en la segunda parte donde descubrimos a un personaje mucho más profundo, abisal en algunos momentos, que nos va desarmando página a página. Porque ahora el relato ya no es una investigación como en la primera parte que se va orquestando a base de hallazgos, sino que está cimentado por medio de escenas que van evolucionando de manera lineal y el pulso narrativo es más intenso. Entonces sí, entonces conocemos el origen real de Ofelia, su relación con Anselmo, su compañero de vida que murió demasiado pronto; a Gloria, su amiga cómplice e incondicional o a Ángel, el hijo de la segunda que llegó a convertirse en el hombre de confianza de la primera, cargo del que, con el tiempo, sería relevado por su propio hijo, Luis, junto al nieto de Gloria: Alberto.

Y la historia se llena de giros, de sobresaltos, de misterio y mimetismo. Nada es lo que parece porque todos los personajes tienen algo que ocultar. Y comenzamos a escarbar en una segunda piel, pues la primera solo hacía las veces de armadura, de máscara. Ahora aparece la esencia como ser humano de cada uno de ellos, no solo la de Ofelia. Empezamos a conocerlos por dentro y vemos, a su vez, como con el tiempo van cambiando de piel, como las células van mutando para hacerse más fuertes. Y esas permutas van dejando su propio eco a través de su existencia. Y es aquí donde ellos nos envuelven sin remisión, porque son muchos los temas que trata esta novela: desde lo que representa la memoria y los recuerdos -propios y ajenos-, a los que dejamos en los demás; desde nuestra identidad, a la que mostramos a los demás y viceversa, pero también las reservas, los miedos e, incluso, hasta dónde se puede llegar por venganza.

Y es que Sandra no deja de ser una intrusa en esta historia que poco a poco se desvelará ante nuestros ojos adquiriendo un ineludible protagonismo, dado que su aparición en escena y sus pesquisas posteriores irán esbozando las vidas de los demás. Nos permitirá profundizar en la vida, pública y privada de Ofelia, pero también en las de su entorno, porque a través de ella iremos descubriendo toda una galería de personajes excepcionales, así como sus miedos, pasiones, frustraciones y secretos.

Y es obvio porque las primeras pesquisas nos dan una imagen que luego las siguientes se ocuparán de desmontar. Porque, como todo en la vida, nadie se expone alegremente a la vista de todos, ni a su juicio. Ni todo lo que hace, ni todo lo que piensa. Todos, indefectiblemente, guardamos cadáveres en el armario. Todos tenemos circunstancias que otros, incluso con la mejor de las intenciones, pueden no entender ni compartir. De hecho, todavía recuerdo la manía que cogí al principio a Ofelia, para luego caer rendida a sus pies a medida que iba conociendo sus secretos. Me pasó lo mismo con muchos otros personajes. Creo que solo se salvó de la quema Anselmo, porque me pareció tan impecable en su construcción como honrado en su trayectoria por la historia… quizás porque murió joven. O algo así. Mención aparte merece Selma Plath. Solo por leer esos fragmentos de La memoria es un arma cargada de coartadas. Recuerdos y reflexiones, el libro merece la pena. Es oro molido. Y son de ella las reflexiones sobre que estamos hechos de palabras, siendo las ajenas las que hilan los recuerdos y dan forma a la historia de una persona.



Elia Barceló utiliza una prosa elegante y sosegada en una historia afable que busca, desde el primer momento, la complicidad del lector. Y lo hace de una manera inconmensurable, porque es formidable, atrevido y cabal. Escrito alternando dos voces: la de un narrador omnisciente y la de Sandra en primera persona, el escenario cobra también visos de protagonista, porque Monastil, ese pequeño pueblo levantino que la autora nos describe con profusión de detalles, hasta el punto en que llegamos a creernos que realmente existe por mucho que sepamos de antemano que Elia Barceló ha preferido decantarse por tomar el nombre del poblado iberorromano en donde ahora se asienta Elda, quizás para que su paisanos no busquen en vano identidades ocultas que no ayudarían a la historia, se convierte en el caldo de cultivo por el que deambula un elenco de personajes excepcionales que buscan darle sentido a su vida porque todos ellos, en mayor o menor medida, ayudan a dar forma a una historia fascinante basada en la vida de una protagonista que, aunque ausente, es emblemática y carismática a rabiar.  




¿Qué puedo decirte de El eco de la piel y de su autora que no te haya dicho ya? Sí acaso, solo me queda resumir lo dicho anteriormente para que te hagas una idea de lo que puedes encontrarte si decides abordar una novela excepcional:

- El eco de la piel es una novela soberbia donde la intriga está más que presente desde las primeras páginas y cuyo desarrollo va in crescendo hasta llevarnos a un desenlace memorable.

- La calidad literaria de El eco de la piel es innegable y se percibe en cada párrafo, en cada frase. Con un estilo exquisito y un uso exacto del vocabulario que, aunque dicho así parece una observación fría, es todo lo contrario. De hecho, me maravilla su aparente naturalidad o su claridad ya que es lo suficientemente preciso a la hora de describir a los personajes o cualquiera de las situaciones o escenas con las que nos encontramos en la lectura y que por el modo y uso que hace de él, se convierten en sublimes las más de las veces.

- Resultan conmovedores algunos párrafos de la novela, en particular toda la parte narrada por Selma Plath que, a su vez, es un particular homenaje de Elia Barceló a las escritoras Selma Lagarlöff y Sylvia Plath. Y por supuesto y siempre presente, Julio Cortázar en su encanto por lo cotidiano y la magia de las personas y sus secretos.

- La novela no está exenta de alguna que otra denuncia, bastante sutiles, bien cuando habla de la precariedad del empleo en la actualidad y lo complicado que lo tienen los jóvenes o bien contra esos nuevos ricos capaces de derrochar hasta la extenuación para mostrarle al mundo todo lo que han conseguido sin reparar en de dónde han salido.



lunes, 19 de agosto de 2019

LA SONRISA DE LOS PÁJAROS, de Lea Vélez




DATOS TÉCNICOS:

Título: LA SONRISA DE LOS PÁJAROS
Autora: Lea Vélez
Editorial: Ediciones Destino
Colección: Áncora & Delfín
ISBN: 978-84-233-5487-0
Páginas: 432
Presentación: Rústica con solapas





Llevaba años queriendo conocer la prosa de Lea Vélez y, por unas cosas o por otras, dejaba pasar las oportunidades. Una tras otra. Era como una espinita que me hostigaba regularmente en cada publicación o bien en esos momentos en los que en mi mente bloguera se iba forjando la idea, cada vez más latente, de que me estaba perdiendo algo grande y a alguien importante. Solo que a veces, esa misma idea, se quedaba dormida en algún rincón del cerebro.

No obstante, llegó el día cuando el pasado mes de marzo Ediciones Destino nos invitó a la presentación de La sonrisa de los pájaros en la emblemática librería Rafael Alberti. Solo la sinopsis de la novela ya era un reclamo contundente y el título, un oxímoron en sí mismo, pura fantasía.. La historia apuntaba maneras, pero fue el ahínco y el calor con el que Gema, Loreto y Elena me hablaron de la autora y sus libros el motivo por el que entendí que no podía perdérmela.

Ya en la presentación la autora me ganó para su causa, pues disfruté una barbaridad conociendo los pormenores de la historia, el modo en el que abordaba la trama, el cómo iba añadiendo contenido a la misma basado en sus propias experiencias personales y un sinfín de pequeñas anécdotas sobre cómo ella ve este oficio lo que me hicieron salir convencida y satisfecha de aquel evento.

Sin embargo, su lectura quedó relegada en la estantería, parecía que necesitaba su tiempo. Quienes conocéis la dinámica de #SoyYincanera, sabéis que se nos acumulan los libros, precisamente porque abordamos cada uno de ellos como si fuera único. Y así tenía que seguir siendo con este. Por ello, aproveché las vacaciones para poder disfrutarlo plenamente, sin prisas, tomándome mis pausas y de ese modo sacarle todo su potencial. Creo que lo conseguí y, de paso, invité al grupo para que quien quisiera o pudiera hacerlo me acompañasen.



Lea Vélez (Madrid, 1970). Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Complutense de Madrid, más tarde se graduó en Guión por la Escuela de Cine, también de Madrid. Ha escrito infinidad de guiones para televisión.


BIBLIOGRAFÍA:
El desván (Plaza & Janés, 2004).
La esfera de Ababol (Planeta, 2005).
El jardín de la memoria (Galaxia Gutemberg, 2014).
La cirujana de Palma (Ediciones B, 2014).
Nuestra casa en el árbol (Destino, 2017).
La sonrisa de los pájaros (Destino, 2019).




Alma, periodista y escritora de treinta y cuatro años, regresa a Paraíso, la urbanización en pleno campo en la que vivió hasta la adolescencia, veinte años después de que un trágico accidente acabara con su felicidad familiar. Llamada por un impulso inconsciente, alquila la casa en plena naturaleza donde creció para tratar de reencontrarse con los recuerdos, en la esperanza de que sirvan de respuesta a sus preguntas vitales.

El accidente de su familia coincidió en el tiempo con el terrible caso del “milano negro”, nombre que le dio la prensa al asesinato de una madre y sus dos hijos en los parajes naturales de Paraíso, un crimen del que se habló durante años, conmocionando al país, y por el que un hombre que podría ser inocente lleva veinte años en prisión. Alma decide escribir la historia de lo sucedido, hallando nuevos datos y entrevistándose con los protagonistas del drama. La búsqueda de la verdad la reconectará con Javier, un antiguo profesor del que estuvo enamorada, y que, debido a su afición a la cetrería, fue el primero en encontrar a las víctimas durante una de las salidas campestres con su halcón. Mientras Alma encaja las piezas del libro, reflexiona sobre las diferencias entre la realidad y la ficción, la inocencia y la culpabilidad, la necesidad que tiene el hombre de construir un relato hilado de unos hechos incomprensibles, quizá aleatorios, y se encontrará con su propia historia, descubriendo la naturaleza desbordante que la rodea, la verdad de su pasado y algo que jamás pensó llegar a conocer: el verdadero sentido del amor.






Cada día impera más la mezcla de géneros en los libros que se publican. Ahora son muy pocos los que se pueden encuadrar en uno solo: hay novelas de corte histórico basadas en hechos reales en las que la intriga o algún que otro asesinato tienen indudable trascendencia y llevan todo el peso de la trama; o bien novelas negras o detectivescas en las que la relevancia la ocupa una historia de amor sublime. Claro que también nos encontramos, las más de las veces, con novelas en las que puede ocurrir de todo un poco. Eso, desde mi percepción, es lo que ocurre con La sonrisa de los pájaros, una novela en la que se dan cita intriga, asesinatos y una original historia de amor junto con una clase magistral de cetrería, sin dejar de lado algún que otro secreto de familia que harán la lectura todavía más amena.

Y si el desenlace es perfecto, como ocurre en este caso, porque no es que Lea Vélez ponga cada pieza en su lugar, que lo hace, sino por el modo en que es capaz de transmitirlo. Entonces sientes que has entrado en el paraíso del lector. Perdón, ¿he dicho paraíso? Borrar esa palabra de vuestra mente y buscar un sinónimo más acertado... ahora os explico por qué:

Alma Guerrero es periodista y escritora. Le apasiona investigar sobre hechos reales y, a tenor de los resultados, trasladar al papel esas historias. Como es lógico, estas suelen girar en torno a temas que en su día no siempre quedaron claros, bien porque las pesquisas que se realizaron no se llevaron de la manera más ortodoxa posible, dado que quedaron cabos sueltos en ocasiones inexplicables para cualquiera que tuviese dos dedos de frente o bien porque alguien hacía que esos cabos cuadrasen.

Y ahora ha decidido volver al pequeño pueblo de la sierra madrileña en el que pasó su infancia y parte de su adolescencia porque va a investigar un crimen acaecido en la misma urbanización en la que ellos vivían. Han pasado veinte años desde entonces, veinte años desde que sufriera el fatal accidente que acabó con la existencia de sus padres y su única hermana en 1996, cuando apenas tenía catorce años y del que salió milagrosamente con vida, aunque con lesiones importantes. Y aquel crimen que se cometió prácticamente a la vez que el accidente que le marcó la vida, es el que pretende investigar, ya que cada vez son más las voces que dicen que el verdadero responsable de “El crimen del milano negro”, como la prensa lo bautizó, campa a sus anchas mientras un inocente duerme en prisión.

Empezó a recabar la información que le facilitó internet, pues aquel siniestro suceso que llenó las portadas de la prensa en su día, que generó miles de artículos y programas de televisión y del que llegaron incluso a hacerse documentales, se saldó con la condena de Miguel Belén Escuredo, alias el Francés, con una sentencia a ciento setenta años de cárcel por los asesinatos de Vera Manrique y su hijo Pablo Salaverría, así como asesinato en grado de tentativa y torturas de su hija Mila, más una indemnización a la familia de trescientos millones de pesetas un 20 de diciembre de 1997. Sin embargo el acusado, al escuchar la sentencia, se declaró inocente y lo sigue manteniendo a día de hoy.


El primer testimonio se lo brindará Javier, el que en su día fuera su profesor de biología y del que se enamoró en su adolescencia. Él no la recuerda, o eso dice cuando Sonsoles, su amiga de la infancia, se lo presenta. Javier, que aunque sigue siendo profesor, también es cetrero, fue la persona que encontró los cadáveres de Vera y Pablo y el cuerpo de Mila a punto de fenecer junto a un pequeño bosque, cerca del arroyo. También quien llamó a la Guardia Civil. Aquel día había salido de caza con Garbo, su milano, cuando se tropezó con aquella escena dantesca. Todavía lo recuerda como entonces y, si olvida algún detalle, siempre puede recurrir a sus Cuadernos de campo, donde apunta todo.


Poco a poco empezarán a conocerse, irán intimando. La relación pasará de una simple amistad a algo más profundo. Pero siempre hay un “pero” y la felicidad, tan esquiva ella, se verá empeñada más veces de las deseables por los recelo. Sin poder evitarlo, Alma intuye que Javier es una mentira andante, que esconde algún secreto insalvable y se ve incapaz de confiar en él. A su vez, ella, que hasta entonces había sido una descreída en el terreno sentimental, dudará de sus sentimientos, los propios y los ajenos. 

Y el libro de Alma comienza a tomar forma a medida que va recabando  datos, retazos de una realidad que no le es ajena, porque todos, de alguna manera, necesitamos nutrirnos de las historias de otros para huir de la propia. Se reunirá con Daniel Salaverría, marido y padre de las víctimas, un hombre afable por definición, siempre abierto a hablar del tema con periodistas y escritores, quizás porque él, en su día, también escribió un libro testimonial y se sintió en deuda por la promoción que le prestaron. Y también con Mila, superviviente de la masacre o con el responsable de la investigación que se llevó a cabo en su día. Toca todos los palos posibles, sin olvidar que puede que hayan condenado a un hombre inocente (de estos hechos, porque de otros bien merecería que le dejaran encerrado y tirasen las llaves al mar) y se reúna con su abogado, buscando resquicios de su inocencia.

Con todo ello, Alma inicia, a su vez, un viaje al pasado, porque su atracción por este crimen viene de lejos, de cuando convalecía en el hospital como consecuencia del accidente sufrido mientras la televisión bombardeaba a cualquier hora con la aciaga noticia. Para ella fue la fórmula de salir adelante, empapándose de todo lo que el suceso generaba para no reparar en su propia desdicha. En su soledad. En su dolor. Después, cuando le dieron el alta, sus tíos se la llevaron con ellos a vivir a Inglaterra. Desde entonces, hasta ahora, no ha vuelto a pisar la urbanización donde se crió. El sitio que ocupa un lugar muy especial en su memoria y donde siempre fue feliz cuando estaba con los suyos. Es el momento de emprender un viaje de ida y vuelta del presente al pasado, de empezar a conocerse a sí misma porque todavía le queda mucho por descubrir y el camino puede complicarse.

Y si el libro va tomando forma, la vida de Alma, sus miedos, sus desvelos, va tomando fondo. Y también lo hace la de aquellos que la rodean, personajes a los que la esperanza parece haberles dejado de lado, porque todos llevamos una mochila y, algunos, parece que colmada de piedras. Algo así le ocurre a Javier, a quien conocemos a través de sus Cuadernos, que se debate preso de la incertidumbre entre si contar o no a Alma un secreto del pasado, un secreto que puede acabar con su relación en caso de descubrirse, pero que la va minando poco a poco, sembrando dudas, despertando desconfianza.


Y las piezas van encajando, tanto en el libro como a título personal a medida que Alma, a base de reflexiones, se nos manifiesta como un personaje fascinante. Ya no es tanto cuando razona sobre la literatura, sobre sus motivaciones personales a la hora de escribir o de cómo hacerlo, que son fantásticas, sino cuando lo hace sobre la  verdad y la mentira, la realidad y la ficción, la culpa y la inocencia o a través de sus conversaciones con Beakker, otro personaje inolvidable y decisivo en esta historia indeleble que casi parece un juego de espejos donde la vida se proyecta como una presencia inquietante.

En definitiva, La sonrisa de los pájaros es esa novela que desde las primeras páginas ya sabes que has deseado leerla siempre, que las esperabas desde hace mucho tiempo, pero no la encontrabas. Y cuando la devuelves a la estantería, lo haces con una sonrisa en los labios, porque has encontrado un bálsamo para el alma, un bálsamo al que sabes que recurrirás tarde o temprano.