sábado, 21 de junio de 2014

TE QUIERO PORQUE ME DAS DE COMER, de David Llorente


DATOS PRÁCTICOS:


Título: TE QUIERO PORQUE ME DAS DE COMER
Autor: David Llorente
Editorial: Alrevés
ISBN: 978-84-15900-52-8                                       
Páginas: 320
Presentación: Tapa blanda con solapas




Allá por el mes de marzo, la editorial Alrevés se puso en contacto conmigo (a la vez que con un grupo de blogueros) para proponernos un “experimento” al alimón. Este consistía en leer la novela de la que a continuación os daré mis impresiones y mantener viva la llama sobre su lanzamiento en las redes sociales.

Lo bueno –al menos para mí- es que desde Alrevés se nos transmitía que entenderían que las reseñas podrían ser buenas o malas, positivas o negativas ante la obra (no es lo habitual, desde luego), dado que la novela es bastante peculiar en cuanto a forma y fondo. Y ahora, una vez terminada, os lo puedo asegurar: la sorpresa está garantizada desde la primera página y la pregunta que uno se formula ante ello es ¿pero qué invento es éste?.



EL AUTOR:

David Llorente (Madrid, 1973). Aunque en la actualidad y desde hace unos años reside en Praga, donde escribe, trabaja como profesor de lengua española y dirige un grupo de teatro en nuestra lengua, creció en Carabanchel, el barrio madrileño que es fuente de inspiración de esta novela.

Pero antes de llegar a la edición de Te quiero porque me das de comer, su bagaje literario comenzó a dar frutos en 1998, cuando cursaba Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid y publicó Kira, galardonada con el Premio Francisco Umbral de novela corta ese mismo año. Más tarde, con El bufón, obtuvo el Premio de Narrativa Ramón J. Sender el año 2000.

En 2002 se marcha a vivir a Praga, donde escribe y publica Ofrezco morir en Praga, en 2008 y De la mano del hermano muerto, en 2011.

También ha escrito teatro, teniendo recopiladas algunas de sus obras en el libro Los árboles dormidos.

El héroe, 2004.
La última flecha de Cupido, 2005.
Una de miedo, 2006.
El manicomio, 2007.
Don Juan (versión 8.0), 2008.
Godot o la muerte no tiene la última palabra, 2009.


Aparte, sin recopilar, ha escrito las siguientes:
Gregor Samsa, 2010.
Cocoliche, 2011.
Las tres hijas de Krapp, 2011.
Roja Caperucita, 2012.
Los cisnes de Chernóbil, 2013. Premiada en el festival Studentská Thálie.



ARGUMENTO:

Maximiliano Luminaria siempre fue un alumno brillante, tanto en la escuela primaria, como en el instituto o la universidad. Cuando decidió estudiar Medicina, se convirtió en el mejor de su promoción y los hospitales se lo sortearon. Decidió trabajar como cirujano en el Hospital de Carabanchel, su barrio, en donde raro era el día en que sus vecinos no le felicitasen por haber salvado a algún miembro de su familia. Pero fuera del quirófano sus actividades eran cualquier cosa menos agradables…

Marcelo Saravia trabajaba como camarero en el restaurante de unos grandes almacenes, estaba casado y era más o menos feliz hasta que Greta Santamaría se cruzó en su vida. Se hicieron amantes y llegó un momento en que ella quiso más, hasta que la relación se deterioró. Pero él echó su vida a perder cuando se enteró que ella mantenía una nueva relación y los celos le llevaron a querer quitarle la vida a su compañero, dejándole inválido. La venganza le vino grande y destrozó su matrimonio. Desde entonces ha ejercido cualquier trabajo al margen de la Ley…

Estos dos personajes son sólo un ejemplo de los vecinos de un barrio de Madrid ¿quieres conocer al resto?




IMPRESIONES:

Como os decía al principio, conocí esta novela gracias a que la editorial me propuso participar en una iniciativa bastante curiosa, a caballo entre lo que entendemos como una lectura conjunta y un proceso de promoción en la misma línea, ya que las reseñas se tenían que publicar antes de la salida al mercado de la novela. Lo que más me llamó la atención es que la editorial daba por hecho el que entre los que participábamos apareciesen reseñas tanto positivas como negativas. Fue un alivio para mí, ya que no me gusta que intenten doblegar mi parecer de ninguna de las maneras por muy equivocada que pueda estar. No he podido leerlas todas, pues he terminado el libro hace apenas unos días y no quería que la opinión de otros me despejase la intriga del mismo. Una vez finalizado, sabiendo que iba a ser una de las últimas en publicar, me agobiaba la idea de repetirme con respecto al resto de blogueros. Eché un vistazo a algunas de ellas, leyendo en diagonal, aunque no pudo evitar fijarme en dos aspectos bastante recurrentes en la novela pero relacionados entre si que compartía con esos blogueros: la comparación con la novela de José Saramago Ensayo sobre la ceguera por tener una estructura similar.

Porque si bien en ambas novelas se da el caso de que la estructura resulta sorprendente y original, pareciendo que están mal escritas adrede en cuanto a que no hay párrafos, ni pausas, aun habiendo conversaciones entre los personajes o listas y listas de lo más dispares, además de contar con que no se conoce el significado del punto y aparte -excepto en el momento de cambiar de capítulo- o multitud de comas y dos puntos, entre otras. David Llorente rompe con los moldes, como antaño hizo el Premio Nobel y se aleja de la regla sintáctica. Para que os hagáis una idea, os dejo una muestra en el siguiente párrafo:

“…Digamos que el asesino utiliza a su víctima para narrar su historia, para dejar constancia de su relación con el mundo. Nieves Herrero en el programa De tú a tú entrevista a los padres de las niñas asesinadas en el crimen de Alcácer el mismo día en que aparecen los cadáveres. Segundo debate televisado entre Felipe González y José María Aznar, esta vez moderado por Luis Mariñas. España vence el festival de la OTI. Greta Santamaría, mientras caminaba por la calle (no podía coger el metro, no podía subirse al autobús: estaba demasiado excitada para estarse quieta), pensaba lo siguiente: uno no sabe la facilidad que tiene para matar hasta que no siente que quiere/debe hacerlo: el deseo de matar nace de algún lugar escondido entre las vísceras: las venas te queman: la sangre es ácida: el cerebro adormece todas las necesidades intelectuales: solamente piensa en matar:...”

Otra cosa en común con Saramago es que en esta novela nos encontramos con toda una colección de comportamientos a cual más degenerado y repugnante. Pocos personajes se pueden librar de esta clasificación y no me extrañaría que hubiese un centenar de ellos (he sido incapaz de contarlos), con más o menos relevancia.

A medida que vas leyendo te das cuenta de que su estilo es magnético y detallado, con tal cantidad de situaciones y personalidades que más de una vez te enreda sin compasión. Ininterrumpidamente te va ofreciendo información de manera simultánea de todo lo que ocurre en ese preciso instante, en cada una de las escenas (aunque en principio te parece incoherente porque precisamente no ves un orden lógico): desde un tratado sobre el comportamiento de los asesinos en serie a una receta de Champiñones al huevo, o bien ves aparecer personajes de manera incesante, que el autor refleja en principio de manera muy superficial pero que se van puliendo y evolucionando a medida que pasas páginas. A veces no vuelves a saber de ellos hasta pasados bastantes capítulos, otra vez su paseo por nuestros ojos dura unas líneas. Si a eso le añades el que constantemente el narrador parece estar interactuando contigo, que es capaz de hacer las preguntas que tú tienes en mente, que en la mayoría de los casos tienen respuesta y otras parece como si te mandase a paseo, imagínate, empiezas a sentir una especie de vértigo y la sensación de que no puedes dejar de leer a pesar de que desde el principio te sientes como un testigo mudo de un sinfín de miserias, que parten de un origen en principio normal y corriente y que con el paso del tiempo llegan a convertirse en una progresión ascendente de degeneración. Además la prosa es tan limpia, tan directa, que si sumamos la mezcla de recursos utilizados y tan impecablemente definidos, tenemos la sensación de encontrarnos ante un holograma.

Pero centrándome en la trama de la novela os diré que transcurre entre los años 1980 y 2003, en el madrileño barrio de Carabanchel. Serán lugares de excepción el Instituto de Bachillerato Sebastián Oller donde todos los años se suicida alguien y la Facultad de Medicina, donde se estrena el Asesino de la Moneda. Y es que Carabanchel, uno de los veintiún distritos en que administrativamente se divide Madrid, es el protagonista en la sombra, porque tiene de todo (mucho de malo, poco de bueno), según la novela: desde una cárcel inaugurada en 1944 para dar “cobijo” a los presos políticos del franquismo, hasta que con la amnistía de 1977 estos fueron restituidos por presos comunes hasta que cerró sus puertas y su posterior derribo en 2008, al mayor cementerio de la ciudad, un bosque de sepulcros en el que para encontrar uno en concreto hay que ir en coche porque es enorme. O el Poblado de la Jauja, un núcleo de chabolas y viviendas prefabricadas en el que sus habitantes se dedican a la venta de droga, convirtiendo a Carabanchel en un trasiego descomunal de toxicómanos que generan todo tipo de problemas, ya que atentan contra la seguridad ciudadana.

El Instituto de Bachillerato Sebastián Oller es un pozo de atrocidades. Su profesorado es cualquier cosa menos modélico. Entre otros, podemos encontrar todo un abanico de delincuentes, desde Mariano Cillán (psicópata), Benigno Ocaña (asesino en serie), Úrsula García (envenenadora) o Iván Berges (violador), por no hablar de Delia de Andrés la profesora de Historia, que como consecuencia de una depresión por la muerte de su hijo comenzó a gestar un odio inusitado por sus alumnos o Carlos, un maestro que prefiere estar sentado para dar sus clases y de paso verle las bragas a las niñas. Eso sin contar con sus habituales “convivencias” en las que aprovecha para abusar de ellas. Vamos, que desde la directora hasta el último contratado, son todos un dechado de virtudes.

Y también es en Carabanchel donde nos encontramos con el protagonista principal, Maximiliano Luminaria, al que conocemos desde su niñez. Llegamos a empatizar con él al principio, claro está, y sentirle como una víctima de la maldad. Nació en 1971 y desde pequeño fue muy débil. A eso habría que añadir que en lo físico parece como si todos los defectos físicos se hubiesen confabulado para agruparse en su persona. En el colegio todos los niños se cebaron con él: le daban capones hasta hacerle sangrar y le escupían. En el instituto no le fue mejor en lo social, pero en el terreno académico era un prodigio. Cuando llegó la selectividad sacó la mejor nota de todo el país y se inclinó por estudiar Medicina, para convertirse en el mirlo blanco que todos los hospitales se sortearon para contratarlo al convertirse en el mejor cirujano entre los recién doctorados. Optó por trabajar en el Hospital de Carabanchel, su barrio de siempre y donde sus vecinos le demostraban a diario su afecto, ya que raro era que no hubiese salvado de una muerte segura a algún miembro de cualquier familia. Otra cosa diferente era su vida personal lejos del hospital… donde lamentablemente no había cura para su mal.

Otro ejemplar digno de ser mencionado es Marcelo Saravia. Cuando le conocemos trabaja como camarero en el restaurante de Galerías Preciados de Callao. Conocía de vista a Greta Santamaría ya que todos los días, casi de madrugada, ambos coincidían en la estación de metro de Urgel para ir a sus respectivos trabajos. Pero la relación se estableció el día en que ella decidió ir a comer a los grandes almacenes y antes de pagar dejar su número de teléfono en la servilleta. Al día siguiente se hicieron amantes (él estaba casado) y tres veces por semana retozaban en la pensión La Cigüeña. Pero a ella le dio por querer algo más que él no estuvo dispuesto a dar –eso que suele ocurrir a todas las amantes que no aceptan ser “la otra”-, por lo que Greta se cansó de la relación y encontró a otra persona que la hizo feliz. Los celos entonces devoraron a Marcelo y un buen día siguió al novio de su ex-amante y le empujó ante las vías del metro, dejándole paralítico. En la investigación policial que se lleva al efecto Greta le reconoce cuando la enseñan unas imágenes captadas por las cámaras del agresor y decide complicarle la vida más de lo que él se hubiese imaginado nunca.

Así, hilvanando unos personajes con otros o distintas circunstancias, iremos formando un puzle cuyas piezas en principio estaban demasiado dispersas. Conoceremos en primera persona al Asesino de la Moneda y su modus operandi, asistiremos a sus treinta y tres asesinatos sin importarnos especialmente si en algún momento conseguirán cazarlo, porque la historia del policía encargado de la investigación también tiene tela marinera. Pero no es el único psicópata con el que nos encontraremos, ya que en Carabanchel se dan cita toda clase de mafiosos, pederastas, yonkis, macarras… incluso los perros son asesinos. Es más, si no fuera porque conozco el barrio donde transcurre la acción, pensaría que es un agujero negro de la zona sur de Madrid, en el margen derecho del Manzanares que no conviene visitar bajo ningún concepto.

Para concluir, os diré que como toda buena novela, Te quiero porque me das de comer es como una roca con diferentes capas de colores que van del gris al negro. Puedes, si quieres, quedarte en la más superficial y tomarte la historia como una novela negra al uso: dado que desde el principio conocemos al asesino en serie, sólo nos resta esperar a que el detective Casimiro Bacells le descubra, algo complicado porque sus crímenes siempre son perfectos; o puedes maravillarte ante las diferentes capas de maldad que pueden existir sin que seamos conscientes a pesar de convivir con ellas, porque quizás ante nuestros vecinos o conocidos solo somos una fachada y aun siendo conscientes de los indicios, ignoramos en qué se cimentan. Porque, a fin de cuentas, estamos acostumbrados a regirnos por una serie de normas que constituyen lo que llamamos sociedad y damos por hecho que cumplirlas nos protegen de los conflictos, por eso es tan fácil tratar a cualquier psicópata como a otra persona normal en un mundo de falsas apariencias y nos percatamos asombrados de ello cuando conocemos sus alicientes, pensamientos y su conducta.




CONCLUSIONES:


Te quiero porque me das de comer es una novela arriesgada tanto para el escritor -porque se aparta de todos los arquetipos conocidos en el género- como para el lector, que en un primer momento puede sentirse perdido, que puede gustarte o no, pero si lo hace, es de manera radical, sin medias tintas. Todo es sórdido hasta dejarte sin resuello, no en vano te permite inmiscuirte en la mente del psicópata y conocer las etapas por las que va pasando y entender las razones que le llevan a ello. Eso sí, te engancha de tal modo que no puedes dejar de leer.



sábado, 24 de mayo de 2014

EL SUEÑO DE LOS FARAONES, de Nacho Ares


DATOS PRÁCTICOS:


Título: EL SUEÑO DE LOS FARAONES
Autor: Nacho Ares
Editorial: Grijalbo
ISBN: 978-84-253-5142-6   
Páginas: 459
Presentación: Tapa blanda con solapas




Si hay un escenario literario por antonomasia, por la gran cantidad de novelas publicadas cuya trama transcurre en sus rincones más emblemáticos, ese es el antiguo Egipto. ¿Quién se puede resistir a un buen libro en el que faraones, pirámides o sacerdotes nos acercan a un contexto cargado de misterio, aventuras y descubrimientos? Bueno, también estarían las de arqueólogos en busca de insondables tesoros rodeados de misterio que, si además son egiptólogos, más razón para pasar unas cuantas horas con un libro entre las manos ¿verdad?

Pues eso es lo que pensé cuanto tuve ante mí la última novela de Nacho Ares y os aseguro que si os gustan las novelas que transcurren a ambos márgenes del Nilo y que mezclan géneros como el histórico y el thriller, no debéis dejar de leerla. Ahora os explico las razones:


EL AUTOR:

Nacho Ares (León, 1970). Licenciado en Historia Antigua por la Universidad de Valladolid, también posee el Certificado en Egiptología en el KNH de la University of Manchester. Ha pasado gran parte de su vida a la investigación y divulgación de los enigmas que rodean al antiguo Egipto.

Ha publicado dieciséis libros, donde uno decena de ellos están dedicados a la cultura egipcia:

- Egipto el oculto, 1998
- Egipto insólito, 1999
- El Valle de las Momias de Oro, 2000
- El guardián de las pirámides, 2001
- Un viaje iniciático por los templos sagrados del Antiguo Egipto, 2001
- Tutankhamón, el último hijo del Sol, 2002
- Egipto: Hechos y objetos inexplicables del Egipto Faraónico, 2002
- La historia perdida, 2003
- La historia perdida II, 2003
- El enigma de la Gran Pirámide, 2004
- Éboli. Secretos de la vida de Ana de Mendoza, 2005
- Egipto Tierra de dioses, 2006
- Arqueología de los dioses, 2007
- El retrato, 2009
- La tumba perdida, 2012
- El sueño de los faraones, 2014

También ha sido traductor y corrector de numerosos libros del inglés, además de dirigir durante una década la Revista de Arqueología, todo un referente en este campo. Ha publicado más de trescientos artículos en diferentes revistas especializadas y ha colaborado en diversos medios radiofónicos (SER Historia, de la Cadena Ser o Milenio 3) así como Cuarto Milenio en televisión, donde es reportero.




ARGUMENTO:


Año 969 antes de nuestra era. Kemet, el antiguo Egipto, sufre un momento muy crispado. La hambruna se ha propagado por todos los rincones del país y los ladrones de tumbas saquean por doquier en la ribera occidental de la capital tibana. Pinedjem II, sumo sacerdote de Amón, se encuentra amedrantado por el descanso eterno de sus antepasados y por el suyo propio, ya que intuye que su último suspiro está cercano y encarga a Ahmose, primer escriba de la Necrópolis de Millones de Años y a Takelot que encuentren y capturen a los ladrones y darles su merecido. Pero no es nada fácil, porque los robos se practican en tumbas de las que el pueblo no tiene conocimiento, por lo que la información sobre su ubicación sólo puede salir del Templo de Amón en Karnak, lo que implica que la corrupción se ha instalado en el Templo y que hay que buscar un nuevo alojamiento mortuorio tanto para él como para los miembros de su dinastía. Será Takelot quien encuentre el sitio ideal: un pozo oculto en una hondonada en uno de los extremos de Deir-el-Bahari, detrás de la colina de Gurna que miles de años después descubrirá Ahmed Abderrasul.

Visión aérea de una reconstrucción del complejo de Karnak

Febrero de 1874. Ahmed Abderrasul, junto con su hermano Mohamed y el amigo de ambos, Kamal, regresan a casa tras una jornada de pastoreo, cuando reparan en que les falta una cabra. No les queda más remedio que buscarla, a pesar de que la noche se les está echando encima, pues la escasez de alimentos está más que generalizada en todo el país y no pueden prescindir de ningún animal, ya que son vitales para la subsistencia de la familia. Enseguida descubren el pozo en el que ha caído y Ahmed decide bajar a por ella, colgado de una soga con la ayuda de Mohamed y Kamal.

Cuando consigue hacer pie prende una antorcha y descubre que del fondo sale un pasadizo. Escucha entonces un gemido suplicante y no duda en avanzar para recoger al animal que no debe andar lejos, hasta dar con una cámara enorme donde se apilan montones de papiros, estatuillas, ataúdes y toda clase de tesoros de un valor incalculable. Enseguida comprende que debe guardar secreto sobre lo que acaba de descubrir para después ir vendiendo las piezas poco a poco en el mercado negro, so pena de que en la aldea se enteren y la noticia llegue a oídos de los efendis del gobierno. Por ello, coge a la cabra y desanda el camino. Cuando llega al inicio del pozo se ata la soga a la cintura y avisa a los de arriba para que le suban.



Diciembre de 1880. Émile Brugsch, utilizando el sobrenombre de Kurt Marek, llega a Luxor (antigua Tebas) y se hospeda en el hotel más famoso y refinado de la ciudad, tras la reunión mantenida con su jefe y el resto de sus hombres de confianza para investigar la razón de la aparición de numerosas antigüedades en el mercado negro y que según todos los indicios pertenecen a la dinastía XXI. Se trata de distintas piezas: papiros, ushebtis, etc., de extraordinaria calidad. Visita la tienda de Antoun Wardi, un reputado anticuario de origen libanés y allí adquiere un ushebti de indudable belleza que perteneció a la reina Henut-taui, esposa de Pinedjem I, lo que confirma sus sospechas.




IMPRESIONES:

En El sueño de los faraones nos encontramos con una historia donde el suspense está asegurado y en la que confluyen los misterios del antiguo Egipto y uno de los hallazgos arqueológicos más impresionantes del siglo XIX, tras el hallazgo del escondite de momias reales de Deir-el-Bahari, un complejo funerario que se encuentra en el margen occidental del Nilo, frente a la antigua Tebas (actual Luxor) en Egipto. En este enclave, se encuentra el templo de la reina Hatshepsut (dinastía XVIII), único en su género y el más impresionante de los levantados en el valle.  

La novela se divide en un breve prólogo de tan sólo siete páginas que nos pone sobre aviso de la trama a desentrañar en los siguientes treinta y un capítulos. Al final, en una Nota del Autor, que es mucho más que un epílogo, Nacho Ares nos hace partícipes de los entresijos de la historia de la que hemos sido testigos, pues todo lo que nos describe (hechos, lugares o situaciones), incluido el descubrimiento del escondite de Deir el-Bahari, fueron reales. Los personajes que nos iremos encontrando –salvo raras excepciones- también existieron, así como las situaciones que se relatan. Quizás por ello, cuando acabas de leer la última palabra, sientes la sensación de que has asistido a una clase magistral, porque todo lo leído resulta todavía más emocionante.

Por ello, creo que es mejor que conozcamos primero a los principales personajes, aunque no son están todos los que aparecen en la novela, sino los que más relevancia tienen en la misma:

Primera etapa: Año 969 a de JC.

- Pinedjem II, Sumo sacerdote de Amón y jefe del ejército. Cuando comienza la trama es un anciano ya vencido y sin grandes ambiciones, en las postrimerías de su vida que sólo pretende acabar con los saqueos de las tumbas reales, para asegurarse como contrapartida su paso al reino de Osiris.

- Ahmose, primer escriba de la necrópolis tebana, a sus cincuenta años puede decirse que su vida siempre ha estado ligada al servicio de los escribas, desde que inició sus estudios en la Casa de la Vida del templo.

- Takelot, segundo escriba de la necrópolis, que ayuda a Ahmose en la investigación ordenada por el sumo sacerdote de Amón. De origen libio, apenas cuenta con veinticinco años.


Segunda etapa: Finales de 1880 y 1881.

- Kurt Marek: Alias utilizado por Émile Brugsch, colaborador del director del Servicio de Antigüedades (Gaston Maspero) en El Cairo para pasar desapercibido en la investigación emprendida para localizar unas antigüedades que están surgiendo en el mercado negro de Luxor correspondientes al período de la dinastía XXI. Apenas roza la cuarentena y además de fotógrafo es un estudioso de la egiptología. De origen alemán, es soltero además de elegante y con fama de zalamero.

- Charles Edwin Wilbour: De origen norteamericano, es un adinerado expolítico y hombre de negocios que abandonó sus actividades en Nueva York para dedicarse al mundo de la egiptología. Cuando Kurt Marek empieza a levantar sospechas por sus indagaciones, él le sustituye.

- Antoun Wardi: De origen libanés (nació en Beirut) posee una tienda de antigüedades en Luxor y es todo un referente por la calidad de sus artículos. Toda su vida la ha dedicado a traficar con este tipo de piezas, por lo que tiene contactos a nivel internacional.

- Mariam Gergess: Trabaja como dependienta en la tienda de Antoun Wardi. De cabello oscuro, no lo lleva cubierto porque profesa la religión copta (cristiana egipcia) y apenas tiene poco más de veinte años.


Os comentaba al principio que en la narración confluyen los misterios del antiguo Egipto y el descubrimiento del escondite de momias reales de Deir-el-Bahari (la tumba DB320). Esto es posible porque el autor juega con dos líneas temporales (la  primera transcurre durante el año 969 antes de nuestra era, siendo sumo sacerdote de Tebas Pinedjem II; la segunda transcurre en 1881, cuando un grupo de egiptólogos que trabajan para el Servicio de Antigüedades Egipcias deciden iniciar una investigación). Con un ritmo muy dinámico y un estilo sencillo, te ves obligado a mantenerte pegado a sus páginas, porque el interés va en aumento capítulo a capítulo, página a página.

Los capítulos se van alternando y lo más curioso es que en ambas etapas, separadas por tres milenios, el planteamiento es similar, así como la situación desesperada de una población en la que el hambre y las enfermedades están haciendo mella, puesto que en los dos casos se inicia una investigación sobre objetos funerarios robados y puestos a la venta en el mercado negro, claro que con diferentes motivaciones. En la primera etapa (año 969 antes de nuestra era) el sumo sacerdote,  jefe del ejército y Visir de Amón, Pinedjem II, siendo sabedor de que unos ladrones de tumbas están robando los objetos de sus ancestros, encarga una investigación no sólo para capturarlos y someterlos a escarnio público, sino para poner fin a la corrupción que se ha instalado en el Templo de Karnak. La solución final parte por encontrar un escondite donde dormir el sueño eterno sin temor a que los saqueadores se hagan con los objetos indispensables que le han de ayudar a superar las distintas pruebas y así alcanzar el reino de Osiris. En la segunda etapa, son los responsables del Servicio de Antigüedades ubicado en el Museo Bulaq (Gaston Maspero, Émile Brugsch, Charles Wilbour, Maxence Chalvet y Ahmed Kamal, el primer egiptólogo egipcio) quienes pretenden proteger el patrimonio nacional, localizando a los ladrones de tumbas y rastrear el origen de un flujo constante de tesoros hasta dar con la red corrupta que los ampara, que actúa con total impunidad por pura y simple codicia. Entre ellos, se encuentran Mustafa Aga Ayat y el anticuario Antoun Wardi y la familia Abderrasul.




 CONCLUSIONES:

El sueño de los faraones es una novela llena de intriga y misterio, basada en hechos reales, lo que supone un valor añadido por el interés que es capaz de despertar. No por ello es menos amena, ya que el autor sabe conjugar un estilo sencillo, pero eficaz con unas descripciones precisas e insuperables en muchos momentos. El trabajo de documentación es más que obvio, no en vano Nacho Ares es un gran investigador especializado en egiptología, por lo que la ambientación es espectacular y merece la pena recrearse entre sus páginas para, de la manera más placentera posible, ser testigos de un fragmento de la historia del antiguo Egipto.







sábado, 17 de mayo de 2014

LA SONATA DEL SILENCIO, de Paloma Sánchez-Garnica


DATOS PRÁCTICOS:

Título: LA SONATA DEL SILENCIO
Autora: Paloma Sánchez-Garnica
Editorial: Planeta
ISBN: 978-84-08-12705-5                                       
Páginas: 896
Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos
Presentación: Tapa dura con sobrecubierta




Cuando en junio de 2012 leí Las tres heridas, de Paloma Sánchez-Garnica, comprendí que era una escritora a la que debía seguir, pues me encantó aquella historia que transcurría a partir del día en que se produjo el Alzamiento Militar que dio origen a la Guerra Civil. Me gustó todo de la novela, la trama principal y la secundaria (la obra transcurre en dos momentos históricos distintos, alternando pasado y presente), el trasfondo, los personajes, las descripciones y la multitud de anécdotas que en ella se narraban. Tuve claro que el éxito que alcanzó la novela no iba a ser flor de un día y que la autora se convertiría en alguien a quien leer en el futuro. Por ello, cuando me enteré que salía al mercado un nuevo libro de Paloma Sánchez-Garnica, me faltó tiempo para conseguirlo y hoy es el día en que quiero hablaros de lo que su lectura me ha supuesto.


LA AUTORA:

Paloma Sánchez-Garnica (Madrid, 1962), licenciada en Derecho y en Historia, en la actualidad se dedica a escribir. Llegó a este mundo por casualidad, como ella misma afirma, pero lo ha hecho con paso firme y, hasta el momento, son cinco las novelas que ha publicado:

- El Gran Arcano, en 2006, con Plaza & Janés. 
- La brisa de Oriente, en 2009, con Plaza & Janés.
- El alma de las piedras, en 2010, con Espasa
- Las tres heridas, en 2012, con Planeta
- La sonata del silencio, en 2014, con Planeta.



ARGUMENTO:

Cuando Marta Ribas y Antonio Montejano se casaron, lo tenían todo en su mano para ser felices, pero la guerra y un mal entendido sentido de amistad por parte de él trastocaron sus sueños e ilusiones y, por tanto, sus vidas. Él era médico, ella ansiaba convertirse en pianista profesional, pero los derroteros de la vida les llevaron a renunciar a sus anhelos más profundos. También a su status social, convirtiéndose en pobres de solemnidad de la noche a la mañana a raíz de una acusación de homicidio que Antonio no había cometido, pero por el que fue a la cárcel, de la que salió por la ayuda prestada por sus amigos. Por ello, cuando Antonio enferma y tiene que ser hospitalizado, Marta se ve sin ingresos de ningún tipo y comienza a trabajar como asistente personal de una mujer de negocios italiana, muy rica, que se hospeda en el Hotel Palace, gracias a la intermediación de Don Próculo, un sacerdote amigo de la familia. Pero eso no le vale al vencindario en el que vive ni a los que se consideran sus amigos, que no dudan en cuestionar su trabajo y actitud. Tampoco su marido lo acepta y la obliga a abandonar su actividad a pesar de que gracias a ella pueden saldar todas sus deudas y vivir dignamente.

Pero esto sólo será la punta del iciberg de una historia que transcurre durante la postguerra y una intrahistoria en la que la indigencia y la abundancia se dan la mano y en la que podemos ser testigos del los ambientes más populares del momento o el carácter típico de los madrileños de la época en diferentes entornos.





IMPRESIONES:

Normalmente el título de una novela –aparte de su argumento- es el mejor de los reclamos y, en este caso, es todo un acierto, porque el alma de la historia queda resumida en esas cuatro palabras. No obstante, no es sólo la música uno de los ingredientes básicos de la misma, así que intentaré explicar por qué a mí me lo ha parecido. Efectivamente, a lo largo de las páginas nos encontraremos con que un músico de renombre internacional compone una pieza musical en honor a la protagonista cuyo título es el mismo. Por otro lado, el título me ha parecido una analogía del devenir de la existencia de Marta y su hija Elena, ya que una sonata es, a fin de cuentas, una composición para uno o dos instrumentos que se estructura en tres o cuatro tiempos. Obviamente, los instrumentos serían ellas y los tiempos los momentos que van determinando su evolución personal. El silencio vendría de serie, porque en ambos casos, tanto madre como hija se guardan demasiada información vital para ellas, que de haberla comentado en el momento adecuado, no hubiese dado lugar a un mutismo envenenado que sólo beneficia a otros.

La acción se desarrolla en el Madrid de 1946, aunque no puede decirse que se trate de una narración lineal al uso, ya que a medida que vamos avanzando en la trama, se nos remitirá al pasado para que podamos entender la realidad y el por qué de muchas circunstancias. Por ello, nada mejor para entender un poco esta historia, que hacer un breve bosquejo de los personajes, dado que son la base sobre la que se asienta esta interesante historia:

- Antonio Montejano: Esposo de Marta y médico, aunque abandonó su profesión al poco tiempo de iniciarla tras un accidente de automóvil que segó la vida de su padre y de cuatro de sus hermanos. Tuvo que hacerse cargo de la tienda de antigüedades que regentaba en la calle Alcalá. Pero el negocio se vino abajo como consecuencia de la guerra, ya que un bombardeo asoló el local por completo junto con el material que en él almacenaba. Tiempo después, una vez terminada la contienda, fue inculpado de un asesinato que no cometió, por lo que entró en prisión, saliendo en poco tiempo gracias a la colaboración de sus amigos. Pero le resultó imposible encontrar empleo, ya que los expresidiarios difícilmente pueden librarse de esa marca  imborrable que les acompañan de por vida, por lo que no le quedó otra que trabajar para su amigo Carlos en su notaría, por un sueldo ridículo que apenas da para pagar el alquiler de la casa en la que vive junto a su familia y sin seguro médico.

- Marta Ribas: Es la abnegada esposa de Antonio y la protagonista indiscutible de la novela, ya que toda la trama gira en torno a ella. Hija de diplomáticos, su educación fue muy esmerada hasta el punto de dominar varios idiomas. De joven quiso convertirse en pianista profesional, pero la guerra y la concatenación de distintos errores cometidos por su esposo frustraron sus sueños. Aunque se casaron muy enamorados, el carácter de su esposo a lo largo de los años hizo mella en sus sentimientos y a pesar del rencor acumulado por las situaciones que tuvo que torear, la sumisión parece formar parte de su ADN. Cuando su marido enferma y se encuentra sin ingresos, encuentra un trabajo en el que además de sentirse realizada y feliz, le permite llevar una vida digna, pero que acaba abandonando ante la insistencia de su esposo.

- Elena Montejano: Hija única de Antonio y Marta, es una joven humilde y esencialmente buena. Su respeto a la autoridad paterna se hace más que evidente cuando acepta un matrimonio apañado entre su padre y un vecino del inmueble en el que viven, machista hasta la médula, que la llevará por el camino de la amargura desde el primer día, aún estando enamorada de un músico callejero.

- Rafael Figueroa: Amigo íntimo de Antonio desde la infancia. Nacieron el mismo año y vivieron siempre en el mismo edificio. Casado con Virtudes, ejerce como Notario. Su oficina se encuentra en el piso que antes de la guerra habitaban los Montejano. En el momento de iniciarse la acción, tiene tres hijos: Virtuditas, Basilio y la benjamina Julia que se lleva tres semanas con Elena Montenajo, su mejor amiga.

- Virtudes Molina: Esposa de Rafael, conoció a su marido cuando este llegó a Betanzos para ocupar su primera plaza como notario. Además de ser poco agraciada en lo físico, su carácter también deja mucho que desear. Víbora y santurrona a partes iguales, no dudó en urdir una trama junto con su madre para embaucar al notario y casarse con él.

- Basilio Figueroa: Único hijo varón del matrimonio Figueroa Molina. Es un joven tarambana que aparentemente estudia Derecho para posteriormente seguir la estela de su padre, pero que prefiere dilapidar su tiempo y su dinero entregado a sus muchos vicios, a caballo entre la prostitución y el consumo de cocaína. Éste último le llevará a convertirse en esbirro de un “notable”  mafioso de origen alemán para poder costeárselo.

- Mauricio Canales: Vecino del inmueble, un personaje sin escrúpulos que utiliza su cargo en la judicatura para su propio beneficio. Viudo desde poco tiempo después de casarse, no tuvo reparos en agenciarse con todo el patrimonio de su esposa y sus suegros. Durante un tiempo tiró los tejos a la hija mayor de los Figueroa, para acabar casándose con Elena Montejano.

- Eutimio Granados: Oficial de la notaría de Rafael Figueroa. Es un hombre taimado, interesado y aprovechado acostumbrado a hacer el trabajo en la oficina de manera impecable y mucho mejor en la calle, donde se encuentra como pez en el agua nadando en el submundo del estraperlo y los bajos fondos.

- Don Próculo Calasancio: Amigo desde la infancia de Antonio y Carlos, ya que eran compañeros del colegio, la amistad con el primero se afianzó mucho más en la facultad, ya que ambos eligieron cursar la carrera de medicina. Aún así, los tres fueron, sobre todo, amigos de correrías en su juventud. Precisamente en una de ellas, Próculo se vió envuelto en una pelea nocturna en la que dejó a su enemigo tirado en el suelo e inconsciente. A los pocos días se enteró que había muerto esa misma noche, atropellado por un vehículo y decidió abrazar la religión para purgar su desazón. De ese modo pasó a convertirse en sacerdote y, por su condición, aglutina en su persona los secretos más íntimos de las dos familias, aunque está obligado a guardar silencio al haber sido formulados en el confesionario.

- Celia Baldomero: Estando recién casada, a los pocos días de su boda su esposo, Benito Olmedo, murió, convirtiéndose en una viuda prematura y sin ningún ingreso. Por eso, poco antes de quitarse el luto, decidió convertir  su casa de ocho dormitorios, situada al principio del Paseo de Santa María de la Cabeza y por lo tanto muy próxima a la estación de Atocha, en una pensión. Después de unos años de relativa tranquilidad en lo económico, pues su clientela era prácticamente fija, llegó la guerra y sus planes se desbarataron, ya que unido a las carencias propias de la contienda espantó a sus huéspedes, por lo que el negocio pasó a convertirse en una casa de citas, alquilando las habitaciones por horas y evitándose, de este modo, las tres comidas que daba a sus clientes. A través de ella conoceremos cómo funcionaba ese submundo y cómo se comportaba su clientela.

Y, por supuesto, también está la Música, a la que podemos considerar un personaje más. No sólo está presente en el título como os decía al principio, sino que lo está a lo largo de las páginas de este libro. De hecho, todos los capítulos están titulados y, muchos de ellos, hacen referencia a distintas piezas musicales de compositores consagrados. Lo sorprendente de todo es que la autora, en los agradecimientos, nos comenta que aunque es capaz de alcanzar la máxima emoción al escucharla, no se considera una entendida en este arte, por lo que se ha servido de los conocimientos de Carmen Luque y Pedro Ramos, pianistas o de Fernando Turina, Julio Alexis Muñoz, María José Zamora y algún otro para entender mejor y de ese modo transmitirnos lo que sienten los músicos a la hora de interpretar una pieza musical, ya que algunos de los personajes de esta historia lo son.

Me ha fascinado el modo en que Paloma Sánchez-Garnica retrata a la sociedad de la época, de ese amargo trasfondo en el que no sólo las leyes, sino la mentalidad de las gentes marginaba a las mujeres, empezando por ellas mismas y un sometimiento enfermizo difícil de entender hoy en día. Esto se plasma en todos los ámbitos: desde el laboral, al personal o penal. Cuando Marta Ribas empieza a trabajar, su vecindario se permite cuestionarla y criticarla, hasta el punto de organización una reunión para tratar el asunto en el domicilio de Rafael Figueroa, a instancias de su esposa, como si estuviese cometiendo un crimen y buscar entre todos ellos una solución, cuando lo único que pretende es vivir con un mínimo de dignidad realizando un trabajo para el que está plenamente capacitada, ya que se mantienen prácticamente de la caridad ofrecida precisamente por su amigo Rafael Figueroa, amigo de la infancia de su marido. Pero Antonio Montejano, su esposo, piensa lo mismo que los demás, hasta el punto de que nada más abandonar el hospital en el que ha sido ingresado por una neumonía, la obliga a abandonar esa fuente de ingresos a pesar de que él no tiene medios ni salud para poder mantener a su familia. Tampoco tiene reparos en que su hija trabaje y la exploten en una zapatería, de sol a sol, por dos reales y entiende que su salario ha de ser más bajo que el de un hombre aunque haga la misma tarea. Porque hay que mantener las apariencias por miedo al qué dirán. Eso por no hablar de infidelidades o adulterios, ya que mientras los hombres pueden cometerlos sin reparos, el que una mujer haga lo mismo implicaría la asunción de un delito por el que podría ir a la cárcel con la simple denuncia del esposo.

En el mismo plano estaría el poder de la Iglesia sobre la ciudadanía, siempre ligada al régimen con el que alcanzó una profunda complicidad y grandes privilegios. Se erigió como la institución adecuada para educar y manipular a los cristianos. Por ello, los ciudadanos estaban obligados a participar en todo tipo de actos religiosos, como bodas, misas y procesiones. También adquirieron el control tanto en la censura como en la educación. En la novela nos encontramos con un personaje –el cura Don Próculo- que es un fiel exponente de todo ello y que por medio del secreto de confesión es capaz de controlar sutilmente pero con eficacia la vida de sus conocidos.

Las descripciones en general son muy someras, pero me ha extrañado este extremo cuando de lugares se trataba. Teniendo en cuenta que la acción transcurre en Madrid, me sorprende que alguien que no conozca la ciudad sea capaz de reconocerla. Es más, los escenarios siempre suelen ser prácticamente los mismos, habida cuenta que la inmensa mayoría de personajes –tanto protagonistas como secundarios- viven en el mismo edificio: una comunidad situada en el número 10 de la Plaza del Ángel. Por poneros un ejemplo, son muchas las veces en que Marta Ribas o su hija salen de su casa en dirección a la Plaza Santa Ana, para luego llegar a la calle Atocha. Pues bien, la autora no nos contará nada acerca de estos sitios, ni un solo detalle y eso que a efectos lúdicos, son unos de los espacios más frecuentados a nivel turístico en la ciudad o una mínima mención a los monumentos que nos podemos encontrar. Lo mismo puede decirse cuando acuden al hotel Palace, situado en la Plaza de Cánovas del Castillo (conocida popularmente como Plaza de Neptuno por el conjunto escultórico que se alza en el centro de la misma) o la Iglesia de los Jerónimos, por poner algunos ejemplos.

La prosa es muy fluida, con un estilo elegante, aunque de ritmo lento. No obstante, ha habido una serie de detalles que en ciertos momentos me han llegado a irritar como es el uso repetitivo de ciertas palabras, como si no hubiese sinónimos suficientes como para recurrir a ellos. Algún ejemplo de ellas sería zaquizamí, siempre refiriéndose al domicilio de los Montejano, que si bien lo era, también se podía referir a él como cuchitril o cuartucho, entre otras; otro ejemplo es la palabra salaz, utilizada siempre en los mismos términos (y no será por palabras equivalentes que se podrían usar). Y lo que más me molestaba es que era rara la escena –mucho más si en ella aparecen hombres- en que estos estén fumando y siempre, siempre, aparece la palabra “pinzar” bien para coger el cigarro entre los dedos o llevárselo a la boca. Hubo momentos en que me la veía venir, os lo aseguro.



CONCLUSIONES:

La sonata del silencio es una novela entretenida y muy interesante, que retrata a la perfección un momento de nuestra historia reciente y la sociedad de la época. Pero, sobre todo, es una novela de personajes impecablemente perfilados, con sus luces y sus sombras y esa sensación de espontaneidad que los hace imprevisibles, con toda la humanidad que eso conlleva.