lunes, 13 de agosto de 2018

ARDERÁS EN LA TORMENTA, de John Verdon




DATOS TÉCNICOS:

Título: ARDERÁS EN LA TORMENTA
Título original: White River Burning
Autor: John Verdon
Traductor: Santiago del Rey
Editorial: Roca
Colección: Thriller y suspense
ISBN: 978-84-16700-72-1
Páginas: 504
Presentación: Rústica con solapas




El pasado 7 de junio, coincidiendo con el lanzamiento al mercado de Arderás en la tormenta, asistí, junto con mis compañeras de Madrid, pertenecientes todas ellas a #SoyYincanera, a un encuentro con John Verdon y os puedo asegurar que si ya de por sí la satisfacción de conocer a un autor de este calado fue inmensa, el modo en el que se desarrolló la charla estuvo a la altura de los grandes. De los más grandes. No solo es que fuese entretenida, distendida e interesante, sino que nos permitió hacer un recorrido a lo largo de su obra, haciendo hincapié, lógicamente, en esta, su última novela y sexta de la serie de David Gurney. Todo ello fue posible gracias a la oportunidad que nos brindó Roca Editorial y el buen hacer de Silvia Fernández.

Siempre diré que no hay nada como asistir a un encuentro literario, porque además del placer que puede suponer el conocer personalmente a alguien a quien admiras, te da la oportunidad de perderte en los entresijos de las novela, profundizar en ella y preguntar al autor sobre aquellas dudas que pueden no haberte quedado resueltas o disfrutar, sencillamente, de la historia a su lado, comentar anécdotas o el por qué de las situaciones que se plantear. En fin, un batiburrillo de deseos que siempre se ven ampliamente satisfechos. Y en este caso, no os podéis ni imaginar el modo en que se solucionaron porque tanto el autor como su traductora, Lidia, se esforzaron lo indecible porque así fuese. Pero empecemos hablando de él, a grandes rasgos:


    
John P. Verdon (Nueva York, 1942) ha desarrollado casi toda su carrera profesional (más de tres décadas) como director creativo en varias agencias de publicidad en Nueva York. Verdon, que siempre quiso ser escritor, una vez retirado junto con su esposa, compaginó su afición por la carpintería con la de la lectura de novela negra y descubrió a los maestros del género, llegando a obsesionarse por el método que usaban para la creación de cada trama e, incitado por ella, decidió dar el salto a la escritura, llegando a convertirse con su primera novela  en un maestro del best seller.

Novelas publicadas:
- Sé lo que estás pensando (2010)
- No abras los ojos (2011)
- Deja en paz al diablo (2012)
- No confíes en Peter Pan (2014)
- Controlaré tus sueños (2015)
- Arderás en la tormenta (2018)






La tensión ha ido en aumento en White River. El inminente primer aniversario de la muerte de un motorista negro por el disparo de un policía local inquieta a una población económicamente deprimida y racialmente polarizada.

Se han pronunciado discursos incendiarios. Han empezado manifestaciones airadas. Ha habido casos aislados de incendios y saqueos.

En medio de toda esta agitación, un francotirador mata a un agente de policía y la situación se descontrola. El fiscal de distrito del condado acude a Dave Gurney, detective de homicidios retirado del Departamento de Policía de Nueva York, con una extraña propuesta: quiere que Gurney lleve a cabo una investigación independiente del homicidio y que le informe directamente a él.

Pese a tener algunos recelos sobre la singular oferta, Gurney termina por aceptar el encargo. Sus dudas se intensifican todavía más cuando conoce al tremendamente ambicioso jefe de policía local, en cuyos métodos agresivos y posiblemente ilegales podría hallarse el origen de la inquietud de los ciudadanos.

La situación en White River se vuelve realmente tensa cuando se producen más muertes en lo que parece ser una escalada de venganzas. Sin embargo, cuando Gurney se pregunta por la verdadera naturaleza de todo este baño de sangre y se centra en aspectos peculiares de cada uno de los homicidios, el fiscal del distrito le ordena desvincularse de la investigación.

Obsesionado con los indicios que no corroboran la versión oficial de los hechos, Gurney decide actuar por su cuenta. A pesar de la intensa oposición de la policía, así como de peligrosos fanáticos que acechan en las sombras, Gurney empieza a descubrir un asombroso entramado de engaños, entre ellos, lo que podría ser el plan de incriminación más diabólico jamás concebido.

La respuesta a esta tenaz investigación se vuelve cada vez más violenta a medida que Gurney se acerca a la verdad que se oculta tras los crímenes. Al final, cuando logra desenmascarar al monstruo que maneja los hilos, Gurney descubre que en White River nada es lo que parece.





Previo al encuentro que mantuvimos con John Verdon, la editorial, junto con el Dossier de Prensa, nos facilitó un decálogo en el que se recogen las razones por las que hay que leer a John Verdon. Sí o sí. Y yo, que me gusta un decálogo más que comer con los dedos, no pude evitar hacerlo mío:



Y es precisamente porque este cúmulo de motivos, en su totalidad, están más que demostrados, bien por datos constatados, bien porque hay un público Verdon que espera como agua de mayo cualquier novela suya. Precisamente por estas razones.

Así que como comprenderéis, no voy a centrarme en cifras de ventas, sino en aquello que puede aplicarse a esta novela aunque pueda encajar con las anteriores y que, curiosamente, tratamos en el encuentro literario citado anteriormente.


Uno de esos motivos, es el primero que salta a la vista nada más comenzar la novela: el hecho de que este nuevo de caso -como los que podemos encontrar en cualquiera de sus novelas anteriores- son motivo de reflexión sobre problemas sociales que no dejan indiferente a nadie. En Arderás en la tormenta será el del conflicto racial. De hecho, nada más comenzar a leer, nos encontramos ante una ciudad que se encuentra sumida prácticamente en estado de excepción: se suceden los disturbios, asaltos y algún que otro incencio, en particular en Grinton, uno de los barrios más desfavorecidos de White River, ciudad próxima a Walnut Crosing, localidad donde reside David Gurney.

La razón habría que buscarla en que un año antes murió un activista de la UDN (Unión de Defensa Negra) a manos de un agente en un control policial y ahora se están convocando manifestaciones de protesta. Estas demandas han desencadenado un efecto rebote en las filas de los supremacistas blancos que exigen, a su vez, la revocación de determinados privilegios otorgados a las minorías. Así que como comprenderéis, el lío es monumental. Solo que, como todos sabemos, si algo es suscepcible de empeorar, empeora, tanto en White River como en Pekín.


Así que la ocasión la pintan calva cuando un francotirador mata a un policía. ¿Quid pro quo? Pues aunque parezca mentira, todavía queda mucha leña que cortar. Pero es en ese momento cuando el fiscal de distrito del condado, Kline Sheridan, pide a Gurney que colabore con su departamento e investigue el homicidio de forma paralela. No obstante, el expolicía desconfía de él y el aliento que le lleva a aceptar el trato es la visita que le ha hecho la esposa del policía abatido, Kim Steele, que le suplica prácticamente que encuentre al asesino de su marido, con el apoyo tácito de Madeleine, su esposa. Eso sí, para ello, pondrá el sus condiciones:
 

 
E inmediatamente el fiscal le cita para una reunión a la que asistirán ambos, esa misma tarde, con el Comité de Crisis en la central de la policía de White River a la que asistirán:

- Dell Beckert: Jefe de policía de White River, con ambiciones políticas.
- Judd Turlock: Mano derecha del anterior, tiene un pasado más que sospechoso.
- Mark Torres: Agente de policía, en teoría es el jefe de Investigación. De origen sudamericano, admira a David Gurney desde que asistió a uno de sus seminarios.
- Dwayne Shucker: Alcalde de la ciudad.
- Goodson Cloutz: Sheriff y ciego. Dirige la cárcel del condado y sale reelegido todos los años.


Y las cosas se empiezan a torcer, porque Gurney comienza a dudar desde que se sienta en la silla hasta la resolución del caso, ya sea a la hora de establecer prioridades como en la distribución de los medios o en las directrices a dar a la prensa. Las cosas no le cuadran y sus reticencias son más que evidentes. Y eso que los sucesos no han hecho nada más que empezar y que a lo largo de los días se van a suceder los asesinatos, a cual más cruento, los saqueos y todo lo vivido hasta el momento, estando la ciudad a punto de convertirse en un polvorín a punto de estallar. Cuando empiezan a aparecen pruebas, se las cuestiona. Y tú, como lector, llegas incluso a sentir angustia mientras lees lo que se dirime en esos "Comités", porque algunas parecen concluyentes, pero ese sabueso retirado, aficionado a la arqueología como vemos en las primeras páginas del libro, sabe lo que se hace. Su minuciosidad, su observación y esa capacidad de análisis prodigiosa que le lleva a fijarse en el detalle antes de entender el todo, amparado por esa inercia innata a la soledad, a entretenerse solo mejor que en compañía de, tiene mucho que ver con las fases por las que hay que pasar al descubrir un yacimiento arqueológico.


No obstante, no está solo. Cuenta con el mejor de los apoyos posible: su esposa, Madeleine, que es la voz de su conciencia, quien le pone los pies en el suelo y le indica la vereda y Jack Hardwick, antiguo compañero y amigo de su etapa en la policía que aunque tiempo atrás fue apartado del cuerpo, no pudieron quitarle su instinto policial ni sus preciados contactos que ya los quisiera para sí el propio Gurney.

Y como en esta novela la verisimilitud es ley y absolutamente perceptible, no puede faltar algo a lo que estamos más que acostumbrados en estas latitudes, porque no es patrimonio únicamente de la América profunda: los medios de comunicación, sensacionalistas, manipuladores, pero con un poder excesivo.

Y es que, como decía al principio, en este relato no es el conflicto racial lo que Verdon quiere poner en la picota, sino algo mucho más taimado. El conflicto existe, obvio, pero solo es una de las capas del yacimiento que es la sociedad, el instrumento mediante el cual llegar a la idea sobre la que se basa la novela, una frase que aglutina todo: “No hay una calamidad social tan terrible que no haya nadie que no vaya a sacar un provecho”. Y solo de pensarlo, da pánico. Casi tanto como ese desenlace que deja para el arrastre a cualquiera. Porque otra cosa no, pero es impactante como pocos y hasta sus últimas consecuencias.




Arderás en la tormenta es un relato fascinante basado en una historia que roza la linde de lo posapocalíptico por los controvertidos sucesos de los que seremos testigos. Una novela adictiva, que devorarás. Narrada con una prosa fluída, sus diálogos son amenos y verosímiles y sus descripciones un lujo, casi cinematográficas.






miércoles, 1 de agosto de 2018

ASESINOS DE SERIES, de Roberto Sánchez


DATOS TÉCNICOS:

Título: Asesinos de Series
Autor: Roberto Sánchez Ruiz
Editorial: Roca Editorial
Colección: Thriller y suspense
ISBN: 978-84-17092-89-4
Páginas: 320
Presentación: Rústica con solapas

 




El 24 de mayo se publicó Asesinos de series y, cinco días después, las yincaneras madrileñas mantuvimos un encuentro con el autor. Fuimos con los deberes hechos, por lo que la charla resultó más gratificante si cabe, toda vez que que pudimos bucear en los pormenores de la novela con el autor sin miedo a destripar una historia que ya desde aquí os digo que me ha parecido subyugante. Pero antes que nada, os quiero presentar al artífice de esta historia que, si os cruzáis con ella, no os deberíais perder: 


Roberto Sánchez Ruiz (Barcelona, 1966). Periodista español vinculado a la cadena SER desde 1988. Entre 1994 y hasta 2012, creó y dirigió “Si amanece nos vamos” y después de cinco mil ediciones del programa ganó una Antena de Oro, un Premio Ondas y un Micrófono de Plata. Desde entonces trabaja junto a Carles Francino en el programa "Hoy por Hoy" y como subdirector del programa "La Ventana".

En sus comienzos profesionales pasó por Radio Cadena Española, de Radio Nacional de España, y la COPE (Sabadell). En 1993 fue nombrado delegado de Radio Valencia 2. A lo largo de su carrera ha trabajado con profesionales como Iñaki Gabilondo, Carlos Herrera, Andrés Caparrós, Julio César Iglesias, Gemma Nierga o Javier Sardá.

En televisión ha presentado los programas "Supercampeones", "6,25" y "En El Candelabro". Ha sido profesor de Realización y Producción radiofónica en la Escuela Aula Radio de Barcelona.




Asesinos de Series es el nombre del blog de tres jóvenes (Andrés, Marta y Rubén) que viven juntos en Madrid. Adictos a las series, sueñan con crear su gran éxito internacional: una serie de referencia como podría ser Lost. Andrés se gana la vida escribiendo textos para agencias de publicidad y prospectos de farmacia. Marta es maquilladora en culebrones. Rubén es taxista y, en las largas esperas en el aeropuerto o estaciones, devora todas las series posibles. Un día, reciben la llamada de una productora de televisión para entrevistarles. En realidad les recibe un subinspector de policía, Héctor Salaberri. El motivo: se están cometiendo unos asesinatos que tienen algo en común: están inspirados en series de televisión. La policía quiere que les ayuden a encontrar nuevas pistas que puedan aparecer en otros casos y, a la vez, ir dibujando el perfil del asesino. Ese mismo día, cuando acuden a la cita, deben dar un rodeo porque el tráfico del centro de la ciudad está imposible. Desde la sexta planta de un hotel ha saltado un hombre. No tiene ningún documento que lo identifique. Se registró la noche anterior con un nombre falso. Este caso se les encarga a los compañeros de Salaberri, el agente Benítez y la inspectora jefe, Isabel Velasco.





Un hombre se ha precipitado al vacío desde la habitación 623 del hotel Capital, situado en plena Gran Vía, a la altura de Callao. Se registró la noche anterior, con un pasaporte neerlandés, a nombre de Edwin Jong Blind, aunque pesquisas posteriores descubrirán que era falso y que la recepcionista del hotel nunca le hizo el chek in a ninguna persona de las características físicas de la víctima. Surgió, según los testigos, de la nada, como si le hubiesen lanzado adrede dada la extraña proyección que dibujó el cuerpo en el aire y lo único que alertó a los viandantes fue el clamoroso grito que lanzó al caer. Después se derrumbó sobre la calzada, en vez de sobre la acera, algo obvio también por esa extraña propulsión. El hombre, apodado Ned por los de la brigada a falta de más datos, era de etnia negra, aunque su piel estaba muy dañada por el sol. De constitución fuerte -medía 1.83 cm. de altura-, el rasgo físico que enseguida llamó la atención de los policías fueron sus enormes manos, como las de un boxeador. Y no precisamente "adecuada" para el tipo que aparentaba ser a juzgar por su vestimenta y calzado, de Armani, aunque sin un simple documento en los bolsillos que le identificara.

En paralelo, porque ocurre el mismo día con unas horas de diferencia, conocemos a los administradores del blog, "Asesinos de series": Andrés, Marta y Rubén, que además de ser amigos, comparten piso en Madrid. Acaban de llamarles de Giromedia, una productora de televisión -de las cuatro más a las que enviaron el boceto de lo que podría convertirse en una serie de televisión y en la que ellos serían los guionistas-, para hacerles una entrevista. Sin embargo, quien los recibe es Héctor Salaberri, subinspector de Policía.


Tras el primer estupor, Salaberri les explica el motivo por el que se encuentran allí, que no es otro que ponerles en antecedentes sobre una serie de asesinatos todavía no resueltos. El primero sería el de un indigente que murió como consecuencia de un incendio fortuito provocado por un camping gas en una cabaña situada en un bosquecillo aledaño a una urbanización de la zona norte de Madrid, pero que determinadas pistas llevaron a la policía a deducir que había muerto como el personaje de una serie de ficción islandesa: Atrapados, porque una vez rascaron en la superficie de los datos, el indigente no lo era tanto, sino que se trataba de un empresario, Raúl Pinedo Aduriz, que, como el personaje de la serie, también fue acusado de maltratador. Asimismo, otro caso abierto también parece estar inspirado en la archiconocida Homeland. Resulta que el teniente coronel Fidel Calixto Brey, un exmilitar que se encontraba en la reserva después de haber servido en Afganistán, apareció muerto con un tiro en la sien como si se hubiese suicidado, aunque desde el primer momento la policía tuvo claro que se había manipulado el escenario del crimen. Sin embargo, lo más singular de todo esto es que más allá de estos crímenes y de haber dado con el hilo conductor de ellos por parte de la policía, es que coincide prácticamente en todo con la historia que los blogueros han trasladado al papel, sin tiempo material como para que alguien se haya inspirado en su libreto para llevarlo a cabo. Las casualidades no existen y ellos lo tienen claro.


Y es así como el subinspector les propone convertirse en asesores de la policía, dados sus conocimientos sobre el tema y, de paso, convertirse él en su compañero de piso para, de ese modo, ofrecerles seguridad y protección. Eso sí, no tardó ni dos días en hacerles un perfil psicotécnico.


Comenzará entonces una aventura fascinante, donde los crímenes se irán sucediendo y estos rendirán un homenaje a las series que los inspiran.

Personajes:
 

Por un lado tenemos a los tres blogueros, que además de amigos, viven juntos en un piso compartido con vistas al Rastro, entre Lavapiés y la Puerta de Toledo:



Tienen repartidas sus aportaciones al blog: Rubén comenta Juego de tronos, las series histórias y en particular las de vikingos; Marta se ocupa de los thrillers, el misterio y el suspense y Andrés comenta exclusivamente las comedias.

- Andrés: Se gana la vida escribiendo textos para agencias de publicidad y prospectos de farmacia. Ingenioso y divertido a partes iguales, tiene la suficiente rapidez mental como para dejar a cualquier rival a la altura del betún en cualquier debate y sobre cualquier materia. Todo un artista de la pista dialéctica. Algo informal, quizás veleidoso, pero vamos, lo normal en cualquier genio creativo.


- Marta: Marta es maquilladora en culebrones, aunque su primera intención, cuando llegó a Madrid con su título bajo el brazo y sus ilusiones inmaculadas, fue la de dedicarse a la tanatopraxia, pero no hubo suerte y el hambre y la necesidad -o la suma de ambas cosas- le hicieron aceptar una oferta para trabajar en una productora de de series B situada en la Ciudad de la Imagen.


- Rubén: Es taxista y, en las largas esperas en el aeropuerto o estaciones de tren, devora todas las series posibles. Hace el turno de noche, aunque procura robarle horas al día hasta dar por terminada la jornada y así hacer algunas carreras más, como le enseñó en su día Pedro Crespo, un taxista ya retirado que ha sido capaz de involucrar en el sector a toda su familia. Conoció a Marta un año antes, precisamente porque la recogió bajo la lluvia una tarde tormentosa en que esta esperaba un taxi sin un paraguas que llevarse a la cabeza. Esta excusa y el que ella viese en su tablet la imagen congelada de una serie sirvieron de excusa para hablar durante toda la carrera. 


Aparte, estaría el elenco policial, en el que destacan el tándem formado por la inspectora jefe Isabel Velasco y el agente Ricardo Benítez. Una pareja peculiar que por si misma merece que este libro sea el inicio de una nueva serie. Son atípicos, tanto ellos como los métodos que utilizan para llevar a cabo cualquier investigación. A mi, en particular, Benítez ejerciendo de poli burundanga me ha robado el corazón. También descubriremos a Héctor Salaberri, subinspector de policía, un observador enfermizo y un coleccionista nato de manías obsesivas y fobias varias. Por no hablar de José Ignacio Donado, policía en Balística y todo un personaje. Fue pareja de Isabel Velasco desde su etapa de formación en la Academia de Policía. Está casado, aunque mantiene una relación paralela con una de las víctimas. También destaca Ernesto de la Calle, un especialista en delitos informáticos al que los acontecimientos le sobrevienen mientras está de gira promocional con su libro, La otra red.


Bien, contados los preliminares de la novela, quiero hacer una puntualización: Asesinos de series es un homenaje, puro y duro, a las series de TV y, como ellas, está narrada utilizando las mismas técnicas audiovisuales, para convertirla en una novela cinematográfica cien por cien. Para que os hagáis una idea, la acción nos sitúa en Madrid, en la primavera de 2017, -aunque esto no deduciremos más adelante, bien porque se mencionan en algunos diálogos determinados hechos que se dieron por entonces, bien porque alguien elucubra sobre determinadas noticias-. Pero no es ahí donde quería llegar, sino en la forma en la que está estructurada la novela y en los recursos usados. Se divide en ocho partes tituladas como las encontraríamos al buscar cualquier serie que desearíamos visionar; es decir, la primera parte sería TO1 X 01 y así sucesivamente. Cada una de estas partes se dividirían en capítulos y ahí es donde nos percatamos que lo que se nos narra son las distintas secuencias de cada episodio. Y el ritmo imprimido es el mismo, os puedo asegurar, que el que se utilizaría en cualquier thriller televisivo que conozcais. Eso quizás te deja un poco perplejo al principio, te descoloca, pero enseguida le coges el sentido y entonces ya no puedes dejar de leer. En este sentido, he flipado mucho con el uso que el autor ha hecho de la figura del narrador objetivo. Atendiendo precisamente a esa necesidad de utilizar técnicas audivisuales, esta elección es todo un acierto. No voy a negar que al principio cuesta reconocerlo, que su frialdad te incomoda por esa asepsia emocional que trasciende y sobre todo cuando estamos acostumbrados a los narradores omniscientes que lo saben todo y nos lo explican todo, ya sean acciones o sentimientos. Sin embargo, me quedo con la fórmula elegida y por el modo en que se escenifican los hechos para hacernos sentir testigos de excepción.Y todo esto te sorprende más, si cabe, si como nos dijo Roberto Sánchez en el encuentro que mantuvimos estas escenas las iba escribiendo aprovechando sus desplazamientos en el metro y otros en el Ave camino de Barcelona o de vuelta a Madrid. Escenas que luego enviaba a su mujer para que ella hiciese las correcciones pertinentes.


Con respecto a la trama me parece un ejercicio de intelecto sin parangón, porque ya no solo se trata de mantenerte en vilo desde la primera frase, ofreciendo una historia compleja, interesante y absolutamente atractiva, sino que el hecho de que haya conseguido encajar las escenas más brutales de las mejores series que se están produciendo hoy en día con una historia como la que se nos ofrece tiene una complicación bárbara.


Y, por si fuera poco, los temas que van surgiendo en la novela son la guinda del pastel. Lo mismo aparecen los malos tratos como la precarización del empleo o la vivienda y todos ellos son tratados con una delicadeza y una cordura impresionante.


Así que no me alargo más y os dejo mis 



 Creo que ya he explicado lo que me ha parecido Asesinos en serie. Si no he consiguido convenceros de que la historia merece mucho la pena, es mi culpa, porque no he podido explicar todo lo que para mí ha significado, todo lo que la he disfrutado. No obstante, solo me queda una petición que haceros: comprarla, leerla y dejaros llevar y luego, si no os sentís abrumados con ella y con ese final que te deja ojiplático, me lo decís, porque yo creo que no os vais a arrepentir.



viernes, 20 de julio de 2018

MUJERES ERRANTES, de Pilar Sánchez Vicente



DATOS TÉCNICOS:

 
Título: MUJERES ERRANTES
Autora: Pilar Sánchez Vicente
Editorial: Roca Editorial
ISBN: 978-84-17092-39-9
Páginas: 416
Presentación: Rústica con solapas





El pasado 26 de abril salió a la venta en librerías Mujeres errantes, la sexta novela de Pilar Sánchez Vicente. Sin embargo, no sería hasta el 3 de junio, coincidiendo con la Feria del Libro de Madrid, cuando una representación de #SoyYincanera asistimos a un encuentro con la escritora, organizado por Roca Editorial, y pudimos profundizar en una novela tan impresionante como impactante, por los motivos que fuimos apuntando poco tiempo después en la Lectura Simultánea que organizamos en Twitter y que intentaré resumir ahora.

 


Pilar Sánchez Vicente (Gijón, 1961) es documentalista y escritora. Licenciada en Geografía e Historia, trabaja como jefa del Servicio de Publicaciones, Archivos Administrativos y Documentación del Gobierno del Principado de Asturias. Es presidenta de la Asociación Profesional de Especialistas en Información (APEI). Fue guionista y presentadora de varios programas en TVE-Asturias y el canal Internacional de TVE.

Hasta la fecha ha publicado las siguientes obras:

- Breve Historia de Asturias (Ayalga, 1986).
- Comadres (2001).
- Gontrodo la hija de la luna (2005).
-  La Diosa contra Roma (2008).
- Operación Drácula (2010).
- Luciérnagas en la Memoria (2013).
- El fantásticu viaxe de Selene (2015), junto con Luz Pontón y Alba F.Starczewska. Se trata de un cómic en asturiano e inglés.
- Mujeres errantes (Roca Editorial, 2018)



Sin miedo. Sin rumbo. Sin freno.


Greta Meier, famosa escritora suiza afincada en Londres, retorna a su tierra natal en un último intento por detener la deriva de sus días. Sorprendida por la inesperada enfermedad de su progenitora, decide compensar sus prolongadas ausencias y aparcar los reiterados enfrentamientos, permaneciendo a su lado hasta el fatal desenlace.

Sin embargo, sus últimas palabras siembran una duda demoledora, dejando entrever en el último suspiro el gran secreto de la vida de Greta: ¿Quién era la mujer muerta, si no es su madre? Con la única compañía de sus cenizas, la autora emprende un viaje al pasado en busca de su propia identidad.

Siguiendo el único hilo disponible, localiza un punto en la costa norte de España y hacía allí se dirige. Pronto atisbará que la vieja rivalidad entre la Tiesa y la Chata, dos pescaderas ambulantes, esconde la clave de su origen, pero las preguntas se acumulan sin respuestas. Y el tiempo se acaba.

¿De quién es hija? ¿Ha sido robada a sus verdaderos padres? ¿Qué conexión tienen Cimavilla y Nicaragua? ¿Esconden el secreto esas cartas amarillentas, nunca contestadas? ¿Por qué le resulta tan familiar Gaspar García Laviana, el cura guerrillero cuyos poemas le atraviesan las entrañas?.

Dejando atrás las turbulencias del pasado, Greta se adentra en un mundo olvidado buscando pistas sobre su origen: ¿dónde están sus verdaderos padres?¿quién es ella, en realidad?

¿Qué hacer cuando los fantasmas del pasado cobran vida?.




Una escritora autodestructiva, una pescadera ambulante y una emigrante sin escrúpulos. Tres mujeres unidas por un hilo común: la huida hacia delante. 

Con tan solo dos frases Roca Editorial nos adelanta lo que vamos a descubrir en Mujeres errantes. Dos frases y tres mujeres. Ahí es nada. Greta, Julia y Eloína, dos de ellas calificadas con el epíteto que mejor las define, la otra por su profesión. Y con un rasco común a todas ellas: esa huída hacia delante, casi desde la cuna, porque las circunstancias de su nacimiento las llevaron a protagonizar un futuro incierto. Pero no será ese rasgo el único que compartan, porque las tres están unidas por un lazo invisible, similar al de la leyenda japonesa que nos habla del hilo rojo del destino que pone en contacto a aquellos que están abocados a cruzarse en la vida más allá del tiempo, del lugar y de las circunstancias.
Pero no quiero adelantar nada por ahora, primero quiero poneros en antecedentes de lo que para mí ha sido una novela impresionante en su sencillez porque utiliza una prosa meticulosa, un estilo impecable y una gran riqueza de vocabulario, donde el humor o el misterio están dosificados en su punto preciso, porque rezuma arte en cada uno de sus capítulos:

Han pasado varios años desde que Greta abandonara el hogar familiar para instalarse en Londres y convertirse en una escritora de éxito. Nunca tuvo una vida fácil a nivel afectivo, porque los enfrentamientos con su madre fueron constantes desde la adolescencia y más desde que se casó con Paul y descubrió que quien se hacía pasar por primo lejano era realmente su padre. ¿O quizás empezaron mucho antes?. Sin embargo, cuando decide volver a Zermatt, lo hace con la intención de saldar una vieja deuda y, de ese modo, enterrar aquella  rivalidad que la llevó a alejarse de la única persona que siempre veló por ella, en todos los sentidos. Sin embargo, lo que no se espera a su vuelta es encontrársela postrada en una cama de hospital y con pocas posibilidades de salir airosa de allí. Eloína Fernández agoniza lentamente, aunque feliz, en cierto modo, porque por fin ha conseguido reencontrarse con Greta cuando menos lo esperaba. Y los días se suceden mientras madre e hija retoman la antigua complicidad, pero el cáncer es pertinaz y decide poner un final a una historia que no acaba más que comenzar para nosotros.


Efectivamente, momentos antes de exhalar su último suspiro, Eloína confiesa a Greta que no es su madre. Y se marcha de este mundo satisfecha, pensando que este último acto obedece a un mandato divino y que así conseguirá el perdón largamente anhelado.  Y como tal decisión no ha sido meditada, ni siquiera repara en el daño que puede ocasionar, dejando a su hasta ahora hija hundida en la miseria, sin capacidad de reacción hasta pasados unos días, en que decide poner su mundo (o el que había heredado) patas arriba, hacer inventario, poner la tienda que durante años había administrado su madre en venta, así como la vivienda y marcharse de nuevo en busca de sus orígenes. Y de su identidad. Porque si algo es Mujeres errantes, es una historia de mujeres que vagan de un lugar a otro, que nunca encuentran acomodo en ningún sitio porque persiguen encontrar su esencia, algo intrínseco a lo que agarrarse para poder sobrevivir.

Y con estos mimbres arranca una novela fascinante como pocas y nos encontramos a Greta conduciendo, camino de Gijón, y como compañera de viaje la urna en la que reposan las cenizas de Eloína. 


LOS PERSONAJES:
Mujeres errantes es un libro de personajes potentes que se enfrentan a situaciones personales complicadas y secretos que han de resolver. Sus relatos son estremecedores y su búsqueda de la propia identidad nos invita a descubrir que cada decisión tomada es un riesgo más en su trayectoria vital. Con estas tres mujeres descubriremos que sus vidas no fueron ni un paseo militar ni un camino de rosas, sino todo lo contrario, en cada decisión tomada hubo dolor, porque su vida estuvo cuajada de humillaciones, imposiciones y, en ocasiones, hasta una violencia difícil de soportar:

- Eloína: Su infancia estuvo marcada por la miseria y por ello, cuando se le presenta la ocasión de emigrar a Suiza junto con su madre y una amiga de ambas, no pierde la ocasión de buscar ese Dorado que su tierra le negó. A los pocos meses de llegar a la tierra prometida conoce a Paul, se queda embarazada y tiene una niña a la que dará esa educación que a ella le faltó. No reparará en esfuerzos para conseguirlo y encontrará en Zermatt el lugar en el que hacer posible aquello que soñó.

- Julia la Chata: Amiga de Eloína y de su madre, viajó con ellas a Suiza en 1963. Trabajaron las tres en la fábrica de Nestlé hasta que tuvo que volver de nuevo a Gijón por motivos familiares. En el camino perdió una hija que a lo largo de los años ha seguido recordando con nostalgia. La Chata es ese tipo de personajes capaces de reunir todos los matices que un lector desea encontrarse en cada novela porque empatizas con ella desde el primer momento y sufres su ausencia cuando finalizas la novela y piensas que ya no estará en tu vida. Trabajadora tenaz desde niña, siempre supo ganarse las habichuelas, bien como pescadera ambulante o regentando un trigre y sirviendo culines de sidra a los parroquianos. Eso no mermó su personalidad, ni siquiera los malos tratos recibidos durante años por parte de su marido, un ser despreciable que nunca supo ver su potencial, ni sus bondades, escondidas tras una pátina de descaro y fortaleza. Aún siendo una nonagenaria en la actualidad, sigue siendo deslenguada, pero sobre todo, divertida y la única persona capaz de conseguir que Greta se acepte y se redima.

- Greta: Es el nexo de unión entre Eloína y La Chata. Desde su infancia su carácter denotó una fuerte personalidad, aunque durante ese período fue feliz viviendo con su madre en Zermatt. A raíz de enterarse que Paul, al que consideraba un tío, es su padre y de la boda de ambos progenitores, Greta comienza una espiral de rebeldía que llevan a la familia a plantearse aceptar las propuestas de la joven, que pasan por irse a estudiar a Inglaterra, después de dejar un elitista internado suizo en el que sufre bulling. Su destino es Inglaterra, donde pretende dedicarse a la literatura. Y, aunque consigue el éxito en ese campo, también se cruza en su camino Hansel, un profesor de universidad del que se enamora y con el que inicia una relación basada en el sexo, las drogas y los excesos, hasta el punto de acabar recluída en una clínica psiquiátrica para superar sus adicciones. Cuando a los cincuenta y dos años descubre que su madre no lo es, su vida sufre un vuelco y en su necesidad de descubrir sus orígenes, emprende un viaje físico y personal hacia Cimadevilla, en Gijón, donde conocerá a la Chata, la única mujer viva que puede darle explicaciones sobre su madre y su ascendencia.

Presentadas las protagonistas a grosso modo, quizás os extrañe ahora por qué os digo que Mujeres errantes es una de las novelas más adictivas que he leído a lo largo de este año, ¿verdad? Pues la razón es muy sencilla. Puede que "la culpa" sea de los personajes, sí, que no son solo estas tres mujeres, sino todo un elenco a cual más atractivo, pero también son sus historias, sus vivencias y un largo etcétera de sensaciones que vais a ir descubriendo.Sin embargo, yo me quedaría por los temas que aborda, porque imposible que se den tantos, con tantísima enjundia y tratados con una exquisita delicadeza. Citaré los más obvios, para no eternizarme ni aburriros:

Por el título, está claro que esta novela abunda en el terreno de la emigración y en particular la femenina:


En el caso de Greta, esta emigración también lleva aparejada la búsqueda de la identidad para poder seguir levantándose cada mañana, en todos los sentidos.

Otros temas serían los malos tratos, que da igual en qué época nos encontramos, parece ser que nunca pasa de moda la maldita lacra. Y es que nos han querido vender que se debían a que la sociedad de hace décadas estaba menos evolucionada, que todo era el producto de esa incultura que aquejaba a nuestra sociedad desde tiempos inmemoriales. Por ello, lo que ocurría cuando la Chata era joven y se casó con un hombre que acumulaba en su mochila toda la perversidad del mundo, era la moneda de cambio más habitual. Sin embargo, también se da en el Londres más cosmopolita e intelectual, entre gente que debería estar a años luz de según qué conductas. Claro que en el caso de Greta, tiene otra connotación añadida: la adicción sin medida a drogas y alcohol, que tanto ella como su pareja exhiben y que casi les lleva a rozar la muerte. 

¿Os parecen pocos ingredientes para una novela? Pues hay más y seréis vosotros quienes tengáis que descubrirlos. Os merecerá la pena.


LOS ESCENARIOS:
 
Hay novelas donde los escenarios se convierten en un personaje más, lugares con alma que tienen vida propia. En Mujeres Errantes se da esta circunstancia y, lo que es más curioso, en distintos enclaves y en distintos planos temporales. Porque es quizás, en virtud a estos escenarios, como descubrimos el modo en que esta narrada esta historia. Será Greta la encargada de situarnos y contárnosla desde su punto de vista; por un lado, será a través de su testimonio como conoceremos a Eloína, quien en 1963 emigró a Suiza junto con su madre y Julia, apodada La Chata. Poco tiempo después nacería ella. Siendo prácticamente una adolescente, con lo que ello conlleva, se fue a vivir a Londres y entrada en los cincuenta, buscando su identidad, viaja hasta Gijón, concretamente a Cimadevilla y a través de los encuentros que mantiene con La Chata, descubrimos la idiosincrasia de este barrio, de sus gentes y su historia, ya que el relato aborda desde los años veinte del siglo pasado hasta la actualidad:

Por un lado tenemos Zermatt, esa pequeña localidad suiza libre de vehículos a motor ubicada a los pies del Matterhorn donde se instaló Eloína para empezar una nueva vida y que hizo sus delicias, porque la sintió como su propio paraíso, el lugar perfecto donde prácticamente se pudo mimetizar con el lujo y el refinamiento que transitaba por sus calles, ya que es una de esas estaciones de esquí de primer nivel, a la que acuden millonarios de todo el mundo buscando en sus paisajes y en el monte Cervino emociones y percepciones imborrables. Lo que siempre había deseado para sí misma. Todo lo contrario a lo que sentiría años después Greta por este mismo enclave, una opresión y un no sentirse de allí que arrastraría durante toda su vida y que la llevaría a convertirse en una mujer errante en busca de su lugar en el mundo.


En contraposición a tanta ostentación estaría Cimadevilla, el barrio de pescadores, pobres de solemnidad, de Gijon que en 1975 fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico. Asentado al borde del Cantábrico disfrutaremos de él a través de los ojos de La Chata. Fue este lugar, precisamente, el punto de partida de las tres mujeres que un día emigraron a Suiza, buscando el sustento que su tierra les negaba. Y lo conoceremos en profundidad; vagaremos por sus calles y callejas, de la calle de la Soledad, donde se alza la capilla de la Virgen preferida por la pescadera ambulante y sede de la Cofradía de Pescadores a la Plaza de la Corrada, sin olvidarnos del puerto o de la rula, combinando la piedra y la madera para entender que es un lugar de contrastes que te cala como pocos. Y, por supuesto, la mar, porque este barrio es un istmo natural, prácticamente una península en miniatura unida solo por uno de sus lados a la ciudad. Rodeado de agua por una mar llena de posibilidades a la que hay que respetar.

También conoceremos a sus gentes, a esas pescaderas ambulantes que como Julia gritaban por las calles la mercancía que llevaban o las artimañas que usaban tanto niños como niñas para ganar una perra gorda; sus costumbres, las penalidades por las que pasaron, como cuando se nos relata como morían de tifus como si fuera lo más natural del mundo. En fin, una realidad complicada de olvidar que, aunque común a muchos otros lugares en aquella época, narrada desde la perspectiva de la Chata suena fresco, suena diferente, porque parece que lleve la verdad como bandera y el modo en que evoca el pasado es conmovedor.


Mujeres errantes también nos llevará a Berlín, aunque serán unos breves escarceos en los que pasearemos por cafés, salas de arte, centros contraculturales, asistiendo a una actividad política incesante. Eran los tiempos previos a la caída del muro, cuando los grafitis alcanzaron su mayoría de edad por lo que eran capaces de transmitir. Después Greta viajará a Londres, donde pasará algunos años, -fue su refugio cuando su madre se casa con Paul, un hombre al que Greta creía un tío lejano pero que tras la confirmación de que era su padre, la confrontación con ambos llega a convertirse en insostenible- de esta ciudad como escenario hay menos descripciones si la comparamos con otros enclaves, ya que los derroteros que toma su vida van por otro camino, aunque Pilar Sánchez, fiel a su estilo, nos acercará la ciudad para que la conozcamos en todos los sentidos. Pasearemos con Greta por esas calles llenas de actividad y monumentos emblemáticos durante el día y esos parques en los que encontraba la paz que ansiaba, en donde se daban cita gentes de todas las razas del mundo y de un colorido impresionante. Es allí donde se convertirá en escritoria de éxito, pero el camino no solo para alcanzarlo, sino para mantenerlo, es bastante farragoso. Será en Londres donde conozca a Hänsel, un alemán de Munich que se instaló en la ciudad siendo un adolescente para convertirse en profesor de universidad. También forma parte de una tertulia literaria denominada Los Cinco Magníficos que una vez al mes se reunía para llevar a cabo unas Justas Literarias que causaban furor en la comunidad estudiantil. Culto, inteligente y atractivo, se enamorará de él hasta las trancas, para mantener una relación tortuosa y destructiva, trufada por las drogas hasta su mayor expresión, porque el profesor tiene una cara oculta que mejor hubiese sido no conocerla.

Sin embargo, hay otro lugar de excepción que hará nuestras delicias y que abre una nueva trama dentro de la novela ¡como si no hubiese suficientes! y a la altura de las otras, o puede que incluso más impactante, más conmovedora. La autora nos trasladará a la isla de Ometepe, en Nicaragua, en la época de Somoza y la guerrilla sandinista de la mano de Guillermo Expósito, el antiguo párroco de Cimadevilla y amigo desde la infancia de La Chata. Cuando el cura decide marcharse a las misiones, allá por los años sesenta, porque siente la necesidad de ayudar a los más necesitados, acaba involucrado en la guerrilla por su amistad con Gaspar Garcia Laviana, el cura guerrillero que murió en el intento de luchar contra las injusticias. Vivió allí durante más de medio siglo, hasta que el alzheimer se ceba con él y su Orden lo trae de regreso a Gijón. Durante todos esos años enviaba una carta por año a La Chata, coincidiendo con las navidades, y esta, que no sabía leer, se las pasó a Greta, que las va volcando en capítulos alternos en la novela y son absolutamente emotivas y dolorosas, porque retratan escenas que te ponen la piel de gallina cuando no te generan alguna que otra náusea por lo que de real se vuelca entre líneas. En ellas, entre otros detalles, nos habla de la vida en aquel territorio, pero entiendo que deberíais acercaros al libro para disfrutarlas como hemos hecho quienes hemos participado en esta Lectura Simultánea.





Mujeres errantes es una novela que toca todos los palos, temas universales como el perdón, la ambición o la amistad se mezclan con la emigración, los malos tratos o las adicciones con indudable destreza, gracias a unos personajes indelebles con los que empatizarás desde el primer momento o hacia los que sentirás una animadversión infinita. Da igual, son tantos los matices que aglutinan cada uno de ellos que, sea del modo que sea, te sorprenderán tanto ellos como sus historias. Historias que se han ido tejiendo con habilidad, cada una por separado pero que cuando llegan a converger te maravilla el fondo y la forma en que se han expuesto, porque la novela está narrada con una naturalidad exquisita y un vocabulario acendrado cuando es preciso y  vulgar si la ocasión lo requiere, -que son las menos de las veces y siempre contextualizando, de modo que resulta espontáneo y llano-, por lo que cuando terminas la novela sientes que esa oleada de sensaciones que has ido reprimiendo a lo largo de la lectura llega a explosionar en tu conciencia para sorprenderte todavía más ante la maravilla de historia que has vivido y solo desearás no haber acabado nunca y que la lectura hubiese sido eterna. Además, aprenderás a embotellar sensaciones, sentimientos o viviendas para que tu viaje existencial sea más llevadero.
¡Imprescindible!

miércoles, 4 de julio de 2018

DONDE FUIMOS INVENCIBLES, de María Oruña





DATOS TÉCNICOS:

Título: DONDE FUIMOS INVENCIBLES
Autora: María Oruña
Editorial: Destino
Colección: Áncora & Delfin
ISBN: 978-84-233-5366-8
Páginas: 416
Presentación: Rústica con solapas



Ha pasado más de un año desde que dejamos a la teniente Valentina Redondo tras la resolución de un caso que puso en vilo a una de las zonas cántabras más conocidas a nivel internacional, porque hubo a quien le dió por asesinar arqueólogos como si no hubiese mañana. Y justo ahora, cuando la temporada estival empieza a declinar, Suances se despierta con un nuevo misterio por resolver. Y si solo fuera eso, un simple misterio, no sería para tanto, pero alguien se está cobrando la vida de alguien -que diría Gila- y aunque todo apunta a que sí, no lleva una sábana encima.

Lo estoy liando mucho, ¿verdad?. Perdonadme, creo que debería empezar por contaros de qué va esta novela, que ya anticipo que me ha gustado mucho más que la anterior y quizás, si me esmero un poco, todo parezca más sencillo.




María Oruña (Vigo, 1976), gallega de padre cántabro, desde pequeña visita con frecuencia Cantabria. Allí ha ambientado Donde fuimos invencibles, así como sus anteriores novelas Un lugar a donde ir (Destino, 2017) y Puerto escondido (Destino, 2015), un exitoso debut en el género negro que ha sido traducido al alemán, el francés y el catalán. En las tres novelas los protagonistas son los paisajes cántabros y el equipo de la teniente Valentina Redondo, que se ha ganado el cariño de miles de lectores. 

María Oruña es abogada y actualmente compagina esta profesión con la escritura.




El verano está terminando y la teniente Valentina Redondo está contando los días para empezar sus vacaciones. Pero algo insólito sucede en un viejo caserón situado en pleno centro neurálgico de Suances: el jardinero del antiguo Palacio del Amo ha aparecido muerto en el césped de esa enigmática propiedad.

El palacio es una de las casonas con más historia de los alrededores, y después de permanecer mucho tiempo deshabitada, el actual dueño y reciente heredero de la misma, Carlos Green, que además es un escritor americano, ha decidido instalarse temporalmente en el lugar donde vivió los mejores veranos de su juventud. Pero la paz que buscaba se verá truncada por el terrible suceso, y aunque todo apunta a una muerte por causas naturales, parece que alguien ha tocado el cadáver, y Carlos confiesa que en los últimos días ha percibido presencias inexplicables a la razón.

A pesar de que Valentina es absolutamente escéptica en torno a lo paranormal, tanto ella como su equipo, e incluso su pareja, Oliver, se verán envueltos en una sucesión de hechos insólitos que les llevarán a investigar lo sucedido de la forma más extravagante y anómala, descubriendo que algunos lugares guardan un sorprendente aliento atemporal y secreto y que todos los personajes tienen algo que contar y ocultar.   



Tengo todavía en la estantería y sin leer Puerto escondido, la primera novela de María Oruña, la que la llevó a convertirse en una estrella literaria en base al número de ventas alcanzado. Y me da un cierto pudor venir a hablar de la tercera de esta serie. No obstante, he de decir que mi "conciencia lectora" está más o menos tranquila toda vez que hace algo más de un año leí la segunda, Un lugar a donde ir, y aunque para mi no fue una novela redonda, dado que algunos aspectos no acabaron de convencerme, me gustó mucho conocer a la teniente Valentina Redondo y su equipo, compuesto por el subteniente Santiago Sabadelle, el sargento Jacobo Riveiro y el cabo Roberto Camargo, sin olvidar a su amiga, la forense Clara Múgica y, lógicamente, a Oliver Gordon, su pareja, que cada vez se hace más imprescindible en este entorno. Por ello, cuando me enteré de la inminente publicación de Donde fuimos invencibles, sentí la misma curiosidad que en las dos ocasiones anteriores. Y para caldear el gusanillo, el título no solo apuntaba maneras, sino que conociendo que la autora los elige a conciencia, porque todos tienen un sentido alusivo y sugerente, me pareció de lo más tentador.


Como os decía, Donde fuimos invencibles es la tercera entrega de una serie que nació con Puerto escondido, allá por 2015. Tiene una protagonista indiscutible: Valentina Redondo, oficial de la Guardia Civil a cargo de la Unidad Orgánica de Policía de Investigación Judicial de Cantabria, con sede en Santander (UOPJ). Una mujer de fuerte personalidad, aunque no exenta de sensibilidad, entrada en la treintena, maniática del orden y con una necesidad innata por controlar tanto su entorno como las circunstancias que la rodean. Si embargo, lo que más la caracteriza es un rasgo físico: tiene los ojos de distinto color, uno verde y otro castaño. Junto a ella trabaja un equipo humano al que también vamos conociendo más y más en cada novela y con el que será fácil familiarizarse. De hecho, son personajes compactos, que se van construyendo a fuego lento: el subteniente Santiago Sabadelle, mi preferido, un bocazas de manual, lenguaraz, que tiene la facultad de contar lo que no debe en el sitio menos oportuno; el sargente Jacobo Riveiro, mano derecha de Valentina, es el típico compañero diligente y trabajador al que confiarías la tarea más engorrosa, porque la realizaría sin despeinarse y el cabo Roberto Camargo, que a pesar de su juventud, no anda exento de carácter. Son un trío peculiar, cada uno con una identidad genuina que seguro que os gustarán en caso de no conocerlos y, si ya lo habéis hecho, seguro que me dais la razón.

Aparte estarían la forense, Clara Múgica, que además es amiga de Redondo y la pareja de la picoleta, Oliver Gordon, un personaje que crece a un ritmo abrumador y que si fuese un regalo, me lo pediría para Reyes, sin necesidad de guardar el ticket de compra porque no lo devolvería jamás.

Y mira que no suelen gustarme las novelas que mezclan lo rosa con lo negro; de hecho, las evito, porque siempre he pensado que son colores que combinan mal en literatura, pero Oliver Gordon, durante la lectura, me provocaba, continuamente, una dicotomía muy particular, ya que por un lado me fascinaba en lo personal y hacía que me parase en la lectura y reflexionara sobre distintos aspectos, en particular sobre ese amor incondicional que siente por Valentina y, por otro, tanto amor me obligaba a controlarme los niveles de azúcar en sangre. Aunque bueno, si he de ser sincera, casi que he disfrutado más con Carlos Green, un personaje que me ha parecido todo un acierto, por el bagaje que arrastra tras de sí. 


Claro que quizás os esté confundiendo porque me estoy yendo por las ramas, dado que, a simple vista, parece que lo que estoy contando poco o nada tiene que ver con la clásica novela policíaca y más bien parece que hablo de una historia romántica. Y nada que ver, ya que esta novela es la muestra palpable del cambio que se está operando en la narrativa actual, donde la pureza de los géneros parece haber pasado a mejor vida. Para que os hagáis una idea, la obra tiene una estructura triangular en cuanto a trama; es decir, en primer lugar, tenemos a Valentina Redondo que vive su particular romance con Oliver Gordon mientras atiende sus obligaciones. Se ha trasladado a Suances y vive con él. De ese modo y poco a poco, a través de Oliver y sus reflexiones, vamos conociendo como avanza la relación. En segundo lugar, tenemos a Carlos Green, un escritor de origen norteamericano que se ha instalado en la residencia familiar para avanzar en el borrador de su novela, El ladrón de olas, en el que nos hace un relato autobiográfico de su vida y en particular de sus años de juventud en Suances, aunque también nos habla de otras épocas y, gracias a esos momentos, conoceremos a sus antepasados. En tercer lugar, asistiremos a las ponencias que sobre fenómenos paranormales está impartiendo el profesor Álvaro Machín en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y donde también conoceremos a su alumno más aventajado, Christian Valle, experto en fenómenos paranormales. Ambos representan la ambivalencia en torno a este tema que, por otro lado, estará presente desde las primeras páginas de la novela hasta su conclusión.

Y ahora sí, ahora voy a intentar poneros en situación: 

Una vez más nos encontramos en Suances, la bella localidad cántabra a la que hace unos meses se ha trasladado la teniente Redondo para instalarse junto con su novio, Oliver Gordon, en la cabaña adjunta a Villa Marina, la mansión colonial propiedad del inglés que se halla ubicada a los pies de la playa de la Concha, abandonando su apartamento frente a la playa del Camello junto con su soltería. Agosto agoniza y la picoleta cuenta los días para tomarse sus ansiadas vacaciones.


Sin embargo, sus planes penden de un hilo, porque la parca parece haberse empadronado en la tranquila localidad norteña. Resulta que, momentos antes de salir como cada mañana camino de la Comandancia de Peñacastillo en Santander, su superior directo, el capitán Marcos Caruso, la llama por teléfono para que se interese por el fallecimiento del jardinero de la Quinta del Amo, Leo Díaz Pombo, a quien la asistenta ha encontrado muerto en el jardín de la finca. Aparentemente, se trata de una muerte natural, provocada por un infarto de miocardio, ya que el hombre, bastante mayor, sufría desde hacer tiempo problemas coronarios y el capitán, alertado por ciertos detalles que la forense ha encontrado en el cadáver, prefiere que la teniente se cerciore in situ y compruebe que todo es normal.


Es por ello que a Valentina no le queda otro remedio que   hablar de lo sucedido con el propietario del caserón, Carlos Green, un escritor americano que acaba de instalarse allí para terminar un libro donde rememora sus veranos de juventud en Suanzes y, una vez concluído, vender la casa. En dicha conversación Green manifiesta un presentimiento que le corroe, o más bien la certidumbre de que en la vivienda se suceden determinados fenómenos paranormales, -lo cual será corroborado más tarde por algún vecino- y ella, a pesar de sus recelos previos, decide investigar.

En paralelo, Álvaro Machín, profesor titular durante más de dos décadas de Psicología Cognitiva, Social y Organizacional en la Universidad de la Laguna y colaborador en la Facultad de Psicología de Edimburgo, se encuentra impartiendo un seminario en los tradicionales cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en el Palacio de la Magdalena de Santander. Su ponencia se basa en los estudios neurocognitivos aplicados a aquellos pacientes que atestiguan haber tenido experiencias paranormales y los procesos  mentales desarrollados como consecuencia de las mismas. Obviamente es un escéptico, en evidente confrontación con uno de los alumnos que asisten al curso, Christian Valle, apodado el Cazamantasmas por sus conocidos, quien en un momento determinado será contratado junto con su equipo por Carlos Green para que investigue los fenómenos que están aconteciendo en la Quinta del Almo.


Y con estas premisas, en principio, parece que habemus caso, solo que María Oruña prefiere decantarse por el género del misterio en vez del policíaco y más allá de poner a la teniente Redondo a investigar la muerte que da origen al mismo, que también, se centra más en resolver las apariciones fantasmales. Todo ello aderezado con continuas referencias a otros escritores del género, como Agatha Christie o Henry James o películas de misterio como, por ejemplo, Bitelchús o Rebeca.


Como habéis podido comprobar, los mimbres de la novela invitan a devorarla y no solo porque apetezca, y mucho, ver cómo se defiende Oruña con el misterio, sino porque a su indudable capacidad para sorprendernos con unas tramas más que atractivas, se une su ya consabida habilidad para bucear en las procelosas aguas de la documentación y de esa manera encaminarnos al terreno de lo paranormal del modo más sencillo posible para el lector y ofrecernos dos perspectivas distintas. Si a eso le añadimos un fascinante viaje en el tiempo, mediante el cual la autora nos invita a  trasladarnos y atrapar ese instante que todavía guardamos en algún rincón de la memoria, donde la juventud nos convirtió, por un tiempo, en invencibles, ¿qué más queremos? Pues bien, quiero añadir que María Oruña lo consigue. Vaya si lo consigue. Y nos sentimos de nuevo pletóricos, apasionados, impetuosos y, sobre todo, felices.

Y, por si fuera poco, también nos induce a conocer pequeños retazos de una historia tan real como seductora, que va más allá de lo habitual. No sé si es porque después de más de una década veraneando entre Galicia y Asturias siento una especial predilección por las historias de indianos -en este caso, californios- o porque ya de por sí todas ellas tienen una cierta pátina de romanticismo, el caso es que Oruña convierte en personaje de esta novela a un descendiente de Jaime del Amo -conocido en su tiempo como el español más rico del mundo-, aunque norteamericano de nacimiento, que heredó de su padre el amor por la tierra y eligió Suances primero para vivir y después como última morada y al que su carácter filantrópico le llevó a participar en numerosas causas benéficas. Por ello, será Carlos Green quien haga de soporte para darnos a conocer a su antepasado y a su esposa, una actriz de Hollyvood que dejó su carrera por amor.


Para ir terminando, os diré que es este arsenal de historias, construídas en varios planos temporales y urdidas con envidiable acierto, uno de los puntales de la novela, porque saca a pasear lo mejor de la autora por el modo en que es capaz de fusionar cada una de ellas y hacerlas coincidir tanto en el tiempo como en el espacio.


 

Para resumir, más que explicar el por qué recomiendo esta novela, os hago una pregunta: ¿Renunciaríais a una historia que entre sus ingredientes contase con algunas muertes sospechosas en un vetusto palacete victoriano, habitado por un solitario escritor que sospecha que algún fantasma ha invadido su intimidad y todo ello en un entorno espectacular? A mi, en particular y solo por ello, me causó curiosidad. Si además te digo que la trama se compone de otros mimbres, todos ellos interesantes, imagino que, aunque solo sea un poquito, habré picado la vuestra, ¿no?. Pues os digo una cosa: Si es así, ya estáis tardando para haceros con un ejemplar de Donde fuimos invencibles, porque no os arrepentiréis.