lunes, 7 de mayo de 2018

LA TRAGEDIA DEL GIRASOL, de Benito Olmo


DATOS TÉCNICOS:

Título: LA TRAGEDIA DEL GIRASOL
Autor: Benito Olmo
Editorial: Suma de Letras
Colección:
ISBN: 978-84-9129-182-4
Páginas:
Presentación: Rústica con solapas



 



Desde que hace más de un año conocí a Manuel Bianquetti en La maniobra de la tortuga, supe que este personaje había nacido para quedarse, que no podía ser flor de un día. Por ello, cuando me enteré que Benito Olmo volvía a publicar una nueva entrega, me sentí francamente dichosa. No es fácil encontrarse bigardos de semejante envergadura (y lo digo tanto en sentido real como figurado) y no sacarles partido. Así que nos faltó tiempo para hablar con la editorial y proponerles una Lectura Simultánea en #SoyYincanera. Accedieron de inmediato y contábamos los días (al principio, semanas), para organizar, primero el sorteo y después la lectura.

Y, como todo lo bueno, se hizo de rogar, pero llegó el día y Twitter empezó a llenarse de "fototuits", donde en pocas líneas íbamos extractando algunos párrafos que daban sentido a la historia. Y en todos se apreciaba lo hondo que nos iba calando, las sensaciones que recibíamos al ser partícipes de semejante historia.

¿Queréis saber las razones? 




Benito Olmo (Cádiz, 1980) es escritor y guionista. Asimismo, es colaborador de varias revistas y webs literarias, corrector, redactor, «negro» literario, etc.

Novelas publicadas:
- Caraballo (2007).
- Mil cosas que no te dije antes de perderte (2011).
- La maniobra de la tortuga (2018).
- La tragedia del girasol (2018).





Suspendido de empleo y sueldo, el exinspector de policía Manuel Bianquetti se ve obligado a malvender sus servicios como investigador privado hasta que recibe un encargo aparentemente sencillo: proteger a un importante empresario durante su estancia en la ciudad.

Sin embargo, lo que parece un trabajo rutinario desembocará en un reguero de muertes que obligará a Bianquetti a dar rienda suelta a su instinto de investigador para sobrevivir, llevándole a descubrir que, a menudo, el sol que más calienta también es el que más quema.




Hay libros que se esperan como agua de mayo. Libros a los que temes, por las altas expectativas que tienes depositadas en ellos. Suele ocurrir con las series literarias y más especial con el género negro y criminal. Son aquellas que siempre te dejan con ganas de seguir leyendo cuando has terminado el epílogo. Y si el título ejerce como un imán, como es el caso de La tragedia del girasol y que avanzando en la trama acabas comprendiendo, no te queda otra opción que rendirte a la evidencia: la espera no ha sido en vano.

La tragedia del girasol es la segunda entrega de la serie protagonizada por el inspector Bianquetti. Quizás sea esta su mejor carta de presentación, porque quienes allá por mayo de 2016 -ahora se cumplirán dos años- lo conocimos, hemos sido incapaces de olvidarlo. No obstante, si no leíste en su día La maniobra de la tortuga y no tienes posibilidad de hacerlo, quiero avanzarte que al tratarse de novelas autoconclusivas, podrás reengancharte en esta sin el menor problema y no necesitarás echar marcha atrás, dado que el autor ni siquiera ha tenido la necesidad de contextualizar lo que ocurrió en el pasado, ya que la historia empieza de cero y solo en un par de ocasiones puntuales, te pone al día con unos someros párrafos. Otra cosa es que Bianquetti acabe por subyugarte y hagas lo imposible por conocer sus orígenes. Te merecerá la pena.
Pero bueno, por si te lo perdiste, te daré unas breves pinceladas para ponerte en antecedentes: Manuel Bianquetti era un reputado inspector de policía de Madrid, pero quiso la mala fortuna de que un indeseable se cruzase en el camino de su hija y su hasta entonces inmaculado expediente se viese perjudicado. Sus jefes, empáticos como ellos solos, decidieron entonces desterrarlo a Cádiz para que compartiese faena como ayudante de Morgado, el encargado de custodiar el archivo físico de la comisaría gaditana. Osea, la forma más elegante que encontraron de darle una patada en el trasero sin dejarse el pie en el intento.
 

A trancas y barrancas y con más mal humor que otra cosa, asumió su suerte durante un año, hasta que decidió inmiscuirse en la investigación de un crimen y la lió parda. Tanto que fue expedientado y, desde entonces, lleva un año suspendido de empleo y sueldo y le falta otro más para reincorporarse a su puesto de trabajo.

Mientras, va chafardeando aquí y allá, ofreciendo sus servicios como detective privado para no acabar con sus escasos ahorros. De hecho, cuando comienza la novela, se encuentra inmerso en dar con el paradero de una prostituta que responde al nombre de Regina, motivo por el cual, cuando su ex-compañero Silva le brinda la oportunidad de convertirse por unas horas en guardaespaldas de un poderoso empresario en su visita a la ciudad, Carlos Ferraro, a pesar de sus recelos iniciales, decide aceptar.
 
Aparentemente, el encargo es sencillo: una empresa de seguridad llevará las riendas del operativo y Bianquetti, junto con doce guardias más los dos responsables del mismo, velarán por el anciano que además viene acompañado de su nuera. Le acompañarán a una reunión con otro magnate y más tarde a un partido de fútbol en el Ramón de Carranza. Y aunque el policía en el primer encuentro que mantiene en la empresa ya se da cuenta de la poca profesionalidad de los que van a ser sus compañeros, una vez en el estadio todo le rechina... y se produce lo inesperado: una sucesión de muertes que, por un lado, no tienen mucho sentido y, por otro, complicarán la vida de Bianquetti de malas maneras.

Nos veremos entonces inmersos en una trama tan compacta como arrolladora, que nos va atenazando página a página, que no nos da tregua porque nos sentimos parte de ese festival de golpes y sangre a medida que los giros narrativos se suceden. Porque no son ni uno ni dos, sino que se convierten en una locura próxima al paroxismo y donde nos sentimos más perdidos que la esperanza de un pobre porque no sabemos qué nos espera en el párrafo siguiente. Y de giro en giro volamos -sí, volamos, porque llegados a este punto, no podemos soltar la novela ni bajo amenazas- hasta un desenlace en el que trama y subtrama convergen de manera lógica y que no por insospechado es menos verosímil ni más espléndido. Simplemente, es de película por su espectacularidad.

Y si espectacular es la trama o el desenlace, todo se debe a la figura de Bianquetti, el eje sobre la que gravita todo. Porque el policía es el protagonista indiscutible de esta historia. Porque si hubiese un método para crear "un personaje de manual", él cumpliría todas las premisas. Bianquetti es arisco, hasta el punto de que rozar lo desagradable, pero que a falta de un talón de Aquiles tiene dos: Cristina, la mujer de la que está perdidamente enamorado y Sol, su hija, la luz de sus ojos. Y un gran problema: su incapacidad para mostrar sus sentimientos y descubrirse en su absoluta humanidad. 

El problema es que eso le lleva a apartar de su lado a las personas que más quiere, por un afán enfermizo de protegerlas, sin darse cuenta que ambas son mujeres fuertes, capaces de decidir por sí mismas lo que quieren hacer con sus vidas, aunque con cada una de ellas esta no haya sido muy considerada que se diga. Eso es algo que me ha maravillado de los personajes femeninos de esta novela. Da igual que se trate de Cristina o de Luz  como de Mary o Regina, curiosamente la cara y la cruz de una moneda. Una vive en la opulencia; la otra en algo más duro que la pobreza. Esa fortaleza hace que el resto del elenco parezcan seres prácticamente insustanciales, incapaces de dirigir el rumbo de su existencia.
Quizás en el único punto en el que discrepe con la mayoría de las reseñas que he leído hasta ahora es con las descripciones de los escenarios. Cuando me hice eco del lugar en el que transcurría la primera novela de esta serie, fue uno de los acicates que me animó a leerla. Me parecía absolutamente novedosa la ciudad en la que transcurría la trama, que es la misma que en esta segunda: Cádiz. Cádiz y alrededores. Es verdad, como se dice en muchas reseñas, que Bianquetti nos pasea por plazas y calles y que llegamos a sentir ese clima tan característico de la Costa de la Luz como si nos encontrásemos allí. Pero, sinceramente, creo que se queda en la espuma del mar. No es que yo pretenda que me cuente por qué es de estilo barroco y neoclásico la Catedral de Cádiz o quien fue el arquitecto encargado de levantar La Puerta Tierra. No. Simplemente he sentido que todo lo que se contaba de esa preciosa ciudad y de esa provincia era una sucesión de nombres, por no hablar de la escena en la cafetería del Ikea de Jerez o la de la Playa de Valdelagrana. ¿De verdad no había otros lugares? ¿De verdad no podía haber sido menos sucinto con las descripciones? Quizás lo que Benito Olmo pretenda sea crear un estilo peculiar, limitarse a narrar lo imprescincible, pero a mi, particularmente, me da igual que un libro tenga 400 ó 532 página. No los compro al peso.




La tragedia del girasol es una novela negra con todas la letras. Una novela que tiene como pilar fundamental a un protagonista de tronío, de esos que resultan inolvidables, con el que empatizas desde el primer momento. Incorruptible, bruto como él solo, pero que hará tus delicias y con secundarios de lujo. Con una trama adictiva y una prosa intensa, precisa y eficaz. Pero, sobre todo, una novela que no debería faltar en la biblioteca de cualquier aficionado al género.


Esta reseña participa en la iniciativa:



 










Blogger Tricks

viernes, 6 de abril de 2018

CUÍDATE DE MÍ, de María Frisa



DATOS TÉCNICOS:

Título: CUíDATE DE MÍ
Autora: María Frisa
Editorial: Plaza & Janés
ISBN: 978-84-01-02081-0
Páginas: 480
Presentación: Tapa dura con sobrecubierta





 
Cuídate de mí salió a la venta a principios de febrero y, a los pocos días, ya lo tenía en mis manos. He de reconocer que tan solo con leer el título, sentí una cierta inquietud. La amenaza velada que implicaba era más que evidente. Y al darle la vuelta y fijarme en la contraportada, no tuve ninguna duda acerca de lo que me esperaba tras leer uno de los párrafos que la editorial había seleccionado para realizar la sinopsis, en particular la última frase del mismo: "Él sabrá cuidar de ella esta noche...".


Y empecé a leerlo como si se fuese a acabar el mundo. O como si quisiera llevar los deberes hechos cuando, el 14 de ese mismo mes, asistí a un encuentro con la autora. Pero para ambas cosas había un motivo añadido: en la medida de lo posible, Carmina y yo intentamos adelantarnos a los sorteos que para el grupo organizamos en Twitter y procuramos, siempre que podemos, saber todo lo posible sobre la novela que vamos a proponer, dado que alguna vez hemos ido a ciegas y la Lectura Simultánea no ha resultado todo lo gratificante que hubiésemos deseado.

Afortunadamente, han sido pocas ocasiones, pero como eso nos lo hace pasar mal, a nada que podemos hacemos todo lo posible, precisamente porque para nosotras el leer en compañía de otros es todo un aliciente y más cuando las novelas escogidas son del agrado de todos.
 
Y hoy, precisamente, os vengo a hablar de Cuídate de mí, una novela que ha hecho las delicias de todos los que hemos participado en la Lectura Simultánea. Una novela que nos ha hecho debatir largo y tendido, tanto en público como en privado, que nos ha dado horas y horas de buena lectura, compartiendo puntos de vista, descubriendo en las observaciones de otros algunos aspectos que se nos habían escapado porque es uno de esos libros que invitan a la reflexión y disfrutando de una autora que, desde el minuto uno, se prestó a acompañarnos en esta deliciosa experiencia, a pesar de la dureza de los temas que se trataban en la novela.



María Frisa (Barcelona, 1969). Se trasladó a Zaragoza siendo muy joven, residiendo allí. Es diplomada en Trabajo Social y licenciada en Psicología Clínica. Comenzó a publicar en el año 2000 y colabora en diversas revistas literarias.
 
Su obra narrativa ha sido reconocida con numerosos galardones nacionales e internacionales y ha sido traducida a varios idiomas. Hasta la fecha, ha publicado las siguientes novelas:

 
- 75 consejos para sobrevivir a las extraescolares (Alfaguara, 2000).
- Breve lista de mis peores defectos (Martínez Roca, 2006).
- 15 maneras de decir amor (Martínez Roca, 2008).
- Como entonces (Universidad de Zaragoza, 2011).
- 75 consejos para sobrevivir en el colegio (Alfaguara,    2012).
- 75 consejos para celebrar tu cumpleaños a lo grande (Alfaguara, 2013).
- 75 consejos para sobrevivir en el campamento (Alfaguara, 2013).
- Cómo sobreviví a la madre de Pavlito (Espasa, 2015).
- 75 Consejos para sobrevivir a los exámenes (Alfaguara,   2015).
- Cuídate de mí (Plaza & Janés, 2018).


 



«Dos de la madrugada. La chica tropieza al andar, ha bebido demasiado. Él la sigue a cierta distancia. Las calles están vacías, es difícil que la pierda de vista. Solo necesita encontrar el momento adecuado, un rincón oscuro. Al principio, quizá se asuste, tal vez grite. Pero luego todo irá bien. Él sabrá cuidar de ella esta noche...»
La subinspectora Berta Guallar y la inspectora Lara Samper trabajan en el Servicio de Atención a la Mujer de Zaragoza, una división de la Policía Nacional que se encarga de investigar los casos de delitos sexuales y de violencia de género. Berta, tenaz y empática, casada y con hijos, tiene dificultades para conciliar su vida laboral con la familiar, pero ama su trabajo y pone todo su empeño y tesón en ayudar a mujeres que sufren violencia de género. Lara, una psicóloga perspicaz e independiente, ha tenido que enfrentarse a multitud de obstáculos y actitudes machistas para ascender en su profesión debido a su impresionante belleza, pero ha llegado hasta inspectora gracias a su inteligencia y compromiso.
 
Cuando su jefe, el comisario Millán, les muestra un vídeo en el que se ve el cadáver de un joven calcinado, ambas saben que se enfrentan al caso más difícil de su carrera. La víctima, Manuel Velasco, fue juzgado por haber violado a Noelia Abad, una adolescente que regresaba a su casa tras acudir a una fiesta con sus amigas. Velasco salió absuelto, por lo que es altamente probable que alguien se haya tomado la justicia por su mano.

 
Berta y Lara se enfrentan a un crimen en el que tendrán que poner a prueba toda su pericia y profesionalidad, no solo para encontrar al asesino sino para impedir que sus sentimientos contradictorios respecto a la naturaleza del delito se entrometan en la investigación. Todo mientras Berta sufre una campaña contra ella en internet por un caso de pederastia mal resuelto y Lara afronta un terrible secreto de su pasado que, de salir a la luz, podría dar al traste con su carrera policial.




 
Viernes, 10 de junio de 2013: Como cada año, en Alfajarín se celebraron las Jornadas Medievales en olor de multitud con una exhibición de arqueros. Y, como siempre, el gentío se congregó en torno a ellos, para ver cómo los disparos de sus flecha hacían arder la impresionante pira de leña preparada al efecto.
Eso es lo que cuatro días después, el martes 14, el inspector jefe del SAM (Servicio de Atención a la Mujer) de Zaragoza, Luis Millán, les explica en su despacho a la inspectora Lara Samper y la subinspectora Berta Guallar, después de visionar las imágenes de un cadáver calcinado tras arder en la hoguera que las dejaron con el corazón encogido. Así como que tenían que hacerse cargo de la investigación del asesinato que, en condiciones normales, tendría que hacerlo la Guardia Civil, pero dada la identidad de la víctima, pasaba a ser responsabilidad de este servicio. 

 
Y es que el finado, Manuel Velasco, es un viejo conocido, ya que meses atrás fue acusado de violación a una menor, Noelia Abad, y que tras el correspondiente juicio, fue absuelto. Ante semejante noticia, Berta, acostumbrada a involucrarse personal y emocionalmente hasta la médula en este tipo de casos, piensa que en cierto modo se ha hecho justicia divina, no puede evitarlo, mientras que Lara entiende que Manuel se ha convertido en víctima y como tal hay que tratar su caso.

 
Esto sería, a grosso modo, la trama principal que actúa como catalizador de un relato conmovedor, trufado con otras dos tramas secundarias que tienen como protagonistas a las dos policías. Por un lado, la de la inspectora Samper, que arrastra una herida añeja que no deja de sangrar. Una herida de la que nadie, en principio, tiene noticia, dado su carácter introvertido. Está soltera y vive sola. Y por otro, la de Berta, que está sometida a una presión excesiva al ser víctima de una humillación pública como consecuencia de las recriminaciones que un día sí y otro también propaga un hombre al que tiempo atrás arrestó por un presunto delito de pederastia. En su caso, está casada y tiene dos hijos pequeños.

 
Entonces me dirás, ¿realmente el adjetivo adecuado para definir esta novela, a todas luces dolorosa, es el de conmovedor? Sí y no. Sí, porque es la impresión general que recibes a lo largo de toda la lectura por su intensidad emocional y no, porque me he quedado corta. Cuídate de mí es una novela rotunda, implacable, que no hace concesiones a nadie, pero que te va enamorando poco a poco, página a página, para no darte respiro.

 
Pero para poder explicarlo, primero tendría que hablaros de su estructura porque me ha parecido todo un acierto, aunque sea a grandes rasgos, porque aunque en principio sigue el orden clásico: consta de un planteamiento en el que conocemos a los personajes y su modo de ser, estar y vivir; un nudo en el que los acontecimientos y las protagonistas van evolucionando y los conflictos llegan a su máxima expresión y un desenlace en el que se cierran todos los frentes. Afinando más, desde las primeras páginas observamos que es multifocal; dado que los hechos son narrados alternativamente por las dos policías. Este formato, además de ofrecernos una perspectiva diferente sobre determinados hechos, nos ayuda a conocerlas más y a establecer una relación más íntima con ellas al ser conscientes de sus miedos y sus debilidades, lo que acentúa su ostensible realismo.

 
La narración, discontinua y caleidoscópica por lo dicho anteriormente, está escrita en tercera persona por un narrador omnisciente. Sigue un orden cronológico lineal, roto por algunos flashbacks (vueltas al pasado de manera repentina y rápida) y raccontos (cuando la retrospectiva es más prolongada).


 
De ese modo, asistiremos como testigos de excepción a la investigación del asesinato de Manuel Velasco. Unas pesquisas bastante arduas que tienen en el punto de mira, en primer lugar, a la familia de Noelia Abad, ya que no hay móvil más primitivo y más repetido en la historia criminal que el de la venganza. No obstante, Berta y Lara están abiertas a indagar cualquier otra vía, por lo que no dudan en explorar cualquier resquicio, solo que apenas los encuentran, por lo que tiran del entorno de la víctima buscando algún cabo del que tirar. Y los días van pasando y cada hora se convierte en una lenta agonía, porque, además, tanto Lara como Berta se encuentran casi al límite de sus fuerzas, tanto en lo personal como en lo profesional. Porque los monstruos nunca mueren.


 
Y ambas situaciones, tanto esa investigación que no parece prosperar como en el hecho de qué les ocurre a estas mujeres, hacen que la intriga suba enteros a marchas forzadas y alcance momentos de una intensidad notable, a la que ayudan los continuos giros con los que nos vamos encontrando, porque son muchos y muy delicados los temas que se tratan en esta novela: desde los malos tratos, abusos a menores o pederastia a esa búsqueda de la verdad, ya sea la del asesino de Manuel Velasco, como las motivaciones para hacerlo. Sin embargo, también se pone en evidencia en este relato la fuerza de las redes sociales, el daño gratuito que se puede hacer a una persona cuando el linchamiento es público. A través de Berta, somos conscientes del estrés tan tremendo en el que se encuentra, porque un tipo ha decidido defenderse de la manera más mezquina posible: a través de un blog donde vierte, día sí y día también toda suerte de calumnias y de quienes, al olor de la carnaza, aplauden y vitorean sin plantearse cuánto hay de verdad en ello. Y nadie como María Frisa para contarlo, porque ha pasado por un lamentable suceso en ese sentido, donde de nada valían las explicaciones, porque donde no se quiere, no se puede.


 
Todo ello está narrado no solo desde la perspectiva de las víctimas, en un relato estremecedor, sino que también nos permite ponernos en la piel de quienes dedican su existencia a ayudarlos a salir de esa angustia. Y todo ello con un realismo tal que es como un bofetón de sentido común, porque el sistema judicial tampoco es que ayude mucho a mermar el dolor más profundo, el que se ejerce con los más débiles.

 
La trama transcurre a lo largo de poco más de dos semanas de un mes de junio desquiciante porque el calor se ha enseñoreado de la ciudad. Dieciséis días en las que Zaragoza y un par de localizaciones puntuales, también se nos muestra en todo su esplendor con descripciones detallistas tanto de edificios emblemáticos como de paisajes, porque María Frisa, describiendo, ya sea lugares o sentimientos, no tiene precio.


 



Cuídate de mí es un soplo de aire fresco en este panorama tran trillado como es el de la novela criminal, donde cada vez es más complicado sorprender. Porque más allá de la solidez de una trama perfectamente urdida, en la que todas las piezas encajan al final sin dejar nada al azar; o porque cuenta con unos personajes tan carismáticos y tan bien dibujados y que siendo prácticamente antagónicos llegas a entender, sin embargo, yo me quedaría con que María Frisa es una voz nueva que tiene mucho que aportar, que es necesaria, incluso imprescindible, porque su estilo me ha parecido francamente seductor, porque su sensibilidad es innegable, la originalidad de sus plateamientos, incontestable y que finales tan demoledores como el de Cuídate de mí deberían enmarcarse en el Museo de los Finales Insuperables de la Literatura Negra y Criminal.


viernes, 23 de marzo de 2018

EL COLOR DE LA LUZ, de Marta Quintín



DATOS TÉCNICOS:

Título: EL COLOR DE LA LUZ
Autor: Marta Quintín
Editorial: Suma de Letras
Colección: Femenino singular
ISBN: 978-84-9129-028-5
Páginas: 432
Presentación: Rústica con solapas






De vez en cuando se me acumulan una serie de lecturas densas, bien por el modo en que están narradas, bien porque las tramas son desesperantes, de esas que te quitan el sentido y no te dejan respirar hasta que las terminas. Es entonces cuando tengo que mirar a otros lados, ver qué se cuece en el panorama editorial y qué ingredientes utilizan. Y no es fácil, porque en España se publica mucho y no siempre es bueno, por lo que esto de elegir, y más si lo quieres hacer en compañía, se convierte prácticamente en un deporte de riesgo. 

Así fue como buscando, de entre una larga lista de títulos que llamaron mi atención, uno destacaba sobre los demás por los requisitos que andaba buscando: El color de la luz. Necesitaba un libro fresco que me sacara del pozo de asesinatos y venganzas en que andaba metida. No, no voy a decir a estas alturas que su portada me llamó la atención aunque sí que lo hizo, porque hay que estar muy ciega para no darse cuenta que es preciosa, pero me niego unirme a esa legión de lectores que fibrilan con las cubiertas de los libros y llegan a asegurar que esa fue la razón que les llevó a leer tal o cual novela, porque, a fin de cuentas, una portada es simplemente el envoltorio que forra un regalo, prescindible una vez que descubrimos lo realmente importante, aquello que durante unas horas nos hará más o menos felices y que, las menos de las veces, recordaremos de por vida.

Días después la editorial me invitó a un "Encuentro" con la autora y no me pude resistir. Intuía que en el libro había mucho de ella y necesitaba preguntárselo. Por otro lado, la veía tan joven, que me generaba ternura y admiración a partes iguales. Y fue un acierto, porque pude resolver mis dudas y disfrutar de unas horas de diversión con algunas blogueras que también acudieron a la cita. Mejor plan imposible, ¿verdad?.



Marta Quintín Maza (Zaragoza, 1989) Descubrió su faceta de "contadora de historias" a los cuatro años, cuando en la clase de párvulos la eligieron para contarle un cuento a sus compañeros. Desde entonces, no ha hecho otra cosa. O eso cree. El caso es que luego empezó a escribir y ganó varias veces el premio Tomás Seral y Casas de relato corto.

En su faceta periodística, ha trabajado (y ha seguido contando historias) en la agencia EFE, la Cadena SER, y la NASA española. Y de ahí dió el salto a la novela, publicando su primera “Dime una palabra”, cuando todavía vivía en Nueva York. En febrero de este año ha vuelto a publicar, en este caso, “El color de la luz” y está claro que todavía le queda mucho que contar.




«La tarde de otoño estaba fresca. La humedad de la lluvia aún pendía del aire. Las hojas caídas se arremolinaban en las aceras del bulevar de su vieja ciudad. Martín y Blanca Luz empezaron a caminar, el uno al lado del otro, como aquella otra tarde en que volvieron juntos a casa por primera vez, no demasiado deprisa, disfrutando del paseo y de la atmósfera que se esponjaba a su alrededor.»

Blanca Luz Miranda es una empresaria de éxito. Su objetivo: amasar una gran fortuna para comprar arte. La adquisición, en una subasta de Nueva York, de uno de los cuadros más inquietantes del pintor Martín Pendragón cumplirá el sueño de esta anciana de ojos enigmáticos. En esa misma sala una periodista observa la escena con interés, está convencida de que tras ese pago millonario se esconde un secreto y hará todo lo posible por descubrirlo. Lo que no sabe es que será Blanca Luz quien decida cómo se escribe su historia.

Una novela llena de matices, veladuras, fricciones, secretos, que nos descubre que toda obra de arte esconde una historia que puede redimirnos.
 





Siendo prácticamente una niña, porque no creo que tuviese más de doce o trece años, la madre de una amiga nos llevó a ver la película Lo que el viento se llevó. Al salir del cine ambas estábamos absolutamente impresionadas. Durante días no dejamos de hablar de otra cosa que no fuera la historia, estableciéndo paralelismos, hasta el punto de que mi amiga me llamaba Escarlata y yo a ella Melania. Y su madre, una enamorada de la película, también participaba de nuestras conversaciones. Al poco tiempo, viendo nuestro entusiasmo, nos regaló a ambas el libro. Era un tocho que, si mal no recuerdo, superaba las mil páginas y que incluso tenía fotografías en blanco y negro de la película. Lo devoré. Y lo hice porque más allá de narrar una historia fascinante, había descubierto algo que afectaría a mis futuros gustos lectores: había encontrado una protagonista de tronío, una mujer caprichosa, egoísta y todos los adjetivos que le queráis poner, pero con un carisma capaz de levantar una novela por sí misma, porque con sus actos, acertados o errados, te tenía siempre con el alma en vilo.

Pues algo así me ha sucedido con esta novela que en nada se parece a la anterior: he descubierto una protagonista de un golpe, gracias a la que todo lo que sucede en la novela gira en torno a ella, por acción u omisión. Una mujer capaz de influir, para bien o para mal, en la vida de otros. Determinante como nadie y nada arquetípica. Y cuando, además, está rodeada de otros personajes mucho más "amables", a los que acabas queriendo por muy ficticios que sean, todavía te sorprende más.

Esta mujer no es otra que Blanca Luz Miranda, a la que conocemos nada más empezar a leer siendo ya octogenaria. Una casualidad hace que una becaria de una agencia de noticias se fije en ella y quiera hacerle una entrevista y esta se produce. Quizás porque la que se cree más lista de las dos, obviamente la joven, creyendo que ha encontrado una mina de oro con la que poner en valor sus dotes como escritora, no había reparado en que Blanca Luz andaba buscando una herramienta para poder poner blanco sobre negro la historia de su vida.

Pero vayamos por partes, porque El color de la luz ha resultado para mí una novela muy, muy especial y quiero ofrecer un decálogo de razones por las que deberías leerla. Y eso que encontrar tantas es bastante complicado. Por lo menos para mí. Si bien es cierto que es más fácil cuando se trata de una joya de la literatura, o de un clásico en el que se dan, además, una serie de circunstancias especiales, que con una novela actual donde la cosa se complica. Si bien es cierto que hice este mismo ejercicio no hace mucho y podéis decirme que parece que me haya abonado a la fórmula, en mi descargo diré que con Lena, de Daniel Vázquez Sallés, era la primera vez que lo intentaba en todos los años que llevo por estos mundos blogueriles. No obstante, entiendo que debo intentarlo de nuevo, porque El color de la luz bien merece el esfuerzo por los buenos ratos que he pasado mientras andaba perdida entre sus páginas:




1.- EN EL PUNTO DE PARTIDA: La novela comienza con una impactante escena: Blanca Luz Miranda, una empresaria octogenaria que ha levantado un imperio textil de la nada, suscita una lucha sin cuartel en una casa de subastas neoyorquina durante la puja por un cuadro de un afamado pintor español: Martín Pendragón. A todas luces, dado su precio de salida, el importe del mismo se ha disparado, pero eso parece darle igual a la anciana, quien finalizada la subasta, agarra el lienzo como si siempre hubiese sido suyo y se va, causando expectación y admiración entre quienes asisten al evento y en particular en una joven periodista que trabaja como becaria en una agencia de noticias española y que está cubriendo el acto.

Esto será el inicio de un prólogo en el que conoceremos más a la joven en cuestión y quizás una de las partes de la novela que ha suscitado más debate entre el grupo #SoyYincanera, quizas por el particular estilo de la autora, del que ya hablaré más adelante. El caso es que quizas, gracias al "Encuentro" que mantuvimos algunos blogueros con Marta Quintín, este prólogo, narrado en primera persona, es la parte más real de la historia, porque según nos comentó, la idea del libro le surgió tras asistir a la subasta de El Grito de Munch, que se vendió por ciento veinte millones de dólares, convirtiéndose en récord de cotización. Esa tesitura le dió pie a pergeñar, de vuelta a la redacción, el embrión de lo que más tarde se convertiría en una historia apasionante, al darle una vuelta de tuerca a la idea al plantearse qué razones podían llevar a una persona para pagar un precio escandaloso por un cuadro. Y así nació Blanca Luz Miranda.

Pero ese prólogo, como os decía, también nos da pié a conocer algo más de la autora, como que ese profesor de literatura del que habla en el mismo y también existe en la vida real, el mismo que le aconsejaba en los mismos términos en que lo hace en el libro o esa compañera de piso impagable, Leidy, que considero que debería patentar, digna de sacar una carcajada en mitad de la intriga.



2.- EL MOMENTO HISTÓRICO: Cuando conocemos a Blanca Luz Miranda, ella es una octogenaria y corre el año 1982. Como comprenderás, El color de la luz abarcará un periodo de tiempo de casi un siglo. Eso sí, no vayas a considerar que se trata de una novela histórica, porque no lo es, sino un paseo fascinante por un siglo, el XX, al que se denominó «Siglo de la Vanguardización» y no fue de manera gratuita. Por ello, y de manera soberbia, seremos testigos de excepción de aquella vanguardia parisina de los años veinte que hizo de la pintura su piedra angular y de la vida bohemia su leitmotiv. De la mano de Martín Pendragón penetraremos en La Ruche y seremos uno más, pero también le acompañaremos en ese París ocupado por los nazis, sufriendo con él y con sus compañeros la presión ejercida por los alemanes, empeñados en sepultar las obras que les resutaban perturbadoras y que consideraban una degeneración. Y lógicamente, en España, la Guerra Civil hará estragos, pero también presenciaremos alguna escena conmovedora, como la protagonizada por Francisco Miranda, padre de la protagonista, que te dejará con el corazón en un puño.



3.- LOS PERSONAJES: Una de las características más relevantes de la novela es su espléndida galería de personajes, en la que se combinan individuos de ficción con algún que otro real. De hecho, cuando más se observa esta práctica de incluir personas reales a la historia, se da cuando la trama se traslada a París. Allí Martín Pendragón conocerá a Jean Boucher, Marc Chagall o Chaïm Soutine, entre otros. Pero, ¿qué podría deciros de esos personajes ficticios que me han ido enamorando, en su mayoría, a los largo de estas más de cuatrocientas páginas? Todavía, a pesar de los días que han pasado desde que leí la novela, vienen a mi mente escenas protagonizadas por Francisco Miranda, José María Casabella (Chema) o Eduardo Izquierdo y no puedo evitar seguir sintiendo cariño, porque están tan bien perfilados, tanto en lo físico como en lo psicológico, y tienen unas personalidades tan definidas que han ido cobrando vida en mi cabeza. Porque parecerá mentira, pero en una novela donde hay dos grandes protagonistas, como son Martín Pendragón y Blanca Luz Miranda, los secundarios no actúan como comparsa, sino que tienen un peso importante en la trama. Obvio es que hay otros, menos importantes que los citados, que tienen su papel en un momento determinado y, hasta ellos, tienen ángel. Ya os comenté anteriormente el caso de Leidy o el profesor de la periodista, pero son muchos más, que me gustaría que conocieras y me comentases si te ha ocurrido lo mismo.





4.- EL PROTAGONISTA EN LA SOMBRA: No es otro que el cuadro por el que puja Blanca Luz, un lienzo que hace las veces de hilo conductor a lo largo de toda la novela, del que lo queremos saber todo porque se nos ha descrito con profusión de detalles, pero, sobre todo, porque es donde Martín Pendragón ha volcado su alma y una tabla de salvación a la que ella puede aferrarse para redimir todos sus errores del pasado.



5.- LA TRAMA: Dice Marta Quintín que lleva desde los cuatro años contando historias. Y se nota. Se nota porque la historia que nos ha regalado tiene una gran calidad por su generosidad. Porque más allá de querer sorprendernos capítulo a capítulo, nos trata de igual a igual, a golpe de descubrimiento. Porque eso es lo que ella hace: descubrirnos un mundo de emociones donde la pintura, el talento, la cultura, la bonhomia de unos personajes se aúnan para ofrecernos una lectura con una profundidad intelectual y emocional sin parangón.

6.- LA ESTRUCTURA DE LA NOVELA: La novela se divide en prólogo, trece capítulos y un epílogo aunque no sigue un orden cronológico lógico, toda vez que comienza in media res, para enseguida trasladarse al pasado, donde en ese caso sí se ciñe a la cronología de los hecho, para terminar en lo que sería el futuro teniendo en cuenta el principio de la obra. Visto así, parece sencillo, pero os aseguro que es mucho más complejo de lo que aparenta. A fin de cuentas, la estructura de la novela es el armazón que sostiene la obra y la de El color de la luz brilla por su cohesión y consistencia. Parte del esquema clásico, perfectamente definido y que en este caso ayuda a mantener la tensión narrativa, con un ritmo lento que va embaucando al lector, que cada vez quiere saber más y más mientras no dejan de sucederse diferentes subtramas, hasta llegar al clímax: planteamiento (aparece en el prólogo, cuando Blanca Luz y la periodista se conocen y deciden dar a conocer la historia vital de la primera, echando a rodar la historia y donde ya podéis intuir los temas que se van a tratar, porque son varios), nudo (a lo largo de los trece capítulos que componen la historia, no solo conoceremos a los protagonistas, sino a un elenco de personajes espectacular. Seremos conscientes de los conflictos que surgen y el modo en que los enfrentan) y desenlace (un epílogo magistral que cierra con broche de oro todos los frentes). 

7.- EL ESTILO DE LA NOVELA: Si hay algo que llama la atención en esta novela desde la primera página es su lenguaje. Cuidado al máximo y utilizado con mimo, dado que de su riqueza se derivan los distintos registros que utiliza la autora dependiendo de quien hace de interlocutor. Por ejemplo, cuando la protagonista se dirije a la periodista, es formal, dotando a la narración de una hermosura poco habitual y, por lo tanto, muy por encima del lector común; sin embargo, cuando es a la inversa, este se torna coloquial, tirando a vulgar. Ambos aspectos se aprecian a la no solo a la hora de escoger las palabras y sus correspondientes sinónimos, sino en la manera de construir las frases. No obstante, en general, la prosa está muy elaborada, al hacer uso de numerosos recursos estilísticos, que he ido degustando poco a poco, disfrutando de cada párrafo, de cada línea y que es capaz de convertirse en un océano de lirismo cuando intenta transmitir sentimientos y sensaciones, ya sean por el amor o desamor que se profesan los protagonistas o cuando se describe una pintura, en la que resulta espectacular la nitidez con la que la autora es capaz de detallar cualquier peculiaridad.




8.- EL AMOR IMPOSIBLE COMO TEMA DE FONDO: Del mismo modo que los personajes de El color de la luz no son arquetípicos, tampoco lo es el tratamiento que tanto del amor como del desamor nos ofrece Marta Quintín al narrarnos la relación de Blanca Luz Miranda y Martín Pendragón.

Si me preguntas si ambos protagonistas vivieron una historia de amor, tengo que decir que sí. Una pasión adolescente y, sin embargo, cándida. La personificación del primer amor, puro, sutil y sin fisuras. Sin embargo, imposible de perpetuarse en el tiempo. Y los obstáculos con los que se toparon los enamorados no sobrevinieron precisamente por cuestiones ajenas a ellos, sino precisamente por todo lo contrario. Sí es verdad que cuando el padre de ella descubre la relación y el grado de intimidad al que los jóvenes han llegado, hace mutis por el foro y busca una estrategia para separarlos, dado que ambos conviven en su propio domicilio. Y su estrategia pasa por proponerle a Martín que viaje a París, para avanzar en su arte y este no se lo piensa dos veces y decide emprender el viaje. Con lo que no cuenta el chico es que Blanca Luz no le seguirá y que, muy al contrario, romperá su relación. Comenzará entonces una agonía para él en la que el paso del tiempo no ayudará a paliar el dolor mientras ella intenta emprender una nueva vida.

Y resulta conmovedor como ese dolor se mantiene, por parte de él a lo largo de décadas y de cómo ella sobrelleva sus decisiones. Porque cuando sus caminos confluyen, la nostalgia se adueña de la situación y se aviva como esos rescoldos que siempre quedan después de un gran fuego.



9.- LA TEMÁTICAS QUE ABORDA LA NOVELA: Dada la extensión de la novela, son muchas y muy variadas: ya hemos hablado del amor y el desamor, pero tiene también un papel predominante la amistad, los celos, la envidia, el pánico a esas decisiones que pueden arruinarte la vida, la persecución de los sueños, la guerra y sus consecuencias... en fin, tantos y tan variados que darían lugar a mil y un debates.

10.- Y si todavía no te he convencido, es porque o yo lo hago muy mal, o tú no tienes remedio. O seguro que en el camino me he dejado algo, pero si es esta última la razón, te agradecería que te pasaras por el resto de reseñas que ha publicado hoy el grupo #SoyYincanera.



 
Si lo que deseas es acercarte a la pasión auténtica, no te conformes con la Semana Santa. Cómprate un ejemplar de El color de la luz y la percibirás en estado puro, la notarás, la palparás, la sentirás, la escucharás, la observarás y la saborearás, porque de esta historia, escrita con los cinco sentidos, emanan los sentimientos más sublimes y te permitirá revivir las sensaciones más intensas. ¿A qué esperas?




Esta reseña participa en la iniciativa
:

lunes, 19 de marzo de 2018

CUANDO SALE LA RECLUSA, de Fred Vargas



DATOS TÉCNICOS:

Título: CUANDO SALE LA RECLUSA
Autora: Fred Vargas
Traductora: Anne-Hélène Suárez Girard
Editorial: Siruela
Colección: Nuevos Tiempos
ISBN: 978-84-17308-12-4
Páginas: 408
Presentación: Rústica con solapas



El 14 de febrero salió a la venta Cuando sale la reclusa y, días antes, ya estaba nerviosita perdida esperando tenerla entre las manos, porque hace años que me convertí en una incondicional de esta autora, que me sorprende y me divierte a partes iguales con cada una de sus novelas y nunca me decepciona. La razón es muy sencilla: Fred Vargas escribe muy bien, nada en sus novelas es trivial aún cuando en mitad de una reunión en "el Concilio", mientras la brigada se pone al día en el curso de una investigación, la hilaridad esté más que presente.  Sus descripciones, ya sean de un lugar, de algo o de alguien en concreto son profundas y, lo que es más importante: es muy original; de hecho, posiblemente, una vez que la conozcas, sabrás que nunca vas a leer nada igual y esperarás sus novelas como agua de mayo como me sucede a mi.

Y también quiero decirte algo más antes de pasar a hablar de esta novela en concreto: aunque comiences la serie del Comisario Adamsberg por este libro, el último publicado hasta la fecha, no necesitarás ponerte al día, porque contextualiza lo suficientemente bien como para que cojas el hilo desde el primer momento. Y una vez lo que lo hayas hecho, te enamorarás tanto del comisario como del último miembro del equipo que tiene a su cargo, incluído ese gato al que llaman "la Bola", porque no habrás conocido ni conocerás nada semejante. ¿Empezamos?




Fred Vargas, pseudónimo de Frédérique Audoin-Rouzeau (París, 1957). Fred es el diminutivo de Fréderique, lo del Vargas es harina de otro costal, pues fue su hermana Jo (diminutivo de Joëlle), quien tomó el alias de un personaje de la película La princesa descalza, protagonizado por Ava Gardner.

Investigadora de Historia y Arqueología en el CNRS (Centro Nacional de Investigaciones Científicas), publicó una tesis con la editorial Presses Universitaires de France, titulada Los caminos de la peste.

Traducida a más de cuarenta idiomas, desde hace más de una década, es una de los diez autores franceses más vendidos en su país, y sus novelas se han convertido en bestsellers tanto en Alemania como en Italia.

Ha publicado ensayos, obras de carácter científico y otras series de trabajos, pero por lo que sin lugar a dudas se ha hecho muy popular es en el terreno de la novela policíaca, con novelas como:

- Los juegos del amor y de la muerte (Les Jeux de l'amour et de la mort, 1986). No publicada en español.

- Los que van a morir te saludan (Ceux qui vont mourir te saluent, 1994.


Serie “Los tres evangelistas”:
 
- Que se levanten los muertos (Debout les morts, 1995.
- Más allá, a la derecha (Un peu plus loin sur la droite, 1996.
- Sin hogar ni lugar (Sans feu ni lieu, 1997.


Serie del Comisario Adamsberg:
 
- El hombre de los círculos azules (L'homme aux cercles bleus, 1991).
- El hombre del revés (L'homme à l'envers, 1999.
- Los cuatro ríos (Les quatre fleuves, 2000).
- Huye rápido, vete lejos (Pars vite et reviens tard, 2001).
- Fluye el Sena (Coule la Seine, 2002).
- Bajo los vientos de Neptuno (Sous les vents de Neptune, 2004).
- La tercera virgen (Dans les bois éternels, 2006).
- Un lugar incierto (Un lieu incertain, 2008).
- El vendedor de estropajos (Le marchand d'éponges, 2010).
- El ejército furioso (L'Armée furieuse, 2011).
- Tiempos de hielo (Temps glaciaires, 2015).
- Cuando sale la reclusa (Quand sort la recluse, 2017).

Algunas de sus novelas se han adaptado para el cine (Huye rápido, vete lejos) y la televisión (Bajo los vientos de Neptuno, El hombre de los círculos azules, El hombre del revés y Un lugar incierto), así mismo, ha recibido numerosos premios y reconocimientos.

El comisario Jean-Baptiste Adamsberg, tras unas merecidas vacaciones en Islandia, se interesa de inmediato a su regreso a Francia por la muerte de tres ancianos a causa de las picaduras de una Loxosceles rufescens, más conocida como la reclusa: una araña esquiva y venenosa, pero en ningún caso letal. Adamsberg, que parece ser el único intrigado por el extraño suceso, comienza a investigar a espaldas de su equipo, enredándose inadvertidamente en una delicada y compleja trama, llena de elaborados equívocos y profundas conexiones, cuyos hilos se remontan a la Edad Media. Un caso elusivo y contradictorio que se escapa a cada momento de las manos del comisario, haciéndole regresar a la casilla de salida. Solo sus intuiciones, tan preclaras como dolorosas, serán capaces de devolverle la confianza que necesita para salir ileso de la red tendida por la más perfecta tejedora...

Cuando sale la reclusa es sin duda la obra más ambiciosa de Fred Vargas, la reina indiscutible de la novela negra europea. En ella se entrecruzan con maestría todos los temas que han convertido la publicación de cada una de sus novelas en un auténtico acontecimiento literario, tanto para la crítica como para los lectores: el medievo, la arqueología, los mitos, el mundo de los animales y, por supuesto, la descripción detallada y poderosa de los oscuros laberintos del alma humana.


Si nunca has leído ninguna novela de Fred Vargas, has de saber que en cualquiera de ellas el protagonismo lo ostenta, por definición, Jean-Baptiste Adamsberg y después, en mayor o menor medida, el resto de los policías que con él trabajan en la Brigada Criminal, sección de homicidios del distrito 13 de París. Os los presento:

- Jean-Baptiste Adamsberg: Procede de los bajos Pirineos. Se hizo policía con veinticinco años, aunque tardó veinte hasta que lo trasladaron a París. En principio, en una comisaría del distrito 5, para pasar después a convertirse en Comisario de la Brigada Criminal, sección de homicidios, del distrito 13. Solitario, austero y asocial, tiene dificultades a la hora de recordar palabras, algo inversamente proporcional cuando se trata de imágenes. Dotado de una intuición abrumadora, su nivel en cuanto a resolución de casos es espectacular. Tiene un instinto muy desarrollado, por lo que su modo de vivir, hacer y trabajar es impulsivo, guiándose de sus corazonadas y su olfato. No soporta estar sentado, necesita caminar continuamente. Y dibujar. O mirar paisajes uniformes y brumosos. De ese modo es como mejor resuelve las incógnitas que la vida le ofrece. No es de dar explicaciones, le cuesta la vida. Con un físico bastante corriente (es bajo de estatura, moreno y pequeño), tiene un cierto atractivo, a pesar de que su rostro no sea un alarde de belleza: a unos pómulos sobresalientes, habría que añadirle unas mejillas hundidas, la boca torcida y una nariz aguileña a lo que no ayuda nada esa mirada inconsistente que posee y su sonrisa vaga.

- Comandante Adrien Danglard: Trabaja con Adamsberg desde hace años y es lo más antagónico a él que puede existir, tanto en lo físico como en lo personal. También son amigos, aunque últimamente, precisamente son sus diferencias las que los separan y eso está afectando al grupo. En la comisaría le llaman «el hombre libro», porque es capaz de memorizar todo aquello que lee una sola vez y leer a una velocidad pasmosa. Es metódico, le gusta citar a sus autores de cabecera, y es perfecto en cuanto a forma y estilo a la hora de  redactar informes, que sus superiores consideran excepcionales. Posee una educación exquisita y es elegante, aunque no simpático. Dada su erudición, será quien se ocupe de dar al resto de compañeros toda la información indispensable sobre las mujeres reclusas en la Edad Media. Físicamente no es ni guapo ni atractivo; es corpulento, aunque no está fuerte ni fibroso. Bebe bastante, tanto vino como cerveza, aunque esto no afecta a su faceta intelectual. Está divorciado y se ocupa él solo de cuidar de sus dos parejas de gemelos y de otro hijo de su mujer, que le dejó antes de abandonarle.

- El resto de la brigada, que aunque en principio son veintisiete hombres, no todos trabajarán en este caso. Os presento a los que intervienen en este caso en concreto: el comandante Mordent, que junto con Danglard, es uno de los pesos pesados de la brigada, dada su graduación; la teniente Violette Retancourt, la diosa polivalente de la brigada y ojito derecho del comisario, a la aprecia mucho siendo este un sentimiento mutuo, al que habría que añadir el de la lealtad por encima de cualquier duda razonable. Es muy corpulenta, y aunque no podría decirse que es guapa exactamente, tiene una nariz recta y estrecha, unos labios perfectos y los ojos de un azul intenso. Es decidida e inteligente; el teniente Mercadet, un hipersomniaco que necesita dormir cada tres horas, lo que no quita para que a la vez sea un brillante informático, aunque a años luz de la teniente Hélène Froissy, una investigadora nata que se verá involucrada en un episodio de violación, el teniente Voisenet, amante de la zoología, que aunque buen policía, tiene una vocación frustrada: la de ictiólogo. Es un hombre menudo, de piernas cortas, tez rubicunda y melena negra y el primero en descubrir el caso de las reclusas; o el arrogante y curtido teniente Noêl Kernorkian; o el disléxico cabo Estalère, el de los grandes ojos verdes, que se podría decir que adora al comisario, entre otras cosas porque le permite hacer aquello para lo que más vale: surtir de café al resto de la plantilla, haciendo de ello un auténtico ritual porque le sirve a cada uno el café exactamente como lo desea y cuando lo desea y el teniente Louis Veyrenc, paisano del comisario, un hombre tranquilo y amable, con una más que apreciable agilidad mental. Tiene una característica física que le hace único: catorce mechas en el cabello, castaño oscuro, de un color rojo muy vivo e intenso, que le salieron como consecuencia de unos navajazos en la cabeza que le propinó una pandilla de chiquillos cuando tan solo era un niño. Y luego estaría el gato, "la bola", que en esta ocasión está más mohíno de lo habitual, durmiendo encima de la fotocopiadora, que ya no pueden utilizar para no invadir su territorio, aunque mantienen encendida para que mantenga el calor.

Hechas las presentaciones de rigor, os diré que rara es la novela de Fred Vargas en la que no te encuentras con un asesinato en las primeras páginas. Obvio, me diréis, es lo habitual en una novela policíaca y más cuando el protagonismo lo encontramos en una Brigada Criminal y más en particular en la sección de Homicidios; sin embargo, en las novelas de la francesa se da esta particularidad, normalmente, a modo de aperitivo. Me explico: Cuando sale la reclusa comienza un sábado 28 de mayo con el doble atropello de una mujer de treinta y siete años, Laure Carvin, por un 4 x 4, cuando cruzaba una calle próxima a su domicilio al volver del trabajo. El resultado fue aplastamiento de cuello y piernas con muerte en el acto. El vehículo pertenecía a su marido, un rico abogado, que tenía coartada para esa hora y todas las sospechas recaen en su amante, Nassim Bouzid, un mecánico de máquinas distribuidora de bebidas, casado, y conocedor en principio de las costumbres del marido. 

Cuando estos hechos acaecen, el comisario Adamsberg se encuentra de vacaciones en la isla de Grímsey, en Islandia. Ante la petición del comandante Danglard adelanta su regreso, con bastantes reticencias, para hacerse cargo de la investigación, que se encuentra en punto muerto. A su vuelta, después de una reunión con el equipo, le ponen en antecedentes y haciendo caso de su intuición y tras unas comprobaciones, se resuelve el caso.

Y mientras Adamsberg discute con Voisenet en su despacho por un asunto menor, algo llama la atención del comisario. En el ordenador del teniente descubre la foto de una araña pequeña y parda, sin nada que llame la atención en su aspecto, aparentemente. Más tarde entra en un foro donde se comenta que han habido varias víctimas mortales por este tipo de araña, denominada "reclusa" y decide investigar.


Comienza entonces, junto con Louis Veyrenc aunque después se irán sumando los policías antes citados, una investigación fascinante, que les llevará a investigar las muertes de estas víctimas, todas de la comarca de Languedoc-Rosellón por veneno de reclusa Loxosceles Rufescens: 

- Albert Barral: Natural de Nimes, fallecido el 12 de mayo. 84 años de edad, agente de seguros, divorciado y con dos hijos. Se presentó en el hospital al día siguiente de la mordedura de la araña, con principio de necrosis, que se amplíó a lo largo de la noche y le afectó al riñón, a pesar de los fuertes antibióticos que le suministraron, así como el antídoto correspondiente, pero el loxoscelismo fue fulminante y murió.

- Fernand Claveyrolle: Natural de Nimes, fallecido el 20 de mayo. 84 años, profesor de dibujo, casado dos veces, divorciado sin hijos. 

- Claude Landrieu: Natural de Nimes, fallecido el 2 de junio. 83 años, chocolatero, casado tres veces y con cinco hijos. Cuando tenía 57 años, en 1988, fue interrogado en calidad de testigo espontáneo sobre la violación de una adolescente, Justine Pauvel, con cuya familia tenía una estrecha relación, cometida cuando la chica tenía dieciséis años, por tres hombres a la vez.

- Jeanne Beaujeu: mordida el 8 de mayo, solo tiene una llaga en proceso de cicatrización. 45 años.

- Léo: gruista, mordido el 26 de mayo, solo le salieron unas pústulas que ya se han curado. 80 años.  

Las pesquisas le llevarán a recabar información del doctor Pujol, un aracnólogo; es decir, un especialista en arañas y en particular de las Salticidae, que trabaja en el Museo de Ciencias Naturales. Se trata de un hombre grueso y barbudo, calvo y de expresión severa, que en el trato es engreído y grosero, pero eficaz a la hora de admitir que el veneno de la reclusa solo es letal en cantidades industriales, algo imposible de conseguir por el modo en que se desarrolla este animal. La visita al doctor le permite conocer, a su vez, a Irène Royer-Ramier, una anciana simpática e inteligente, que se ha desplazado también al museo por otro asunto, aunque alertada por el mismo caso, dado que está causando alteraciones en su localidad. Irène es bajita, artrítica y rechoncha, de rostro redondo y de aspecto bondadoso. A sus setenta años viste de manera descuidada y tiene un afinado sentido del humor. Es una apasionada de las arañas y convive con ellas porque las encuentra inofensivas, más cuando se trata de las reclusas europeas. Tiene su domicilio en Cadeirac, una localidad cercana a Nimes y comparte vivienda con Louise, otra anciana, que siente pavor por los arácnidos y padece una especie de agorabofia. 

Gracias a su relación con Irène, que anteriormente había vivido en Nimes, el comisario descubrirá que las dos primeras víctimas eran amigos y eso le llevará a tirar del hilo sobre sus antecedentes, resultando que los dos pasaron su infancia en La Miséricorde, un orfanato cercano a Nimes en el que uno de ellos, Fernand Claveyrolle, era el cabecilla de una banda bautizada con un singular nombre: la pandilla de las reclusas, a la que Albert Barral también pertenecía.

"Quien ha vivido por la reclusa, perecerá por la reclusa".

Y como es imposible dar con el antiguo director de La Miséricorde, porque murió hace años, el comisario habla con Roland Cauvert, psiquiatra infantojuvenil de profesión e hijo único del anterior. Se trata de un hombre muy singular, lleno de traumas infantiles porque que se sentía invisible para su padre, más ocupado por los otros niños. Se crió prácticamente con ellos, ya que iba a las mismas clases, acudía al mismo comedor, a todas las fiestas y participaba en las mismas peleas que los internos. En la actualidad vive en Mas-de-Pessac, a diecisiete kilómetros al norte de Nimes. Condenado al ostracismo, a sus 79 años, es soltero, poco sociable, iracundo y algo histérico. Pese a todo, le facilita un amplio dossier sobre La Pandilla de las Reclusas, con fotografías de sus víctimas. El primero de los horrores a los que vamos a asistir, porque más tarde pasarían a llamarse La Banda de los Violadores y que siguieron cometiendo felonías una vez abandonados los muros de la Misericordia, como adultos. Esto dió lugar a que surgiera, por afinidad, la Banda de los Mordidos.

Pero todo esto solo es el origen que Adamberg y sus hombres investigarán, lo mejor, o lo peor, depende como se mire, está por llegar, porque Cuando sale la reclusa es, sin lugar a dudas, la novela más valiente de todas las que Fred Vargas ha publicado hasta la fecha y donde se funden aquellos temas que más apasionan a la autora: desde la arqueología a la literatura; desde la historia y en particular la Edad Media al medio ambiente, sin obviar el mundo animal y la psicología.

También seremos consciente de todas las monstruosidades posibles, ya que ante nuestras retinas desfilarán las descripciones más crueles: desde las funestas mordeduras de reclusas a unos niños cuyo único pecado era que otros quisieran divertirse a costa de ellos, con fatales consecuencias, a las violaciones sistemáticas tanto de un padre a sus hijas, durante años, como lo que además hacía con la más pequeña de ellas, cuando, además, era demasiado pequeña. Y no serán las únicas.




Cada novela de Fred Vargas es algo más que un paso adelante, porque cada vez son más intensas y complejas. Si ya me maravilló Tiempos de hielo (por remitirme simplemente a la última), por el modo en que supo aunar un pacto de silencio entre los integrantes de una expedición al Círculo Polar Ártico con un club parisino de partidarios de la figura de Robespierre, en esta ocasión ha rizado el rizo, al ofrecernos un triple salto mortal con tirabuzón y doble pirueta. Triple, porque un mismo caso derivará en tres versiones de distintas bandas: la banda de las reclusas, la de los violadores y la de los mordidos. El tirabuzón vendría de la mano de la reclusa, una imponente tejedora, capaz de aglutinar toda la venganza del mundo y dosificarla a su conveniencia. La doble pirueta la encontramos en el comisario Adamsberg, que tiene que lidiar a la vez con una delicada investigación que le irá llevando, como pollo sin cabeza, de un lado a otro, buscando nuevas pistas cuando parecen agotadas las evidencias, como Dédalo en su laberinto y con un equipo que se está resquebrajando a marchas forzadas, instigado por la persona en la que más confía. Así que ya lo sabéis, el cóctel está servicio y os aseguro que es delicioso.