martes, 19 de febrero de 2019

TODO EL BIEN Y TODO EL MAL, de Care Santos




DATOS TÉCNICOS:


Título: TODO EL BIEN Y TODO EL MAL
Autora: Care Santos
Editorial: Destino
Colección: Áncora & Delfín
ISBN: 978-84-233-5443-6
Páginas: 400
Presentación: Tapa dura con sobrecubierta




Últimamente es como si las lecturas que hago me manejasen y se dedicasen a hacerme guiños. Como si las eligiese adrede para que todas ellas tuviesen algo en común. ¿Que me enamora que una de las protagonistas de No es tiempo de peros sea una galga? Pues en la siguiente, Reikiavik, lo es un un rottweiler. ¿Qué en Reina roja se alude a uno de los personajes del archiconocido cuento de Lewis Carrol? Pues la siguiente novela que leo, Los crímenes de Alicia, trata sobre el mencionado autor. Todo esto por no contar de una manía particular que tengo y que expuse hace unos días, en otra reseña, como es la de poner banda sonora a casi todos los libros que pasan por mis manos… a no ser que me la brinde el autor.


Y así llegamos a Todo el bien y todo el mal, la novela de la que hoy os voy a hablar. Y es que resulta que en 1955 Carlos Eleta Almarán compuso un bolero para una película mexicana que llevaría el mismo título, Historia de un amor, que también es la banda sonora de Todo el bien y todo el mal, la última novela de Care Santos, una escritora de las pocas a las que sigo sin faltar nunca a un título desde que leí Habitaciones cerradas y que seguiré de por vida aunque en el futuro se dedique a publicar cursillos de macramé o la lista de la compra en distintos idiomas, porque nunca decepciona, porque siempre enamora.




Care Santos (Mataró, 1970) es autora de diez novelas, entre las que destacan Habitaciones cerradas (2011) ―adaptada a la televisión en 2014―, El aire que respiras (2013), Deseo de chocolate (2014, premio Ramon Llull), Diamante azul (2015) y Media vida (Premio Nadal 2017). Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas, incluyendo el inglés, el alemán, el francés, el sueco, el italiano y el holandés. Es colaboradora de El Periódico y de la revista Mujer Hoy.



Reina tiene un marido, un exmarido, un amante, un hijo adolescente, un buen sueldo y un trabajo que le apasiona y al que se dedica en cuerpo y alma. A Reina le gusta su vida. Aparentemente lo tiene todo, o por lo menos eso piensa ella. Hasta que, durante uno de sus viajes de trabajo, de repente sucede algo en su casa que cambiará las cosas, y que le demostrará de la peor manera hasta qué punto es vulnerable.

Así es como empieza para Reina un largo camino de regreso a casa, en el que lo peor que tendrá que afrontar no es la extenuante espera en un aeropuerto cerrado por una ola de frío siberiano, sino el vértigo que le provoca revisar su vida en busca de la verdad y tener que enfrentarse a ciertas preguntas incómodas: ¿Cuáles son las personas de verdad imprescindibles en nuestra vida? ¿Qué consecuencias tienen las malas decisiones? ¿Qué seríamos capaces de hacer en las circunstancias más terribles? ¿Conocemos realmente a nuestros hijos? ¿Nos conocemos lo suficiente a nosotros mismos?

Todo el bien y todo el mal es sin duda una de las novelas más ambiciosas y valientes que ha escrito Care Santos, en la que nos muestra la frágil telaraña de nuestras relaciones familiares y personales, y lo complicado que resulta mirarse al espejo.




Decía Santiago Rusiñol que quienes buscan la verdad merecen el castigo de encontrarla. Y es que precisamente, la verdad, en la vida real está sobrevalorada. ¿Os imagináis un mundo en el que cada uno pudiese decir todo aquello que piensa, según lo piensa, a golpe de arrebato? Acabaríamos como en el Salvaje Oeste, o algo peor. Sin lugar a dudas, yo preferiría otros valores para mi vida diaria, como la generosidad, la empatía y similares, porque hacen la vida más fácil a uno mismo y a los demás. La verdad hay que cogerla con pinzas. Claro que, en el terreno de la literatura, ese es otro cantar, porque su búsqueda, en ocasiones, puede ser la antesala para una historia asombrosa, como es el caso que nos ocupa y nadie mejor que un personaje como Reina Genè para desnudarse ante nuestros ojos.

Y es que Reina lo tiene todo: un marido que la quiere, un hijo adolescente… la familia que siempre quiso tener. También es cierto que tiene un exmarido con el que tiene que pelearse más a menudo de lo que le gustaría porque tienen un hijo en común, como excusa, o porque en realidad es un muñeco jodón con muchas ganas de incordiar. Y también tiene un trabajo que le apasiona y le permite vivir como siempre ha querido, aunque el camino para aunar todo ello no ha sido un camino de rosas. Esta sería una primera capa en la vida de la protagonista de esta novela. Porque, Todo el bien y todo el mal, es una historia de capas, que no os quepa ninguna duda.

Unas capas que, como las de la cebolla, necesitan una mano diestra que las sepa trabajar, porque ya se sabe que cada capa exterior embebe las interiores y puede afectar o ser afectada por las demás. Eso, que tampoco os queden dudas, lo ha hecho de lujo Care Santos en esta novela.

Y como algunos ya me conocéis o me vais conociendo, me ha venido a la memoria un cuento. Me temo que soy una cuentista nata. ¿Recordáis el cuento de las capas de la cebolla? 

Resulta que en un huerto se cultivaban todo tipo de hortalizas y árboles frutales. Era muy agradable pasear por los caminos de acceso a los bancales, o sentarse a tomar el fresco a la sombra de los árboles. Hasta que un buen día empezaron a salir cebollas de distintos colores, a cual más llamativo y resplandeciente. Resultó que esos colores se debían a que en su interior tenían por corazón una piedra preciosa. A cual más deslumbrante: desde rubíes a esmeraldas; zafiros o aguamarinas.

Eran tan vistosas que enseguida despertaron la envidia del resto de las hortalizas y empezaron a tildarlas de peligrosas, nocivas para la salud e incluso vergonzosas para un lugar como aquel. Y ellas, para protegerse, empezaron a desarrollar capas y capas tras las que esconder su corazón.

Eso sí, en una ocasión pasó un sabio por allí y se sentó a observar a las cebollas. Les preguntó que por qué no eran en realidad como lo eran por dentro y ellas le explicaron sus razones. El hombre se echó a llorar y la gente que lo observó pensó que llorar cuando una cebolla nos abre su corazón era cosa de personas inteligentes. Desde entonces, no hemos dejado de hacerlo.


Pues bien, con Reina Genè sucede algo similar en esta novela. Cuando empezamos a conocerla en las primeras páginas se nos antoja como una mujer frívola, tirando a estúpida. Se encuentra en Bucarest, a donde ha acudido por motivos laborales, en la habitación de un hotel de lujo, encamada con su amante y comparándolo con su marido mientras mantienen una relación sexual que parece no acabar nunca. Para colmo, su marido le da mil vueltas. Y como las comparaciones son odiosas, nada mejor que una buena excusa para salir del trance. Esta viene en forma de llamada telefónica, que Reina atiende rauda y veloz para que de ese modo, Tom, pueda tomarse un respiro. Solo que…

Solo que no es lo que ella esperaba. La llamada la realiza su exmarido y es para comunicarle que Alberto, el hijo que tienen en común, ha intentado suicidarse. Y el mundo, o su mundo, estalla en mil pedazos.

Rápidamente llama a su marido, para que vaya a hacerse cargo del chico y a su hijo para cerciorarse de la verdad. A continuación, reserva el primer vuelo con destino a Barcelona y se dirige al aeropuerto. De camino, llama a a la jefa de recursos humanos de Newzer, la empresa para la que trabaja, que tiene que volver a España por asuntos personales y que ella, a su vez, informe a señor Mirchandani. Sin embargo, Reina no ha reparado en que quince ejecutivos a los que debería entrevistar y que han viajado desde cualquier punto del mundo, la están esperando. Y Reina empezará a desprenderse de su primera capa: el trabajo y todas sus implicaciones.  Desde las propias relaciones laborales y sus vericuetos a cómo llegó a convertirse en la profesional más reputada del sector, por no hablar de esa quimera llamada conciliación de la vida laboral y familiar que ni se la conoce ni se la espera en determinados ámbitos.


Una vez en la terminal, Reina descubre que su vuelo se ha retrasado y en un punto de información se entera de que una ola de frío siberiano, que responde al nombre de “La Bestia del Este”, asola Europa y que ningún aeropuerto europeo está operativo. Tampoco pueden darle más explicaciones. Y comienza un periplo existencial donde debería haberse iniciado otro más prosaico, aderezado con una atmósfera claustrofóbica, donde encontrar un lugar donde sentarse es casi una misión imposible porque está rodeada de personas irritadas superadas por las circunstancias.

Y la angustia se hace verbo y la única herramienta disponible es un teléfono móvil al que sacar partido hasta agotar la batería. Y se pone a ello como si no hubiese mañana. Y a medida que avanzamos en el tiempo, en esta carrera contrarreloj contra los elementos, la ansiedad de la protagonista va apaciguándose y entra en un periodo de reflexión. Poco o nada puede hacer, excepto esperar. Y comienza a analizar el nudo gordiano en que ha convertido su vida con la intención de cortarlo o desatarlo, pero resolviendo como sea la deriva en la que se encuentra. Nos hará partícipes de sus desatinos, sus miserias, los pasos dados en las direcciones equivocadas, también en las correctas y, sobre todo, las mentiras sobre las que ha cimentado su existencia, -algo realmente curioso cuando ella, precisamente, es una psicóloga experta en detección de mentiras y lenguaje no verbal-, así como los secretos guardados a cal y canto y que lo que hasta ahora consideraba certezas, no son más que agua de borrajas.

Y las capas empiezan a caer, una tras otra, porque son muchos los temas que aborda esta novela, a cual más impactante: desde la maternidad a la adolescencia, unida indiscutiblemente a las relaciones que se establecen entre padres e hijos con la novedad que representa el hecho de que el hijo de una primera relación sea compartido con la segunda; es decir, hoy en día el divorcio ha traído aparejado que la relación padre o madre-hijos tenga una nueva variable: la posibilidad de convivir con un nuevo miembro que altere la ecuación para hacerla más complicada y, normalmente, no por culpa de los niños. A ello habría que añadir otras cuestiones como el alzheimer, los abusos, la pedofilia, la investigación farmacéutica, las relaciones laborales, etc… todas ellas tratadas con una minuciosidad exquisita y que dan como para escribir un tratado por la cantidad de debates que pueden generar por sí mismas dada la manera en que aquí se exponen. Otra cosa no será, pero la emotividad y la inquietud están aseguradas.

Entonces descubriremos el auténtico corazón de Reina, un diamante en bruto con muchas aristas, un personaje fascinante, complejo e inolvidable. ¿Qué la hace tan especial? Quizás su modo de entender la vida o quizás su fortaleza, su capacidad para reinventarse, su tenacidad. A lo largo de las veinticuatro horas que Reina pasará en el aeropuerto de Bucarest, no solo rememorará su propia vida, sino que por medio de flash-backs la acompañaremos al interior de su alma en un viaje, eso sí, que abarcará prácticamente un siglo y entonces, eso también, nos trasladaremos a Barcelona, dejando la inhóspita terminal rumana.

Hasta ahora, solo he intentado hacer un bosquejo de la trama porque ya de por sí me parece una historia fascinante que se vende por sí misma; sin embargo, la novela va mucho más allá. Para que os hagáis una idea, os voy a explicar la estructura que sigue la pauta de los vasos comunicantes y que me ha parecido todo un acierto:

- Preámbulo: compuesto por cuatro cartas enviadas en 2017 por Leandro Vives, un profesor de la Universidad de Lleida a Reina Gené.

- Tres partes: Abarcan cien capítulos y están tituladas como La Bestia del Este, la noche más oscura y Stunt Woman.

- Un epílogo titulado Intermedio, compuesto por una carta enviada por Cristina, madre de Reina, a un religioso.

Pues bien, como os decía, he intentado centrarme con mayor o menor acierto en la trama central. Sin embargo, tanto el preámbulo como el epílogo, será el nexo de unión entre esta novela y su segunda parte, que se publicará en breve con el título de Seguiré tus pasos.




Todo el bien y todo el mal, más allá de tratarse de una novela que narra la travesía existencial del alma de su protagonista, va mucho más allá que todo eso, porque cuenta con unos ingredientes que la convierten en una novela de una riqueza poco usual. Tiene un ritmo endiablado; de hecho, es un falso thriller que transcurre a lo largo de tan solo veinticuatro horas, pero también es el retrato pormenorizado de la sociedad actual y cuenta con una galería de personajes bastante potentes. De nota.

Y es precisamente esa falsa acción la columna vertebral de la novela, porque te atrapa en la angustia de la protagonista y la haces tuya, porque a medida que vas pasando páginas, la tensión, en vez de flaquear, aumenta.

Construido con una velocidad extraordinaria y unos diálogos brillantes, los sentimientos de Reina están presentes en todo momento porque, a fin de cuentas, esta es la historia de un amor como no hay otro igual, que le hizo comprender, todo el bien y todo el mal.


lunes, 11 de febrero de 2019

REIKIAVIK, de Pablo Sebastiá Tirado




DATOS TÉCNICOS:

Título: REIKIAVIK
Autor: Pablo Sebastiá Tirado
Editorial: Reino de Cordelia
Colección: Literatura
ISBN: 978-84- 16968-59-6
Páginas: 296
Presentación: Rústica con sobrecubierta y cuadernillos cosidos





El pasado 27 de noviembre asistí, junto a las yincaneras madrileñas, a la presentación de Reikiavik, de Pablo Sebastiá Tirado. El lugar del encuentro fue la Librería Lé y acompañaron al autor el editor Jesús Egido y la periodista Teresa Viejo. Tengo que admitir que entre los tres consiguieron despertar mi interés por leer esta novela que, en principio y tras leer la sinopsis, me rompió los esquemas al introducir ciertos toques de ciencia-ficción. Y es curioso porque siendo este último un género que me gusta bastante, me provoca cierto pánico cuando se mezcla con otros, especialmente con el de la novela negra.


Pero no os asustéis como hice yo, porque no merece la pena. Los mencionados toques de ciencia-ficción son eso: nimiedades que no desmerecen en nada la trama, sino que la alimentan y el resultado es una historia sensacional, capaz de enamorar al lector más exigente.




Pablo Sebastiá Tirado (Castellón de la Plana, 1973). Abogado, escritor y periodista. Ha trabajado en distintos medios de comunicación (prensa escrita, radio). En la actualidad compagina la creación literaria con la asesoría de empresas y la promoción editorial. Es miembro del comité organizador del certamen internacional de crimen y ficción Castelló Negre y forma parte del colectivo «12 Plumas Negras».

Ha publicado hasta el momento las siguientes novelas:

- El último proyecto del doctor Broch (2007).
- La agenda Bermeta (2008).
- El último grado (2010).
- Secreto de estado (2011).
- La sonrisa de las iguanas (2014).
- Reikiavik (2018).

También ha participado en varias antologías de relatos, entre ellas España negra (2013).





El albino Hannu, siempre acompañado por un fiel y enorme rottweiler color azabache, ajusticia a los hermanos Ferrutti, los dos principales capos que controlan el juego y la prostitución en Cataluña. El golpe es tan salvaje como efectivo, pero por primera vez el ejecutor deja un cabo suelto al respetar la vida de una joven que se esconde con su bebé, secuestrada por uno de los capos asesinados. Los tres juntos deberán huir de los sicarios del clan mafioso por una Barcelona corrupta y sumida en el odio, donde nadie es inocente y la traición y el poder se dan la mano en los bajos fondos. 

Pablo Sebastiá Tirado nos sumerge en los ambientes más sórdidos de la capital catalana, pero también nos lleva de viaje desde Sicilia hasta Islandia, e incluso al futuro mediante una extraña investigación donde un hombre se enfrenta en solitario a un reto científico peligroso e inquietante.







REIKIAVIK SE ESCRIBE EN BLANCO Y NEGRO


Reikiavik se escribe en blanco y negro y, si me apuráis y para darle algo de color, con algunas gotas de sangre, aunque en la novela se derrame por teralitros.

Dividida en cuatro partes tituladas al igual que tres libros del Antiguo Testamento (Génesis, Levítico y Salmos) y uno de Nuevo Testamento (Apocalipsis), en alusión a las muchas citas bíblicas que el protagonista menciona a los culpables que ha sentenciado previamente, está estructurada en dos líneas temporales, con sus respectivos escenarios, que son la prueba palpable de una metáfora continuada. Por un lado, en octubre de 2005, viajamos a Islandia para recalar en el Complejo Tecnológico IGT en Borgarnes, una pequeña localidad islandesa de casi dos mil habitantes localizada en la costa del Borgarfjörður; por otro, en julio de 2016, el destino será Barcelona, con un breve escarceo a Lloret de Mar.


REIKIAVIK SE ESCRIBE EN NEGRO SOBRE FONDO BLANCO

Pietro Fabrucczini llegó a las instalaciones del Complejo Tecnológico IGT de Borgarnes en septiembre de 2005. Lo primero que le llamó la atención era que todo era blanco, como la biografía de un recién nacido; de frío acero, como la poca relación que mantienen los que allí viven y trabajan y de cristal, para que todo sea transparente, como las promesas de los políticos antes de unas elecciones, al menos lo admisible. Es así tanto la estructura de las instalaciones como todo el mobiliario. Asepsia en estado puro. Ausencia de color por los cuatro costados. El presente con vistas al futuro. Por eso Reikiavik se escribe en negro sobre fondo blanco.

No llegó de manera casual, ni porque se ofreciese como voluntario para un experimento porque su interés por la ciencia fuese su máxima prioridad. No. Pietro había sido condenado por homicidio a veinticinco años de reclusión mayor tras un potente tiroteo con los Carabinieri y después de haber pasado los últimos cinco años en la prisión de Carinola y sabiendo el futuro que le esperaba, aceptó la extraña oferta que le hizo Filippo Inzaghi a través del hijo y sucesor de su anterior jefe, Carlos Mancini, un mafioso siciliano muerto en la refriega que le llevó a él a la cárcel, comprometiéndose a convertirse en conejillo de indias para un experimento secreto, aún por revelar. No tenía opción: era eso o la nada. Y la nada era peor que la muerte. Antes de viajar a Islandia cambiaron su identidad para darle una nueva. En adelante, se llamaría John Smith, de profesión soldado de una unidad de élite en las SAS británicas en misión secreta.

Durante su primer mes de estancia, su vida transcurrió en el pabellón médico del complejo, donde le hicieron todo tipo de pruebas, tanto físicas, como neurológicas y psicológicas, por lo que se relacionaba con muy pocas personas:

- Robert Eriksson, doctor y director de la compañía desde 1998. Soltero, de ascendencia noble y cortés por naturaleza, es muy exigente con el trabajo.

- Amelia Nalbandián: Jefa del área de psicólogía del grupo, de origen argentino.

- María Gómez, de origen español, es la más simpática de las tres enfermeras que le cuidan y por la que, desde el primer momento, sintió una fuerte atracción. Todas fueron contratadas en 2004 desde sus países de origen después de superar unas pruebas bastante complicadas. Las otras dos provenían de Alemania y Bélgica.

Una vez superadas todas las pruebas con éxito, en una reunión a la que concurrieron todos los miembros del consejo rector de la sociedad al completo, le explicaron en qué consistiría el proyecto que llevarían a cabo con él: convertirle en el primer hombre teletransportado de la historia. Un hito al alcance de una compañía financiada por las grandes fortunas mundiales.


REIKIAVIC SE ESCRIBE EN BLANCO, SOBRE FONDO NEGRO

Se inicia la trama con el asesinato de Roberto y Alberto Ferrutti, los capos de la mafia en la Ciudad Condal, que controlan el tráfico de drogas, la prostitución y el juego clandestino en la ciudad. Cuentan para con el beneplácito tanto de la Guardia Urbana como de los Mossos d’Esquadra y campan a sus anchas. Sin embargo, los muy ilusos no fueron capaces de ver las intenciones de Hannu el albino, a quien sentaron a su mesa para iniciar una partida y que confundieron con un millonario excéntrico. Los mató a quemarropa, sin despeinarse, así como al guardaespaldas del primero. Tampoco le quedó otra opción con el camarero que les asistía, porque él no es de dejar testigos sueltos que luego lo cuentan todo. Son unos cuantos años eliminando escoria y la perfección es su seña de identidad. 

Acompaña al homicida un enorme rottweiler que pesa más de sesenta kilos, negro azabache, que justo en el momento en que van a marcharse, una vez eliminadas las huellas, descubre que, en el patio de luces del local, hay una puerta metálica bastante sospechosa. Una vez abierta, aparece ante sus ojos una habitación preparada para que una o varias personas puedan vivir durante largas temporadas y una joven –demasiado joven-, con un bebé en brazos. Sin embargo, cuando va a matarla, el perro se interpone en el camino de la bala, protegiéndola con su cuerpo.

Y lo le queda otro remedio que hacerse cargo de la muchacha y el niño. Y esta no es otra que la “novia” del menor de los Ferrutti y el bebé, el hijo de ambos.

Comenzará entonces una huida frenética por una Barcelona tan oscura como corrompida, que rápidamente se moviliza ante la llamada del patriarca del clan.

Y es que Reikiavik, cuando transcurre en Barcelona, se escribe con tinta blanca, porque su fondo es muy negro. Demasiado negro.




¿Qué más os puedo decir de una novela que es muy, pero que muy buena, tanto por su trama, como por su personajes, por su inicio tan rotundo, por su ritmo endiablado cuando toca y reposado cuando es necesario, por los recursos utilizados, por el misterio perfectamente dosificado que la rodea, por la crítica social que destila, por las reflexiones que te obliga a mantener continuamente, porque utiliza un lenguaje ágil con capítulos cortos que le dan más velocidad si cabe y unas escenas absolutamente cinematográficas, por sus diálogos inteligentes, porque aunque en ella se simultaneen dos líneas temporales, cada una de ellas te resulta apasionante o por su desenlace espectacular?

Pues sí, hay algo más que os puedo decir y que no es baladí: Reikiavik está encuadernado en rústica y cuadernillos cosidos con hilo. La cubierta es preciosa, pero si se la quitas, aparece una portada todavía más bonita. En ella se muestra el mapa de Islandia que ocupa también la parte de la contracubierta y, sobre él, en primer plano, el arma que utiliza Hannu, el protagonista de la novela. Un lujo para cualquier lector. Una gozada de edición por el gramaje del papel utilizado y porque no le faltan detalles como páginas de cortesía, portadilla, portada, etc. 

lunes, 4 de febrero de 2019

NO ES TIEMPO DE PEROS, de David Jiménez "El Tito"



DATOS TÉCNICOS:


Título: NO ES TIEMPO DE PEROS
Autor: David Jiménez “El tito”
Editorial: Versátil
Colección: Off Versátil
ISBN: 978-84-17451-31-8
Páginas: 416
Presentación: Rústica con solapas




Ser bloguero es un deporte de riesgo. Continuamente tienes que luchar contra los elementos. De todo tipo. Es una actividad, en particular la de aquellos que nos dedicamos a hablar de libros, que tiene muchas particularidades. Para empezar, la curiosidad hace que estés continuamente oteando el horizonte en busca de nuevas lecturas, porque somos insaciables e inconscientes. Llenas tu casa de libros, porque también eres antojadizo, porque todo te tienta. Lo llevamos en el ADN. Y luego la vida no te da para tanto como quieres abarcar. Bueno, a algunos sí, pero esa es otra historia. El caso es que sí, acumulamos libros como si tuviésemos una extraña desviación del Síndrome de Diógenes. O algo así.

Por ello, de vez en cuanto, a algunos nos dan ataques de responsabilidad y, en mi caso particular, por mucho que me llame algún título, me tengo que reprimir, con lo que eso duele. Y es que no puedo estar a todo lo que se cuece y me voy dejando por el camino historias que podrían haberme alegrado por una temporada y eso es algo que, como diría Esperanza Gracia, me inquieta, me atormenta y me perturba.

Y como de esos barros vienen estos lodos, eso es lo que me ocurrió con Muertes de sobremesa, primera parte de esta trilogía que hoy terminamos en #SoyYincanera con No es tiempo de peros. No pude leerla en su momento y cuando abordamos en esta misma iniciativa la lectura simultánea de Inspector Solo, lo lamenté especialmente. Mucho. Lo tuve claro desde el principio, con ese arranque monumental de la novela que me hizo fibrilar como pocas veces me ha pasado y viendo que estaba exquisitamente contextualizada. Seguí leyendo porque era imposible parar. Ni para respirar. ¿Sabéis por qué? Porque la trama era farlopa de la buena, de la que toman los profesionales del “bisnes” y maleantes de alta ralea y yo, una yonki de la corrupción al borde del abismo, no me pude resistir a esa droga. Necesitaba que corriese por mis venas al mismo ritmo que Marcial se adentraba en las cloacas de Cartagena, devorando esa historia tan intensa como oscura protagonizada por un personaje único, irrepetible, al que llevaba años esperando.

Así que, para ir entrando en faena, desde aquí os avanzo que, de David Jiménez, hay que leerse hasta lo que viene después del punto y final de los agradecimientos. Incluso las páginas en blanco, por si acaso. Tenía que haber leído Muertes de sobremesa antes, lo repetiré mil veces para que no os pase como a mí. O solaparla. Pero no hubo manera. Los astros se confabularon contra mí. O cualquier otra cosa sin que parezca una excusa.

Y ahora sí, vayamos con la reseña, que no es tiempo de peros…



David Jiménez Martínez (Cartagena, 1978). Es licenciado en Biología por la Universidad de Murcia. Después de haber desarrollado su carrera como biólogo en el ámbito del control de calidad, en la actualidad ejerce en Castellón como agente marítimo de Vigilancia Aduanera, un cuerpo policial adscrito a la Agencia Tributaria que se encarga de la represión del contrabando.

Tras colaborar durante unos meses con Castellón Noticias redactando artículos sobre novela negra, decidió dar el salto a la literatura y escribió Muertes de sobremesa, con la que consiguió abrirse un hueco en el difícil panorama literario contemporáneo. Con ella se inició la serie de Marcial Lisón, que continuaría después con Inspector Solo y ahora con No es tiempo de peros.



Zoe Ochoa ya no es esa policía tímida que no se atrevía a mirarlo a la cara. Marcial Lisón ya ni siquiera es policía. Ambos han pagado un peaje demasiado alto por trabajar al margen de la ley. Ahora lo único que los une es una causa común: encontrar al Cazador.

Pero compartir un objetivo no los convierte en compañeros, solo en socios; unos socios que tendrán que lidiar con una relación amor-odio basada en engaños.

Para Zoe, Marcial es el mejor medio para descubrir al verdadero culpable de la muerte de su novio. Para Marcial, Zoe es la única compañía humana que no le resulta insoportable.

La búsqueda del Cazador los une en un nuevo caso, pero esta vez nada será igual. Marcial ya no tiene una placa que le impida desafiar las normas, y Zoe simplemente ha dejado de cumplirlas. Ambos iniciarán un descenso a los suburbios de Cartagena en la investigación de una trama de blanqueo de capitales que salpicará de sangre los cimientos de la ciudad.




Puede que sea una estupidez lo que voy a decir a continuación y no sé si os pasará a vosotros, pero a mí sí y con asiduidad, que cuando un libro me gusta mucho, le pongo banda sonora. Es verdad que en ocasiones, y cada vez más, hay autores que lo hacen, aunque no es lo más usual y soy yo, bien por lo que un escenario concreto me sugiere, bien por lo que hace un personaje –generalmente el protagonista-, por su personalidad o por su actitud ante los acontecimientos que le sobrevienen que lo identifico con una canción. O con varias llegado el caso. Por eso, cuando conocí a Marcial Lisón, o Marcial a secas, una canción rondó mi cabeza: Walk on the Wild Side, de Lou Reed, si bien es cierto que, siendo mi canción preferida, era fácil que me viniese a la cabeza con facilidad dado que el protagonista de esta trilogía es un hombre que, por encima de todo, camina con soltura por el lado salvaje de la vida, sorteando a su antojo, también con mucha destreza, la ley. Claro que, la segunda canción que me vino a la cabeza no podía ser otra que Under Pressure, cantada, eso sí, a dúo por David Bowie y Freddy Mercury, por mucho que en el móvil del exinspector, clavado en el techo con puntas oxidadas, suene Tú sin braguitas y yo sin calzones, de Kutxi Romero. 

Y podría seguir mencionando canciones, si hablamos de su trama. Claro que aquí podría extenderme hasta el infinito, porque pocas veces podrás encontrar tantos temas, tantos sentimientos, tantas circunstancias, tanta intriga, tanta crítica social, tanto todo... Podría decirse que David Jiménez ha encontrado el vellocino de oro y nos ha pergeñado una tragedia cuasi griega con todos los elementos y sus características. De hecho, en el protagonista de No es tiempo de peros -así como de toda la trilogía-, se aprecian los valores más apreciables tanto de hoy en día como de la antigüedad, como son la lealtad o la generosidad por mucho que lo quiera ocultar bajo el manto del ostracismo. Sin embargo, su compañera Zoe, aquella que supo romper la coraza de sus sentimientos, pone el contrapunto. Y es que aquella muchacha que pecaba de pacata, que obedecía sin rechistar, fruto de una mala experiencia -posiblemente una de las peores por las que pueda pasar una persona- se ha subido a lomos del caballo de la venganza y parece haberse mimetizado en ella. De hecho, si buscas su definición en el DRAE, aparece su foto.

No obstante, una vez terminada la novela, impactada y bloqueada como pocas veces me he sentido, tuve que hacerle la Prueba de las Tres Rejas, para poder recomendarla. Os la explico:




Hay veces en que recurrir a un cuento tradicional para transmitir aquello que, en principio, queremos decir es lo más cómodo. Sobre todo, porque todos invitan a la reflexión y se pueden aplicar a cualquier escenario. Por eso, hoy, para quienes no lo conozcan, os quiero hablar de la prueba de las tres rejas:

El joven discípulo de un filósofo llegó un día a su casa  con intención de informarle que un amigo suyo estaba hablando mal de él. El sabio ni se inmutó y al notar la inquietud de su aprendiz, le preguntó: ¿Cumple esa información la prueba de las tres rejas?. ¿Las tres rejas?, -preguntó el muchacho-. Y el maestro se lo explicó:

- La primera reja es la de la verdad. ¿Estás seguro que lo que me ibas a relatar es absolutamente cierto? El alumno aclaró: No, simplemente me lo han contado.

- Imagino que entonces habrás pasado la información por la segunda reja, la de la bondad. ¿Esa advertencia es buena para alguien?. No, al contrario; de hecho, puede ser nefasto, respondió.

- Entonces, supongo que habrás tenido en cuenta la tercera reja, que es la de la necesidad. ¿Es necesario que sea sabedor de eso que te parece tan inquietante?. No, necesario no es, contestó el discípulo.

- Por lo tanto, terció el filósofo, si no es cierto, ni bueno, ni necesario, mejor lo olvidamos.

Pues bien, siempre que reflexiono sobre algo (normalmente temas personales que me puedan afectar) y me acuerdo de esta Prueba, lo paso todo por el tamiz de las rejas y saco conclusiones. No falla. Así que he hecho la prueba con No es tiempo de peros y este ha sido el resultado:

- Reja Uno: La verdad. Todo lo dicho en esta reseña es rigurosamente cierto. Está basada en las sensaciones que me ha sugerido la lectura de la novela. No hay ninguna impresión proveniente de un tercero. Es posible que pueda coincidir con muchas otras reseñas publicadas en la red, algo bastante habitual cuando una historia alcanza rango de memorable y altamente recomendable, pues, a fin de cuentas, ante lo bueno es muy fácil escribir bondades y quitarse el sombrero ante quien sea.

- Reja Dos: La bondad. Esta reja, en concreto, no me ha costado nada traspasarla, porque entiendo que es bueno que se conozca y se difunda que una obra en concreto merece la pena. Sobre todo entre la comunidad bloguera que, como decía al principio, siempre andamos buscando mirlos blancos que llevarnos a los ojos. Hay mucha competencia, son miles los libros que se publican cada año y el tiempo de que disponemos es finito, por lo que estar al corriente de qué es lo mejor, es importante. Y lo mismo debería aplicarse en sentido contrario, porque todo lo que se dice desde la verdad, aunque sea en sentido contrario, siempre es bueno, por lo que de honesto hay, para el lector.

Reja Tres: La necesidad. En este caso, esta reja guarda relación con la anterior. Sí, es necesario que el futuro lector sepa de esta novela y más concretamente si le puede interesar la temática. Por otro lado, soy de las que piensan que cuando un escritor lanza su obra al mercado, el libro ya no le pertenece, sino que es patrimonio de quien lo lee. Sin embargo, si esa lectura nos ha gustado, nos ha conmovido o hemos disfrutado en el envite, también es necesario hacérselo saber a él y al resto de sus potenciales clientes. Quid pro quo.


Y como no quiero extenderme mucho en la trama, porque a fin de cuentas estamos hablando de la tercera parte de una trilogía espectacular, voy a ir apurando, mencionando que la acción transcurre en Cartagena, ciudad natal del autor. Eso sí, no esperes encontrarte con los escenarios que te recomendarían seguir en la Oficina de Turismo, ni a descubrir un itinerario arqueológico o un simple paseo por la bahía o el puerto con vistas a los montes de Galeras y Julián. No. Marcial -y Zoe- son más de trajinar por los barrios marginales donde anidan los delincuentes de la peor calaña, acompañados de yonkis y camellos en estrecha comunión.  Eso sí, que no se te olvide que en No es tiempo de peros, hay corrupción por los cuatro costados: se respira, se palpa, se ve, se huele, se escucha y se siente, asesinatos, deslealtades, odio, palizas, torturas, sobornos, cohechos y todo lo que te puedas imaginar y un poco más.






Si te gusta la novela negra, No es tiempo de peros es más negra que ninguna. Pero si simplemente te gusta leer, pocas novelas encontrarás a su altura, porque incluso entre la depravación, la perversión el odio y la venganza se puede encontrar poesía. La pone David Jiménez, "El Tito" y te aseguro que te sorprenderá su pluma. De nota.

Si te gustan las novelas de personajes, No es tiempo de peros es tu novela. Los hay como para una boda, de todos los estilos, clase o naturaleza. Eso sí, sobre todos ellos se alza Marcial. Y los eclipsa. ¿Por qué? Es muy sencillo:  Él es el personaje. Mi personaje. Porque da igual si te has leído la trilogía entera, si has empezado por este libro o por el anterior. El magnetismo de Marcial es de tal calibre, que la trama –que es impecable- queda en segundo lugar. Porque Marcial no son solo sus actos. Es lo piensa, lo que dice, lo que siente… incluso lo que hace y lo que deja de hacer. Porque esa necesidad de autodestruirse que arrastra parece que no tiene fondo, salvo cuando toma el timón Sola, la galga en la que vuelca esa sensibilidad que esconde como un tabú. Porque su lealtad no tiene límites. Su generosidad, tampoco. Solo hay que rascar un poco en la superficie. Y Zoe, con él y a su lado brilla, sin él solo es la sombra de lo que fue... ¿O puede que esté en vías de corregirse?



sábado, 19 de enero de 2019

REINA ROJA, de Juan Gómez-Jurado




DATOS TÉCNICOS:

Título: REINA ROJA
Autor: Juan Gómez-Jurado
Editorial: Ediciones B
Colección: La trama
ISBN: 978-84-666-6442-4
Páginas: 568
Presentación: Tapa dura con sobrecubierta





Juan Gómez-Jurado es de los pocos escritores a los que espero con impaciencia en condiciones normales pero que cuando empiezan a circular las primeras noticias sobre el próximo lanzamiento al mercado de una de sus novelas alcanzo niveles de paroxismo. Por ello, cuando llega el momento en que ya tengo la novela del momento en mis manos, comienzo a leerla con desesperación, como si no hubiese un mañana, porque sus historias son siempre tan vertiginosas que no veo el momento de parar aunque sea para respirar. Y podrán gustarme unas más que otras si las comparo entre ellas, aunque todas, en general, lo hacen tirando a mucho.


Y hoy vengo a hablaros de Reina roja, publicada el pasado 8 de noviembre, que ha colmado todos mis deseos. 





Juan Gómez-Jurado (Madrid, 1977). Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad San Pablo CEU, ha ejercido como periodista en distintas redacciones (Canal Plus, Televisión Española, Cadena Ser o el diario ABC). También es colaborador en distintas revistas, radio y televisión.

Como escritor, ha publicado tanto literatura infantil o juvenil (Otras voces, en Alfaguara) como no ficción (La masacre de Virginia Tech, Anatomía de una mente torturada) pero por lo que sin duda es más conocido y con lo que ha recibido numerosos premios ha sido por las siguientes novelas, publicadas en más de cuarenta países:

- Espía de Dios (Roca Editorial, 2006)
- Contrato con Dios (Plaza & Janés, 2007)
- El emblema del traidor (Plaza & Janés, 2008)
- La leyenda del ladrón (Planeta, 2012)
- El paciente (Planeta, 2014)
- Cicatriz (Ediciones B, 2016)
- Reina roja (Ediciones B, 2018)




Antonia Scott es una mujer muy especial. Tiene un don que es al mismo tiempo una maldición: una extraordinaria inteligencia. Gracias a ella ha salvado decenas de vidas, pero también lo ha perdido todo. Hoy se parapeta contra el mundo en su piso casi vacío de Lavapiés, del que no piensa volver a salir. Ya no queda nada ahí fuera que le interese lo más mínimo.

El inspector Jon Gutiérrez está acusado de corrupción, suspendido de empleo y sueldo. Es un buen policía metido en un asunto muy feo, y ya no tiene mucho que perder. Por eso acepta la propuesta de un misterioso desconocido: ir a buscar a Antonia y sacarla de su encierro, conseguir que vuelva a hacer lo que fuera que hiciera antes, y el desconocido le ayudará a limpiar su nombre. Un encargo extraño aunque aparentemente fácil.

Pero Jon se dará cuenta en seguida de que con Antonia nada es fácil.






Hay veces en que un autor sorprende por uno o mil motivos, -más allá de lo que te pueda hacer disfrutar con la historia que te ofrece- y estos no son otros que las perlas que va diseminando a lo largo de su novela. Por ello, acostumbro a fijarme en las dedicatorias, en los agradecimientos o en algunas citas de lo más oportunas que suelen acompañar, bien al inicio de la misma o, como en el caso de Reina roja, al principio de cada una de las partes en que se divide el libro.


Y digo esto porque mi primera sorpresa llegó con la primera de ellas. Pensé que al citar un extracto de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, el autor nos estaba dando una pista sobre el significado del título. Y es que laReina Roja (no confundir con la de Corazones), es uno de los personajes más interesantes de la singular partida de ajedrez en la que tendrá que participar la protagonista en A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, continuación de la novela anterior. Eso sí, enseguida nos damos cuenta que los tiros van por otro lado, aunque pensando, pensando... hay un momento en que en la trama de la novela, también se escenifica una partida de ajedrez con sacrificios de álfiles y donde cada casilla representa el valor de cada vida, que se puede ir duplicando a medida que se avanza en el tablero.

Y si me impactó la cita de la primera parte, ¿qué decir de la segunda cuando se homenajea a Joaquín Sabina y Pancho Varona?, porque, ¿cómo huir cuando no quedan islas para naufragar? Pues algo de ello encontraremos. 

Así que si poco os he dicho de la primera parte y casi nada de la segunda, de la tercera solo mencionaré que la cita es sublime. Sin más.


Llevaba medias negras, bufanda a cuadros, minifalda azul…

En la comisaría de la Policía Nacional de la calle Gondóniz, de Bilbao, no dan crédito a lo que Jon Gutierrez ha hecho. Después de veinte años en el cuerpo y a sus cuarenta y tres, acaban de nominarle a idiota del año. O algo así. Y todo porque se le ha ocurrido meterle trescientos setenta y cinco gramos de heroína a un chulo en el maletero de su coche con la sana intención de mandarle al talego sin parar ni en los semáforos. Tenía prisa en inspector. ¿La razón? Cuestión de empatía, aunque no con él. Resulta que cuando conoció a Desiree Gómez, alias la Desi –no sé si en un paso de cebra, toreando a un autobús- y conoció su triste realidad, no supo medir sus impulsos, así que harto de ver las secuelas de las palizas que el otro le propinaba, se le ocurrió la brillante idea. Y todo hubiese salido de lujo de no haber sido porque se le fue la boca y se lo contó a la chica. Y la chica al proxeneta en un ataque de lealtad. Y le pusieron una trampa en la que cayó como el pobre diablo que en el fondo es. Así que le grabaron mientras lo hacía y vendieron el vídeo a una cadena de televisión, para hacerse viral en un par de horas con el hashtag #DictaduraPolicial.

Y ahora se encuentra suspendido de empleo y sueldo y con unos cargos en su haber que son como para encomendarse a San Mamés o para apalancarse junto a los devotos de la Romería del Santo Reproche: que si unos delitos de falsedad documental por aquí, que si una alteración de pruebas por allá… vamos, lo que viene siendo una obstrucción a la justicia en toda regla que se resume en una deslealtad profesional de manual. Es decir, que sumando a la baja los delitos, la broma se podría convertir en una pena de entre cuatro a seis años si el fiscal tiene un buen día o diez en caso de que lo tenga malo porque haya perdido el Athletic de Bilbao.

Claro que todo eso se podría condonar si acepta un trato que le proponen desde otro negociado…




Por las paredes grises se desparrama el zumo de una fruta de sangre crecida en el asfalto…

Trato que, en principio, parece sencillo, pues simplemente se tiene que encajar en Madrid, -concretamente en el Barrio de Lavapiés, ese al que algunos se empeñan en considerar el más cool de Europa y no es más que un desolado paisaje de antenas y de cables que desdibujan el horizonte-, ya que allí es donde habitan el olvido y Antonia Scott -en el número siete de la calle Melancolía, para más señas- y, una vez en su casa, solo la tiene que convencer para que se suba a un coche y acudan a una dirección establecida de antemano. Pero llueve sobre mojado y Antonia, que ya está de vuelta de todo, se conoce todas las artimañas de Mentor y no necesita de presentaciones, se niega a aceptar la propuesta que el vasco la ofrece y a él no le queda otra opción que recurrir a ese manido portazo que siempre suena como un signo de interrogación.

Sin embargo, mientras Jon baja a pie los siete pisos del edificio, se obra el milagro. Antes de que él llegue al portal,  Antonia, que estaba hablando con su abuela cuando él irrumpió en la vivienda, retoma la conversación que dejó pendiente mientras duró la visita. Al irse el vasco, la anciana la convence para que vuelva a ponerse la chupa de cota de mallas contra la desdicha, aunque sea por una noche, y se dé una oportunidad.

¿Y qué oportunidad? Os estaréis preguntando. Pues una tan sencilla como volver al trabajo por el que, tiempo atrás, luchó tanto.


Y en tan solo unas pocas páginas nos veremos inmersos en una aventura de rompe y rasga, de las que dejan huella, de esas con las que te topas cada mucho tiempo y que siempre agradeces porque te mantienen en vilo mientras plantea temas tan interesantes como la naturaleza del mal; o hasta dónde llegarían unos padres por salvar a sus hijos, o si hay vidas más valiosas que otras o disyuntivas más fuertes que todo lo anterior y que te sorprenderán.




Puede que a lo largo de la reseña haya quedado claro por qué me ha gustado tanto. O puede que no.

Puede que no haya sido capaz de explicar la fuerza que tienen sus protagonistas. O puede que sí.

Puede que me haya explayado en lo referente a la trama. O puede que no.

Puede que no haya incidido lo suficiente al hablar del estilo de Juan Gómez-Jurado. O puede que sí.

Puede que me haya quedado escasa a la hora de hablar sobre el ritmo de la novela. O puede que no.


Puede que apenas haya hablado del desenlace de la novela. O puede que sí.


Así que, como decía el flaco, vamos resumiendo:

- Me ha gustado mucho, o más bien, muchísimo, porque me ha tenido en vilo durante sus más de quinientas páginas. Porque me he divertido, cuando tocaba. Porque me he mordido las uñas hasta su mínima expresión desde la primera página. Porque aunque soy un extraño caso de dormilona insomne, me quitó el sueño. Porque siendo inapetente (aunque no lo parezca), me quitó el apetito. Porque me duró entre las manos dos días a lo sumo, dado que la empecé una tarde y la terminé la noche del día siguiente. Porque, desde entonces, sigo pensando en ella, recordando escenas, sorprendiéndome con sus giros. Acordándome del autor a diario y, a veces, para mal por cómo me lo ha hecho pasar y porque no sé si soportaré el tiempo que falta hasta vivir una nueva aventura con Antonia y Jon. ¿Resistiré? No lo tengo claro.


- Porque sus protagonistas tienen una fuerza brutal y un carisma arrollador. Son la noche y el día, un kōan imposible, la paradoja en estado puro. Personajes que se nos van desnudando a medida que transcurre la trama y que, mientras eso ocurre, son más cercanos por la humanidad que destilan, sin obviar que tienen sus luces y sus sombras por las heridas que acumulan, por las que todavía sangran. He de admitir que me fascinaron desde el primer momento. Un amor a primera vista que me hizo replantearme si pedir cita al oculista, porque Antonia, en particular, no lo ponía fácil. Pero sentí un pálpito en los primeros párrafos de la novela y solo me quedó rendirme  a sus pies. No me arrepiento. Con Jon todo era más fácil, porque es noble, porque tiene un sentido del humor digno de admirar. 

- La trama es eso: LA TRAMA. Una historia formidable difícil de olvidar y que invita a posteriores lecturas aunque solo sea por darnos el gustazo de volver a disfrutar de ella aun conociendo el desenlace, ya que en todo momento somos conscientes de esa magia que lo impregna todo. De hecho, para hacer esta reseña he vuelto a releer capítulos enteros y son tantos los guiños y símbolos encontrados que he vuelto a deleitarme con ella casi más que la primera vez, en la que no reparaba tanto en ellos por el ansia de seguir leyendo, de saber más y más. Y es que Reina roja es un thriller impactante, perfectamente articulado y de alta tensión donde el mal es por momentos tan identificable como etéreo. Puro delirio.

- El estilo de la novela es ágil, fluido, pero sobre todo ameno. Las descripciones son enteramente cinematográficas, pues parecen cimentadas desde una óptica fotográfica. En mi caso, al transcurrir la historia en Madrid, no me ha costado nada ubicar cada localización; de hecho, me daba la impresión de estar viendo una película, aunque imagino que el lector que no conozca tan a fondo la ciudad, puede tener la misma sensación. Los diálogos son dinámicos y expectantes y el lenguaje corriente, excepto cuando nos muestra su particular colección de Palabras Imposibles dignas de enmarcar. En resumen, una novela brillante planificada minuciosamente.

- Y del ritmo… ¿qué contaros sobre el ritmo de Reina roja? Hablar de vértigo, sería quedarme corta, porque es una locura de novela.

- Termino pidiendo perdón si al escribir este despropósito de reseña me he excedido con las citas a Sabina, pero quizás me entendáis cuando leáis la novela y, sobre todo, se lo pido al autor si en algún momento me lee, pero es que hasta en eso ha dado con mi talón de Aquiles. No obstante, no me olvido del desenlace, porque,  como no podría ser de otra manera, solo puedo decir que es soberbio. Todo queda cerrado y aun así quieres más. ¿Por qué? Porque sabes que quedan unas cuantas páginas por leer y ya te estás preparando para un epílogo sublime, porque, o has consultado el índice, o te lo dice el instinto lector. De esos que te hacen llorar no porque a última hora a Gómez-Jurado se le haya ocurrido terminar con un final feliz que apela a cualquier clase de sentimentalismo como ocurre en muchos de ellos. No. Te hace llorar porque remata con un cliffhanger que, más que un gancho al uso, es un mazazo de proporciones bíblicas. Es entrar en bucle por la puerta grande y no salir de allí ni queriendo, porque te retrotrae a otro momento ya vivido y malamente superado. En definitiva, Un déjà vu de antología. Eso sí, para irlo llevando, al final, en la Nota del autor, nos confirma que Antonia y Jon volverán y entonces le perdonas que sea tan grande, que te lleve del infierno al cielo con escala en el Cabo de Poca Esperanza en cuestión de minutos.